Saltar al contenido
Sábado, 17 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕
Ecos del Oeste

Ecos del Oeste

Casero y Alacrán vuelven a las tablas con un show que apuesta a la risa analógica en tiempos de pantallas

La dupla confirmó fechas en el teatro Gran Rivadavia de Vélez Sarsfield y en el Astengo de Rosario, con un formato que pone en el centro al Doctor Vaporeso y a las soluciones de toda la vida.

SF
Silvia FerraroCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
Casero y Alacrán vuelven a las tablas con un show que apuesta a la risa analógica en tiempos de pantallas

«Innovando para atrás». La fórmula suena a paradoja y, sin embargo, condensa bastante bien el humor que Alfredo Casero y Rodolfo Alacrán Samsó vienen cultivando juntos desde fines de los años ochenta, cuando empezaron a cruzar ideas y a hacer radio primero, después televisión y, más tarde, teatro, esa disciplina que los encuentra cara a cara con el público y que, según confiesan, los sigue seduciendo como el primer día.

Las próximas paradas ya están confirmadas: el 31 de octubre en el teatro Gran Rivadavia, enclavado en el corazón del barrio porteño de Vélez Sarsfield, y el 6 de noviembre en el teatro Astengo de Rosario, en la provincia de Santa Fe. El anuncio se hizo a través de un video breve que ambos compartieron en sus redes, con ese tono de complicidad que los caracteriza y que parece sacado de una charla de café más que de una convocatoria formal.

Un humor que se ríe de la tecnología sin demonizarla

La puesta, que lleva el título formal de Alfredo Casero y Alacrán en Cha Cha Cha 3.0, propone un recorrido por la vida cotidiana atravesada por los avances técnicos y por las pequeñas heroicidades que seguimos inventando para resolver problemas de todos los días. Desde ese lugar, las respuestas improvisadas, las fallas y los recursos analógicos se transforman en material cómico, en una reversión humorística de eso que a veces llamamos «lo que funcionaba antes».

En el centro de la escena aparece el Doctor Vaporeso, ese personaje que Casero viene moldeando hace años y que oficia de motor de un verdadero universo de mecanismos, piezas y explicaciones entreveradas. A su alrededor, el show despliega situaciones reconocibles: demoras, equivocaciones, el contacto cara a cara entre las personas que las pantallas suelen reemplazar sin pedir permiso.

“Me encanta actuar con Alfredo. Compartimos etapas familiares como el nacimiento de hijos y nietos.”Rodolfo Alacrán Samsó

Una amistad que arrancó en 1989 y se sostiene en el escenario

Para entender lo que significa este regreso hay que retroceder un poco más de tres décadas, hasta 1989, cuando Casero y Samsó empezaron a coincidir en proyectos que oscilaban entre la radio, la televisión y el teatro under de Buenos Aires, esos circuitos donde se cocina el humor por encargo del público que asiste con la expectativa de reírse y, de paso, reconocerse en alguna situación. La dupla atravesó etapas familiares, laborales y artísticas que los fueron moldeando como dupla, y esa comunión se nota en la manera en que se completan las frases en cualquier nota.

El reencuentro llega después de la suspensión de las funciones que habían previsto durante la temporada de verano en Mar del Plata, una suspensión que dolió porque cortó un proyecto que ya tenía público confirmado. Tras aquella interrupción, Samsó siguió trabajando en distintas localidades de la Costa Atlántica junto a Alfredo Silva, mientras Casero se quedó en Buenos Aires ajustando el texto y los mecanismos de esta nueva versión del show.

Samsó contó que el convite de esta vuelta nació en una conversación: Casero lo llamó, lo citó y se juntaron a tomar té de arroz en el Barrio Chino, ese enclave porteño donde conviven restaurantes asiáticos, supermercados con productos de todo el mundo y una sensación de estar un poco lejos y un poco cerca de la Buenos Aires tradicional. Esa tarde, entre vapor de bamboo y charlatismo, se empezó a delinear la idea que ahora se materializa en dos salas del país.

El texto de presentación del espectáculo aclara que la intención no es idealizar otras épocas, algo que a veces se le endilga al humor nostálgico sin justa causa. El punto de partida es más sutil: recuperar situaciones que los cambios tecnológicos van dejando a un costado y convertirlas en insumo cómico, sin culpa y sin moraleja, simplemente porque hay algo inherentemente gracioso en un enchufe que no entra o en un mapa que se dobla donde no debe.

Esa idea vincula la nueva puesta con el humor del ciclo televisivo que Casero creó hace ya varios años, donde el absurdo cotidiano y la observación detallada del mundo que nos rodea convivían con un elenco que se animaba a incomodar al televidente bienpensante. Volver a ese registro, pero en vivo y en formato de revista teatral, es una manera de probar que la risa no necesita wifi ni actualizaciones permanentes para funcionar.

Yo, que vengo siguiendo a esta dupla desde sus primeros cruces en radio y en escenarios off, los recomendaría sin dudar a quien tenga ganas de pasar un buen rato: confío en que la espera valdrá la pena, sobre todo cuando se confirme el elenco completo y los horarios definitivos de cada función. Mientras tanto, vale la pena reservar el calendario y, si se puede, darse una vuelta por el barrio de Vélez Sarsfield antes de la función del 31, porque el Gran Rivadavia es uno de esos teatros que todavía conserva ese aroma a platea clásica que se extrañaba en tiempos de streaming.

SF
Silvia FerraroCultura y espectáculos

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo