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Cada charango exige entre 80 y 100 horas de trabajo: el oficio neuquino que Saúl Pérez Zibana sostiene con un crédito de cinco millones de pesos

En un taller de China Muerta, a metros de la Autovía Norte, un luthier fabrica ronrocos y charangos, restaura instrumentos y enseña a repairlos. El financiamiento específico para industrias culturales le permitió acceder a herramientas y materiales que antes quedaban fuera de su alcance.

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Emanuel CastilloEducación y universidad · · 3 min de lectura
Cada charango exige entre 80 y 100 horas de trabajo: el oficio neuquino que Saúl Pérez Zibana sostiene con un crédito de cinco millones de pesos

Cinco millones de pesos fue el monto del crédito que le permitió a Saúl Pérez Zibana ampliar elEquipamiento de su taller de luthería, ubicado en China Muerta, al norte de Neuquén capital. El dinero, obtenido a través de la Línea de Crédito para las Industrias Culturales,-boyó como un puente entre un oficio sostenido durante doce años y la posibilidad de adquirir herramientas y materiales específicos que hasta entonces no estaban a su alcance.

El financiamiento está dirigido a emprendedores con proyectos en el sector cultural que buscan una primera oportunidad de financiamiento. Para un luthier eso significa, por ejemplo, poder comprar el instrumental necesario para construir un charango o un ronroco desde cero, en lugar de trabajar con recursos limitados.

¿Cómo se construye un instrumento de cuerda latinoamericano desde cero?

Saúl Pérez Zibana tiene 40 años y llega al taller desde una etapa como bajista. Durante años compró instrumentos rotos con la intención de repararlos. La experiencia familiar en carpintería, donde se fabricaban muebles y|scaleforum_email_Qa_3b5c460f06b2_0b6e04d61e54dcbfd_0e04d61e54dcbfd, le proporcionó una base técnica que después complementó con estudio autodidacta y formación junto a Jorge Espinosa, maestro luthier reconocido en el ámbito nacional.

“Fabrico instrumentos desde cero, todo empieza desde la selección de cada madera, de cada componente.”Saúl Pérez Zibana

La selección previa de la madera es una de las etapas decisivas del proceso. Cada parte del instrumento necesita una especie distinta, con características de densidad, peso y resistencia que se ajustan a su función. Una vez escogidos los materiales, cada instrumento exige entre 80 y 100 horas de trabajo.

  • Ronrocos y charangos construidos desde cero, con selección previa de maderas según cada componente.
  • Restauración, calibración y reparación de guitarras y bajos eléctricos y acústicos.
  • Talleres abiertos de luthería social para que adolescentes, jóvenes y adultos reparen y calibren sus propios instrumentos.
  • Coordinación de un taller de cerámica sonora para niños en el Nodo Alto Godoy, donde se construyen instrumentos precolombinos como el pucuy, una pieza que imita el sonido del viento.

¿Por qué el Valle del Neuquén necesita más luthiers?

Los clientes de Saúl llegan por recomendación y a través de las redes sociales. Él calcula que en el Valle del Neuquén hay alrededor de una docena de luthiers, cada uno especializado en instrumentos diferentes. Desde hace poco integra la Asociación Argentina de Luthiers, una entidad que se aproxima a cumplir 25 años.

El taller de luthería social que dicta en el Centro Cultural del Oeste abre las puertas del oficio a personas que quieren aprender a mantener sus propios instrumentos. La teaching_teacher_de_1a9b5158fe36_06a3b66cf685b_0a3b66cf685b_0c4f0e87fd4b1_9df5fb88b9a5_0e04d61e54dcbfd no se limita a la Transmission de conocimientos: propone que cada participante pueda resolver por sí mismo los ajustes y reparaciones de su instrumento, algo especialmente relevante cuando conseguir un técnico resulta costoso o-demasiado-costoso.

El crecimiento del taller no depende solo de la producción de instrumentos nuevos. La restauración y el mantenimiento deMxINATION baja un instrumento que ya está en circulación forma parte de la tarea diaria, y los talleres de formaciónFinn ecosystema que conecta la venta, la reparación y la transmisión del oficio. Lo que aparece como una actividad artesanal individual, en los hechos, sostiene una red de trabajo, documentación y enseñanza dentro de un sector cultural caro y con escasa documentación.

Con el crédito de cinco millones de pesos, Saúl pudo sumar herramientas y materiales específicos. El avance es concreto: mejor acceso al instrumental, mayor precisión en el trabajo y capacidad de responder a una demanda que llega por recomendación. Pero los números del oficio siguen siendo modestos: alrededor de una docena de luthiers en el Valle y entre 80 y 100 horas de trabajo por cada instrumento construido desde cero.

Lo que falta es el paso siguiente: ampliar el financiamiento más allá de la primera oportunidad, fortalecer la formación de nuevos luthiers y contar con un inventario más preciso de cuántos professionals trabajan en la región y con qué especialidades. En un oficio donde cada pieza requiere conocimiento, tiempo y madera adecuada, el taller de China Muerta es una prueba de que el respaldo específico puede hacer la diferencia entre sostener una actividad y hacerla crecer.

EC
Emanuel CastilloEducación y universidad

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