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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Azcuénaga, el pueblo de 350 habitantes que se reinventa con tenedores y camas

A 100 kilómetros de Buenos Aires, este caserío del noroeste bonaerense suma alojamientos y concentra una oferta gastronómica de diez restaurantes, la mayoría con reserva previa y apertura concentrada los fines de semana.

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Agustina BianchiTecnología · · 2 min de lectura
Azcuénaga, el pueblo de 350 habitantes que se reinventa con tenedores y camas

¿A cuántos kilómetros de Buenos Aires hace falta viajar para comer cordero con ciruelas, dormir en una fonda de 1903 o caminar entre vizcachas? La respuesta es cien. Azcuénaga, un pueblo de 350 habitantes en el noroeste bonaerense, se ganó un lugar en las agendas de quienes buscan escapadas cortas con buena mesa y construcciones centenarias.

Lo primero que conviene aclarar es cómo se organiza la visita. La mayoría de los diez restaurantes del pueblo abre los fines de semana y, sobre todo los domingos, trabajar sin reserva previa es casi garantía de quedarse con hambre. Entre semana, la opción segura es el Club Recreativo Apolo, donde funciona un buffet a cargo de Marcelo Santander y Marcela Ronco, con ravioles caseros y milanesas en el menú.

Dónde comer: diez mesas para todos los gustos

La oferta se reparte entre parrilla, pastas y cocina italiana o francesa. Estos son algunos de los restaurantes que reúne el pueblo:

  • Almacén C&T: carnes y picadas dentro de la antigua Casa Terren, abierta en 1912 y recuperada por la familia Coarasa.
  • La Porteña: pastas y osobuco con risotto de calabaza.
  • Lo de Grace: parrilla y pasta libre en una edificación rodeada de campo.
  • Cucina de Santo: pastas y mariscos.
  • Le Four: propuesta francesa de la cocinera Vanesa Plaza, con platos como cordero con ciruelas.
  • La Posta y Silvestre, que completan parte del circuito gastronómico.

Dónde dormir: de una fonda centenaria a cabañas con pileta

Para quienes quieran pasar la noche, el pueblo ofrece varias alternativas en un radio chico. La Piamonte incorporó habitaciones en el edificio que ocupaba la Fonda de Sforzini de 1903, frente a la antigua estación ferroviaria. La Magnolia funciona en una casona rural; Rancho Aparte ofrece cabañas con pileta, y El Nido es otra opción para alojarse. Algo más alejados se encuentran Los Vagones de Areco.

A la hora de moverse, el pueblo se recorre a pie en pocas manzanas. Los caminos rurales reciben bicicletas y motos, aunque el estado del terreno cambia con el clima: puede haber barro o un piso completamente seco. En los alrededores aparecen liebres, vizcachas y lechuzas, lo que vuelve al paseo una excusa para mirar el horizonte tanto como para sentarse a la mesa.

Dos paradas que completan el recorrido

Antes de irse hay dos visitas que vale la pena sumar al plan. La Moderna es una panadería fundada en 1917 donde Laura González y sus hijas elaboran galleta de campo en un horno a leña. A pocas cuadras se levanta la capilla Nuestra Señora del Rosario, inaugurada en 1907, que Ramona Lescano abre los fines de semana.

La fórmula es simple: reserva para almorzar, caminata corta por el pueblo y, si el cuerpo lo pide, una noche en alguna de las opciones de alojamiento. ¿Qué elegirías conocer en una escapada a Azcuénaga? Si te sirve, probalo: con un mapa en el celular y una mesa reservada, la escapada se ordena sola.

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Agustina BianchiTecnología

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