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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Aftas bucales: cuatro señales para dejar de mirar la llaga y llamar al odontólogo

Aproximadamente una de cada cuatro personas tendrá una afta en algún momento de su vida. En la mayoría de los casos se resuelve sola, pero hay cuatro situaciones concretas que justifican una consulta profesional sin demoras.

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Emanuel CastilloEducación y universidad · · 2 min de lectura
Aftas bucales: cuatro señales para dejar de mirar la llaga y llamar al odontólogo

Emanuel Castillo, sección Educación y universidad. Cerca del 25 por ciento de la población mundial desarrolla aftas —esas heridas dolorosas que aparecen en la cara interna de los labios, las mejillas o la lengua— a lo largo de su vida. Son lesiones benignas, de origen no infeccioso, que no se contagian por contacto y que suelen desaparecer solas en una o dos semanas sin necesidad de tratamiento. La consulta con un odontólogo o con un médico, sin embargo, deja de ser opcional cuando se cruzan ciertos umbrales que vale la pena aprender a reconocer.

¿Por qué aparecen y por qué a veces cuesta sacarlas?

La clínica Mayo describe un abanico habitual de detonantes: una mordedura accidental al comer, un cepillado demasiado enérgico, el roce de un aparato de ortodoncia o de una prótesis mal ajustada, o el borde filoso de una pieza dental. A esa lista se suman los alimentos ácidos, picantes o salados, que irritan la zona y prolongan las molestias. Corregir el factor mecánico —pedir un ajuste de la ortodoncia, suavizar el cepillado, limar un filo— es, según la misma institución, la medida más eficaz para evitar que la lesión se repita.

¿Cuándo la afta deja de ser un trámite casero y pasa a ser una consulta médica?

El Instituto Nacional de Investigación Dental y Craneofacial de Estados Unidos coincide con la Mayo Clinic en cuatro criterios que justifican pedir turno sin esperar. Primero, cuando la llaga supera las dos semanas sin cicatrizar. Segundo, cuando reaparece de manera repetida. Tercero, cuando la lesión es inusualmente grande. Cuarto, cuando aparece una nueva antes de que haya terminado de cerrar la anterior. A esa lista se suman tres motivos adicionales: un dolor que no se controla con geles de venta libre o enjuagues antisépticos, la imposibilidad de comer o de beber, y la aparición de fiebre acompañada.

¿Y si se repite siempre? No todo es mala suerte

Las aftas recurrentes pueden estar vinculadas a niveles bajos de hierro, zinc, ácido fólico o vitamina B12, de acuerdo con la clínica Mayo. La asociación no implica que cualquier persona con llagas frecuentes tenga una carencia ni que corresponda automedicarse con suplementos: la decisión de pedir un análisis de sangre corresponde al profesional, que evaluará la historia clínica y los síntomas antes de indicar un estudio. Una revisión publicada en el repositorio científico PMC añade un paso previo clave: antes de etiquetar las lesiones como aftas recurrentes, hay que descartar otras causas posibles, lo que vuelve indispensable una evaluación que incluya los síntomas que aparecen tanto dentro como fuera de la boca.

Una llaga ocasional no debería generar alarma, pero sí debería quedar claro cuándo deja de ser una molestia pasajera. Lo que falta, en buena parte del sistema de salud argentino, es acceso rápido a una consulta odontológica de baja complejidad para que estas cuatro señales —y las tres que se les suman— se conviertan en un turno a tiempo y no en una complicación evitable.

EC
Emanuel CastilloEducación y universidad

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