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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Cuando un mensaje corto se vuelve una discusión: lo que la sobreinterpretación le hace a la pareja

Las psicólogas Marina Mammoliti y Karina Carreño describen cómo los silencios, las demoras y las respuestas breves se cargan de significados que no siempre tienen fundamento. Distinguir los hechos de las suposiciones y volver a la conversación directa aparece como la salida más firme para evitar que el malestar se acumule.

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Emanuel CastilloEducación y universidad · · 3 min de lectura
Cuando un mensaje corto se vuelve una discusión: lo que la sobreinterpretación le hace a la pareja

En las consultas por problemas de pareja, una escena se repite con frecuencia: un mensaje con pocas palabras o una respuesta que tarda y se transforma en motivo de discusión. La pantalla no alcanza para saber qué siente el otro y, frente a esa falta de información, el cerebro tiende a completar el vacío con suposiciones. Para las psicólogas Marina Mammoliti y Karina Carreño, ese circuito es uno de los principales enemigos de la confianza en la pareja.

Que responda poco y que esté enojada son dos cosas distintas

La neuropsicóloga Karina Carreño propone una primera distinción que parece simple pero que cambia la conversación: diferenciar lo que ocurrió de lo que interpretamos. Que la pareja haya contestado con pocas palabras es un dato verificable; que esté molesta, en cambio, es una lectura que nosotros hacemos. Esa diferencia no es un detalle: de ella depende que la respuesta sea proporcional al hecho o a una suposición.

Antes de escribir la respuesta, Carreño sugiere regular la ansiedad y, sobre todo, preguntar de manera directa. "Preguntar ayuda a disminuir la incertidumbre y la reacción de alerta", explica. La comunicación cara a cara o por audio permite obtener información que el análisis de una pantalla nunca va a ofrecer. También aclara que no siempre es posible tener una respuesta en el momento en que aparece la inquietud, y que aprender a convivir con esa espera forma parte del trabajo.

Prestar atención a lo que nos pasa a nosotros

Mammoliti suma una segunda herramienta: en lugar de intentar descifrar al otro, mirar qué nos pasa a nosotros frente a ese silencio. "Reconocer qué nos pasa frente a ese silencio o esa respuesta", resume la psicóloga. Ese corrimiento del foco interrumpe la interpretación constante y permite volver a una conversación directa en vez de quedar atrapados en un ciclo de conjeturas.

  • Distinguir los hechos de las interpretaciones: qué pasó, por un lado, y qué significado le damos, por otro.
  • Regular la ansiedad antes de responder y conversar para aclarar lo que se desconoce.
  • Prestar atención a la emoción propia frente al silencio o la respuesta breve.
  • Volver a la pregunta directa en vez de alimentar suposiciones con mensajes anteriores.
  • Aceptar que no siempre habrá una respuesta inmediata y tolerar esa espera.

Por qué al cerebro le cuesta quedarse quieto

Carreño describe el mecanismo que se activa cuando falta información sobre los sentimientos o pensamientos del otro: el cerebro intenta anticiparlos. Para completar lo que no sabe, recurre a experiencias anteriores, a los propios miedos e inseguridades. Así, una demora que no necesariamente significa nada se asocia con una pérdida de interés, aunque no haya elementos que permitan sostener esa conclusión. Mammoliti coincide y agrega que las experiencias dolorosas también pesan: una necesidad legítima de estar a solas se percibe como indiferencia cuando hay miedo al abandono. La baja autoestima, la inseguridad o antecedentes de infidelidad pueden alimentar la búsqueda de confirmaciones y la tentación de controlar al otro.

“Cuando esas conjeturas pasan a dirigir las respuestas aparecen discusiones por situaciones imaginadas y pedidos reiterados de seguridad que afectan la confianza.”Karina Carreño

Por Emanuel Castillo, Educación y universidad.

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Emanuel CastilloEducación y universidad

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