De Leibele Schwartz a Leo Suar: la historia del apellido que nació de un trabalenguas radial
Toto Kirzner reconstruyó el origen del nombre artístico de su padre y explicó por qué eligió mantener su propio apellido en lugar de sumarse a esa tradición familiar forjada por la radio.

Hay apellidos que nacen de un árbol genealógico y otros que nacen de la pura improvisación, de esos acuerdos de pasillo que se vuelven destino sin que nadie lo haya planeado. El apellido Suar pertenece a esa segunda categoría, la de los nombres que llegaron para resolver un problema y terminaron construyendo una identidad, y lo que esta semana contó Toto Kirzner sobre su padre y su abuelo es apenas una excusa hermosa para detenerse a pensar cuántas veces, en la historia del espectáculo argentino, un error de pronunciación terminó siendo más importante que cualquier decisión de marketing.
Todo empezó con un cantante lírico de origen judío llamado Leibele Schwartz, que desarrolló su carrera a caballo entre Estados Unidos y la Argentina, grabó más de treinta discos, actuó con orquestas como la Sinfónica de Filadelfia, la de Israel y la Nacional Argentina, y se desempeñó además como actor y jazan. Un currículum imponente, profesional, de esos que deberían haberle garantizado un lugar en cualquier afiche sin necesidad de traducciones. Y sin embargo, cada vez que pisaba un estudio de radio, los locutores se topaban con la misma pared: su nombre verdadero no les salía.
La radio mandaba, como casi siempre
“Cuando él iba a la radio le decían Leo Suárez, no les salía Leibele Schwartz ni en pedo. Entonces, era todo Leo Suárez y terminó siendo Leo Suar.”Toto Kirzner
La solución fue tan práctica como involuntaria: los locutores empezaron a llamarlo Leo Suárez para sacarse el problema de encima y, con el tiempo, la adaptación se fue puliendo sola hasta quedar en Leo Suar, más corto, más fácil, más amigable para los micrófonos de la época. Lo que había nacido como un atajo fonético terminó siendo adoptado por el propio interesado, que le encontró la vuelta y decidió hacerlo propio.
- Leibele Schwartz fue rebautizado Leo Suar por los locutores que no podían pronunciar su nombre.
- Su padre tomó ese apodo como nombre artístico y construyó con él toda su carrera.
- Cuando le propuso usar Suar, Toto lo descartó rápido: no le sonaba cómodo.
- Kirzner decidió mantener su apellido real como identidad pública.
- Leibele Schwartz murió el 11 de julio de 1992 a los 59 años; Lilian Keller, su esposa, falleció el 30 de septiembre de 2020 a los 74.
La frase del padre, recordada por el propio Toto, resume el espíritu de aquella decisión liviana, casi sin peso: "Bueno, es más sencillo", dijo Leo Suar cuando decidió quedarse con el nombre que le había regalado la radio. No hubo un bautismo solemne ni un trámite legal; hubo, simplemente, la aceptación de que el público ya lo conocía así y de que pelear contra esa corriente hubiera sido más costoso que surfearla. Y la fórmula funcionó: a partir de ese momento, el apellido Suar dejó de ser un error de pronunciación para convertirse en una marca.
Por qué Toto dijo que no
“No me siento cómodo. Usemos nuestro apellido. ¿Para qué carajo lo tengo, si no?”Toto Kirzner
Años después, cuando le tocó a él abrirse paso en la televisión y en el teatro, la conversación se repitió en clave paternofilial. Su viejo, según contó el propio Toto, le planteó la posibilidad de usar Suar como apellido artístico, aunque con una advertencia honesta: "Toto Suar nos queda mal", le dijo, evaluando cómo sonaría esa combinación. La respuesta del hijo fue categórica y, al mismo tiempo, profundamente respetuosa de la propia historia: prefirió Kirzner, el apellido que figura en su documento, y zanjó el debate con una pregunta que en realidad era toda una declaración de principios.
A mí esta historia me conmueve especialmente, y les confieso que me cuesta separarme del todo de la pregunta que sobrevuela toda la nota: cuántas veces construimos nuestra identidad pública sobre renuncias, sobre apellidos que dejamos de usar, sobre nombres propios a los que les decimos adiós para ganar una migaja de comodidad. Kirzner tomó el camino inverso, el más riesgoso tal vez, y lo hizo con una frase que suena a manifiesto: si lo tengo, para qué voy a dejarlo en el placard.
Una pregunta para llevarse a casa
La historia de los Schwartz-Suárez-Suar-Kirzner es, en el fondo, la de cualquier familia que se ganó la vida arriba de un escenario: un abuelo al que la radio le cambió el nombre, un padre que convirtió ese cambio en carrera, un hijo que eligió volver al nombre original y, en el medio, decenas de decisiones chiquitas que terminaron definiendo cómo se llamaban las marquesinas. Leibele Schwartz murió el 11 de julio de 1992 a los 59 años; Lilian Keller, su esposa y actriz, falleció el 30 de septiembre de 2020 a los 74, después de un accidente cerebrovascular. Quedan los discos, queda la música, quedan los apellidos cruzados y queda, sobre todo, esa pregunta que les dejo picando para que la charlen en la mesa de este domingo: si tuvieras la chance de usar un apellido que te abriera puertas, lo tomarías sin más, o preferís construirte uno propio, aunque cueste más? Yo, si me dejan ser parcial, me quedo con el Kirzner de Toto: las puertas que se abren con apellido ajeno suelen cerrarse con la misma facilidad con la que se abrieron.
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