E-Day abre las puertas del fin del mundo en Sera y el gamer argentino vuelve a sentir el peso del Lancer
Con Marcus y Dom como únicos escuderos de esta primera avanzada, la precuela de Gears of War se mete de lleno en el Día de la Emergencia y deja a Baird y Cole en el banco de suplentes. Una recorrida por la historia, las deudas de trago y los guiños a los veteranos que la saga todavía guarda en el freezer.

Desde que el Lancer cambió para siempre la manera de empuñar un arma en un videojuego, cada regreso de la franquicia Gears of War se vive como una citación ineludible para los jugadores argentinos, esos que se criaron gritándole al monitor en sesiones de sofá y en cybers de Galerías Pacífico, Lanús o Mar del Plata. Esta vez la cita tiene aroma a preludio: Gears of War: E-Day ya abrió su acceso anticipado para la edición Deluxe y propone un viaje a las horas más crudas de Sera, ese planeta que durante años fue el patio de juegos de una saga que muchos descubrimos en la Xbox 360 de un primo o en una consola prestada que nunca se devolvía del todo.
La propuesta narrativa es, en sí misma, una declaración de intenciones: volver al Día de la Emergencia, cuando un ataque coordinado de los Locust desató el infierno sobre la superficie. Para los que llegamos tarde a la franquicia, vale la pena recordar que ese día funciona en la saga como una herida fundacional, el momento cero a partir del cual se ordena toda la cronología posterior. E-Day no elige un punto cualquiera: elige el instante en que la civilización de Sera pierde la inocencia y la guerra se vuelve el único horizonte posible.
Un escuadrón sin familia
Lo primero que llama la atención al internarse en esta primera avanzada es la fisonomía del grupo protagonista. Marcus Fenix y Dominic Santiago comparten escuadrón con Mags y Reyes, una formación que difiere de la que conocíamos en la trilogía original. Faltan dos nombres que, para los fans de la saga, son casi tan propios como un himno de cancha: Damon Baird y Augustus Cole. No es un descuido ni una decisión caprichosa: la línea de la franquicia indica que su incorporación formal al Escuadrón Delta junto a Marcus y Dom se ubica catorce años más tarde, durante los hechos del primer Gears of War.
Dicho de manera más llana, Baird y Cole todavía son, en este punto de la historia, civiles con futuro por delante. Cole incluso conserva su lugar como figura rutilante de los Hanover Cougars, el equipo de thrashball que en el imaginario de Sera ocupa un lugar parecido al que el fútbol ocupa en cualquier sobremesa argentina de domingo: se mira, se discute y se apuesta. Cuando el suelo empieza a temblar y los Locust rompen la superficie, esa vida deportiva dejará de tener sentido, y la guerra lo reclamará para sumarlo a las filas del COG.
El guiño que la saga se debía
- Una entrevista televisiva a Cole suena en el bar donde Marcus y Dom comparten una copa al comenzar la campaña.
- Dom recuerda una apuesta perdida contra el jugador de los Cougars, esa famosa deuda de "20 billetes" que recién se termina de saldar en Gears of War 3.
- La referencia funciona como puente emocional para los veteranos de la saga, que ven a Cole todavía en su etapa de estrella del thrashball y no en la de soldado.
- Para Baird, el Día de la Emergencia también es bisagra: pierde a sus padres en el ataque inicial de los Locust y se alista ese mismo día.
- Su vínculo se construye un mes después de la invasión, mucho antes de integrarse al Escuadrón Delta de los títulos originales.
Esa costura temporal no es un detalle menor para los fans argentinos que crecieron la saga: la promesa de E-Day es mostrar el momento exacto en que estos personajes dejan de ser lo que eran. Baird deja de ser el huérfano sobreviviente para convertirse en el técnico irónico del escuadrón. Cole deja de ser la celebridad deportiva para transformarse en el placero de turno. Y esa metamorfosis, narrada desde la trinchera, tiene el mismo peso emocional que ver a un crack de Primera cambiar el botín por el uniforme de selección en medio de un Mundial.
Para mí, que sigo a esta saga desde los días del segundo capítulo en una Xbox prestada que recalentaba el living entero, E-Day tiene el aroma de esos regresos que uno deseaba en voz baja pero no se animaba a pedir. Volver a Marcus y Dom en su juventud, antes del peso de laLoss de madurez, es reencontrarse con la promesa original de Gears of War: la hermandad forzada por la guerra, el humor seco en los momentos más oscuros y esa sensación de que el enemigo, tarde o temprano, va a tener que mirar hacia arriba. Si todavía no se deciden, mi recomendación es simple: pidan una jarra de café, bajen la cortina del living y dense el gusto de volver a Sera. El Día de la Emergencia merece ser visto de cerca, y esta precuela llega en el momento justo para que los veteranos de la saga y los curiosos de turno tengan, por fin, el prólogo que la franquicia les adeudaba.
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