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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Ecos del Oeste

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Cuando el amor aparece en el vagón equivocado: el film que juntó a De Niro y Streep en un romance sin estridencias

A 42 años de su estreno, «Enamorarse» vuelve a estar disponible y permite revisitar una película incómoda, extraordinaria en su registro cotidiano, que juntó a dos gigantes de Hollywood lejos de sus personajes más emblemáticos.

SF
Silvia FerraroCultura y espectáculos · · 5 min de lectura
Cuando el amor aparece en el vagón equivocado: el film que juntó a De Niro y Streep en un romance sin estridencias

Quiero arrancar esta nota con una frase que me resuena cada vez que vuelvo a pensar en esta película, y que pertenece a uno de esos tangos que uno tararea sin saber bien de quién es: «uno se cree que el tiempo lo cura todo, pero el alma no se acostumbra a perder». Confieso que la elegí casi sin querer, mientras preparaba este texto sobre un film que habla justamente de eso: de lo que pasa cuando el tiempo no cura nada, cuando dos adultos ya instalados en sus vidas descubren que el alma, por un rato, se olvidó de las promesas.

Porque «Enamorarse» («Falling in Love», 1984) es, ante todo, una película sobre la inconveniencia del deseo. No hay explosiones, ni guerras, ni mafias, ni trauma. Hay dos personas casadas que se cruzan en Manhattan, se gustan, y se dan cuenta de que eso les complica la vida. Punto. Y ese punto, en manos de Ulu Grosbard, con Robert De Niro y Meryl Streep como protagonistas, se vuelve un pequeño prodigio de incomodidad elegante.

Un encuentro que empieza con los paquetes equivocados

La escena inicial es de una sencillez notable y por eso mismo funciona: estamos en Manhattan, en Navidad, en una de esas librerías que todavía sobreviven en los márgenes del Midtown. Frank Raftis (De Niro) y Molly Gilmore (Streep), los dos con sus paquetes, terminan llevándose por error los regalos del otro. Lo que podría haber quedado en una anécdota se transforma en el primer hilo de un vínculo que se teje entre vagones de tren, andenes y cafés de rutina. Porque los dos viajan a diario por la misma línea, y el azar, fiel a su costumbre, hace el resto. El libro de Michael Cristofer no toma ese material y lo convierte en una comedia romántica ni en un melodrama con banda sonora a todo trapo. Lo convierte, mejor dicho, en una pregunta: qué hace uno con una atracción que aparece en el peor momento posible, cuando uno ya firmó un compromiso y lo cumplió, cuando los hijos están mirando, cuando los amigos son comunes, cuando la culpa es tan real como el cosquilleo en el estómago. El drama no está en el romance, está en lo que el romance obliga a revisar.

Manhattan como coartada y como testigos

Una de las cosas que más me gustan de esta película, y que vale la pena subrayar, es el lugar que ocupa la ciudad. Nueva York no es aquí postal turística ni decorado de postal: es casi un personaje más. La librería de la apertura, los vagones del metro, los bares anónimos, los parques donde dos personas pueden mirarse sin llamar la atención, funcionan como un ecosistema de lo cotidiano donde lo extraordinario para ellos pasa absolutamente desapercibido para el resto del mundo. Me animo a decir que, en ese sentido, «Enamorarse» es heredera directa de «Breve encuentro» («Brief Encounter», 1945), el clásico de David Lean. Aquella película inglesa partía de la misma premisa incómoda: dos personas que se quieren pero no deberían quererse, en escenarios ferroviarios y calles grises. Algunos textos de la época, de hecho, las compararon sin vueltas. La comparación es justa: las dos entienden que el deseo prohibido vive de la rutina tanto como de la pasión.

De Niro y Streep, en registros que no les conocíamos

  • Frank Raftis (Robert De Niro) es un hombre común, un poco gris, casi sin el magnetismo bestial que el actor venía mostrando desde «Toro salvaje» o «El francotirador». Aquí está contenido, mide las palabras, mira de costado.
  • Molly Gilmore (Meryl Streep) abandona por primera vez el registro intenso de dramas como «La decisión de Sophie» y se permite la comedia sutil, el gesto mínimo, la ironía de una mujer que sabe que lo que siente es un disparate y no puede evitarlo.
  • El elenco de apoyo, encabezado por Harvey Keitel, Dianne Wiest, Jane Kaczmarek y David Clennon, funciona como una red de matrimonios y obligaciones alrededor de la pareja central, que les recuerda a los protagonistas —y a nosotros— lo que está en juego.
  • La dirección de Ulu Grosbard, hombre de teatro, prefiere el primer plano largo y los silencios: apuesta todo a las miradas, a los cuerpos tensos, a lo que se calla.

Crítica dividida y taquilla discreta

Convengamos en algo: la película no fue un éxito descomunal. Los registros del momento marcan que en Estados Unidos y Canadá reunió alrededor de 11.129.057 de dólares, con un estreno de unos 2,3 millones. La crítica tampoco se rindió de manera unánime: Roger Ebert le dio dos estrellas sobre cuatro y discutió el guion, aunque rescató momentos muy concretos de la química entre los protagonistas. La Academia, sin embargo, vio otra cosa: nominó a Streep al Oscar como Mejor Actriz, lo que dice bastante del nivel de su trabajo aquí. Lo que intento decirles es que «Enamorarse» es de esas películas que el público masivo nunca adoptó como propio y que la crítica trató con cariño desparejo, pero que el tiempo fue acomodando en un lugar más amable. Hoy, a 42 años de su estreno, vuelve a estar disponible para quienes no la vieron en su momento, y eso, me parece, es una excelente oportunidad para tomarse el trabajo en serio.

Una recomendación en primera persona

Les digo lo que les digo a mis amigas cuando me preguntan qué ver el domingo a la noche: si te gustan las historias de amor que no terminan bien del todo y que igual valen la pena, si te interesa ver a dos de los mejores actores de su generación haciendo algo completamente distinto a lo que les dio fama, y si querés una película que trate a la ciudad de Nueva York como ese escenario gris donde todos podemos cruzarnos mañana mismo, dedicále hora y media a «Enamorarse». No te va a volar la cabeza, pero te va a dejar pensando un par de días. Y eso, en los tiempos que corren, ya es muchísimo.

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Silvia FerraroCultura y espectáculos

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