Amazon ya tiene más de un millón de robots en sus depósitos y, según el Senado de Estados Unidos, allí se accidentan más los trabajadores
La empresa más robotizada del planeta duplica su flota de brazos mecánicos mientras sus propios registros internos muestran que los centros automatizados registran un 28 por ciento más de accidentes que los que no lo están. El Congreso estadounidense, investigadores académicos y sindicatos coinciden en que el vínculo entre automatización y condiciones laborales merece una mirada más cruda.

Con más de 1,5 millones de empleados y un parque de robots que acaba de superar el millón de unidades, Amazon es, por lejos, la empresa más robotizada del mundo. La compañía no solo no reemplazó a su personal humano con máquinas: lo aumentó. Y al mismo tiempo anunció que su flota de brazos robóticos se va a más que duplicar durante este año, con nuevas plantas en Austin, Texas, y Greenwood, Indiana, ya en construcción.
Para dimensionar el fenómeno hay que pensar en la planta que Amazon tiene en Shreveport, Luisiana. Ahí trabaja desde hace tres años Mariana, una joven de 28 años que se encarga de reabastecer estanterías. La joven cuenta que en su sector conviven con robots Hércules y Titán, esas plataformas que trasladan estanterías del tamaño de un piano de cola hasta el puesto de cada empleado. A Mariana la novela le llama la atención al principio, pero con el tiempo aprendió a convivir con ellos. Lo que no la convence es la velocidad a la que se mueven. Cuando uno de esos aparatos se cruza a pocos centímetros de sus tobillos, el susto es inevitable.
¿Por qué Amazon se volvió la compañía con más robots del mundo?
La historia empieza en 2012, cuando Jeff Bezos compró Kiva Systems, una empresa que fabricaba pequeños robots con ruedas capaces de deslizarse por debajo de las estanterías y traerlas hasta el trabajador, en lugar de obligar a una persona a recorrer pasillos interminables. De esa adquisición nació Amazon Robotics, que hoy produce modelos como Hércules, Titán, Proteo y, más recientemente, brazos robóticos con inteligencia artificial como Robin, Cardinal, Sparrow y Vulcan, el primero con sensores de fuerza, es decir, con una suerte de tacto, que ya funciona en Spokane, Washington, y en Hamburgo, Alemania, y que según la empresa se va a expandir hacia 2027.
Para ordenar el tráfico de tantas máquinas en espacios pensados para personas, la compañía desarrolló DeepFleet, un sistema de inteligencia artificial que coordina los desplazamientos internos. Según sus propias mediciones, DeepFleet logró reducir en 10 por ciento el tiempo de traslado de la flota. La otra cara de esa eficiencia es que el ritmo de trabajo, también para los humanos, no deja de acelerarse.
¿Qué dicen los números sobre los accidentes?
Scott Dresser, vicepresidente de Amazon Robotics, repite en cada entrevista que el objetivo de toda esta ingeniería es sacarles a las personas las tareas más pesadas y riesgosas. El problema es que los propios registros de la compañía cuentan otra historia. Una investigación de 18 meses que llevó adelante la Comisión de Salud, Educación, Trabajo y Pensiones del Senado de Estados Unidos, concluida en diciembre de 2024, concluyó que los depósitos de Amazon registran alrededor de un 30 por ciento más de accidentes que el promedio de la industria de logística y almacenamiento. Y dentro de la propia empresa, los centros automatizados tienen una tasa de lesiones un 28 por ciento más alta que los que todavía no incorporaron robots.
“Los datos disponibles complican el argumento de que los robots vienen a mejorar las condiciones de trabajo. La brecha entre el discurso corporativo y los registros internos es demasiado grande como para ignorarla.”Comisión de Salud, Educación, Trabajo y Pensiones del Senado de Estados Unidos (informe de diciembre de 2024)
¿Qué falta para entender el verdadero impacto?
El debate está lejos de cerrarse. La Organización Internacional del Trabajo, sindicatos del sector logístico en Estados Unidos y Europa, y equipos de investigación en universidades como Stanford y MIT vienen publicando estudios que apuntan en la misma dirección: la automatización reduce algunas cargas físicas, pero introduce otras nuevas, desde el ritmo impuesto por las máquinas hasta la monotonía de tareas cada vez más fragmentadas. En paralelo, Amazon asegura que cada vez que se lesiona un empleado se hace una revisión de los protocolos y se rediseñan los puestos. Lo que sigue faltando, y lo que los investigadores reclaman, es acceso independiente a los datos de lesiones, publicados con desagregación por centro de trabajo, por turno y por tipo de robot involucrado. Sin esa transparencia, el millón de robots que hoy recorren los depósitos de la empresa más grande del comercio electrónico seguirá siendo, al mismo tiempo, un hito de la ingeniería y una pregunta abierta sobre el futuro del trabajo.
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