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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Ecos del Oeste

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Die Toten Hosen bajó el telón en Buenos Aires con una noche que fue pura amistad y a puro punk

El quinteto alemán cerró en el Movistar Arena una historia de casi 35 años con el público argentino, repasó 33 canciones y subió al escenario a cuatro referentes del punk local en una velada que mezcló emoción, historia y despedida.

SF
Silvia FerraroCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
Die Toten Hosen bajó el telón en Buenos Aires con una noche que fue pura amistad y a puro punk

Yo vi a Die Toten Hosen por primera vez en los pasillos del Halley, en un 1992 que todavía guardaba en la memoria el ruido de los Redondos en Obras, y desde entonces los vi cruzar la calle para volver a tocar cada vez que la Argentina les abrió la puerta. Por eso me animo a decir, sin que suene a despedida, que lo del sábado en el Movistar Arena de Villa Crespo fue mucho más que un recital: fue la última función de un vínculo que empezó cuando acá casi nadie hablaba alemán y yo todavía iba a las discotecas con el pase de menor firmado por mi vieja.

Una noche atravesada por la historia del punk argentino

La velada arrancó con ese pulso característico que la banda trae desde Düsseldorf, ese andar suyo entre el himno y la ironía, y enseguida quedó claro que esta no era una gira más. Los alemanes reservaron 33 canciones para la cita, con dos bises incluidos, y se dieron el gusto de tirar del archivo propio, del calibre de Reisefieber, tomada del álbum debut que grabaron en 1982 y que muy pocos compatriotas nuestros conocen en su totalidad, pero que ellos supieron defender como una reliquia de la familia.

El repertorio combinó himnos esperables como Willkommen in der Hölle y Bonny & Clyde, esa oda cinematográfica a la pareja fugada que en castellano funciona casi como una balada, con una sorpresa de colección, una versión de Should I Stay or Should I Go, el clásico que The Clash firmó para Combat Rock en 1982 y que los Toten Hosen suelen guardar para los climas festivos. No faltaron tampoco los guiños al público porteño, con Donde las águilas se atreven, 1,2 ultraviolento, Represión y Ya no sos igual, cuatro títulos que en este lado del mapa forman parte de la educación sentimental de cualquiera que haya crecido con el punk cantado en castellano. El cierre llegó con You'll Never Walk Alone, himno del Liverpool que Campino pronunció como si fuese una oración dicha en nombre de todos los que alguna vez gritamos con la garganta abierta en un costado del campo.

Los invitados: el gesto de devolverle al barrio lo que el barrio les dio

La lista de invitados fue, para mí, el verdadero corazón de la noche. Ciro Pertussi y Luciano Scaglione, de Attaque 77, se plantaron en el escenario con esa certeza que da haber cantado juntos durante décadas, y Sergio Gramática, de Los Violadores, subió como quien vuelve a casa después de un viaje largo, porque el vínculo entre la banda de Campino y el grupo que Pil Chalar fundó a fines de los ochenta viene de lejos, del primer cruce en la pista del Halley en 1992, cuando la semilla del punk germinó en una generación entera. Mosca Velázquez, líder de 2', acompañó a Campino en uno de los momentos más emotivos de la noche, mientras los dos recorrían el escenario como si fuese un paseo por San Telmo en penumbras.

Esa decisión de sumar vocesargentinas no fue solo una concesión: fue una manera de decir gracias en el idioma que acá se entiende, y la banda la pensó así, con una generosidad que pocos grupos europeos se permiten. La tournée había sumado antes paradas con todo vendido en Tandil y Rosario, una decisión que habla de un mapa de afectos que la banda supo cultivar durante casi 35 años y que muy pocos artistas foráneos pueden exhibir con esta consistencia, en una linea de arraigo que en otro registro comparten los Stones, Guns N' Roses y los propios Ramones, con quienes los Toten Hosen compartieron una fecha memorable en el 96.

Lo que nos llevamos a casa, en lo que se va

Como ya contamos, por ahora no hay nuevas fechas anunciadas para la Argentina, y la despedida tiene esa textura de cierre de etapa que cada tanto nos toca atravesar como público. Mi recomendación, si llegan a leer estas líneas antes de que el tiempo borre los ecos, es que se guarden esta noche como quien guarda una entrada vieja en la billetera, porque los conciertos que terminan así, con la banda bajando la persiana y el público sabiendo que no habrá próxima, son los que después se vuelven leyenda y terminan contándose en las mesas de los bares donde todavía se discute si aquel Halley del 92 fue la primera o la segunda vez.

SF
Silvia FerraroCultura y espectáculos

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