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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Ecos del Oeste

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El 20 de marzo que Ivana y Darío eligieron para decirse que sí: una boda con aire de fiesta y sin libreto

La empresaria confirmó la fecha, el lugar y el clima que imagina para su casamiento con Darío Cvitanich en el Golf Club de Pacheco: ceremonia solo civil, invitados del corazón y un vestido corto que todavía está definiendo junto a Joti Harriague.

SF
Silvia FerraroCultura y espectáculos · · 5 min de lectura
El 20 de marzo que Ivana y Darío eligieron para decirse que sí: una boda con aire de fiesta y sin libreto

Hay una frase que Ivana Figueiras repite cada vez que habla de lo que siente y que, otra vez, aparece flotando en el aire mientras organiza su casamiento con Darío Cvitanich: la idea de que las cosas importantes de la vida se celebran sin solemnidad de más, con la calidez de una mesa larga y la sonrisa abierta de los amigos. Y es desde esa convicción íntima que la empresaria confirmó que el viernes 20 de marzo de 2027 será, finalmente, el día elegido para pasar por el Registro Civil y festejar por lo alto en el Golf Club de Pacheco, ese reducto verde del norte bonaerense donde tantas familias de Tigre y de San Isidro suelen atesorar los domingos de verano y las fotos de los bautismos.

Una fecha con historia propia, un casamiento con forma de asado

La decisión de postergar la boda, me contó ella entre risas cuando describió los preparativos, tuvo menos que ver con los tiempos del calendario y más con el pulso de la pareja: Cvitanich, según admitió Figueiras, hubiera preferido pasar por el Registro en noviembre, casi en caliente, con ese impulso que suele dejar el noviazgo reciente; pero ambos entendieron que un festejo de esta magnitud necesita aire, ensayos, una lista que se pule y un vestido que se prueba varias veces. Por eso eligieron marzo, y por eso el 20 terminó siendo la cifra de la suerte, simplemente porque el 20 es el número que el exfutbolista de Boca y de Banfield lleva tatuado en la memoria y en la camiseta desde sus primeros pasos en las canchas.

“Fuimos a comer y él me iba a proponer casamiento. Se filtró porque una persona del hotel nos sacó unas fotos. Ese día me hizo la propuesta y obviamente le dije que sí.”Ivana Figueiras

Figueiras también se detuvo en el modo en que se conocieron los detalles del compromiso: lo que debía ser una cena íntima terminó convertida en noticia cuando alguien del restaurante capturó las imágenes de un anillo y de una sonrisa a tiempo, y lo que era un secreto compartido entre dos pasó a ser tema de conversación en portales y redes. La empresaria lo cuenta sin rencor y hasta con un punto de ternura, porque asume que la privacidad absoluta es una rareza cuando la vida pública lleva años construida entre eventos, marcas y portadas. En su relato, la cena funcionó como una especie de portal: del anonimato de una velada cualquiera al umbral de un proyecto en común.

  • Ceremonia civil el viernes 20 de marzo de 2027 en el Golf Club de Pacheco.
  • Sin ceremonia religiosa: Cvitanich ya tuvo un casamiento por Iglesia y la pareja resolvió no repetir el rito.
  • Lista acotada: familia de ella y allegados al mundo del fútbol de él, sin gran convocatoria del espectáculo.
  • Vestido corto y tranquilo, todavía a prueba, en proceso creativo junto a la diseñadora Joti Harriague.
  • Sin planes de ampliar la familia: Figueiras ya es madre de dos hijas y dice sentirse completa con la decisión.

Los anillos del pasado y el anillo que se ajusta

Hubo un momento de la charla que me pareció especialmente humano y que, pienso, vale la pena contar tal como lo contó ella: cuando le preguntaron por los anillos de compromiso que recibió en relaciones anteriores, Figueiras no esquivó la respuesta. Contó que, de las cuatro joyas que le quedaron de sus noviazgos previos, una sigue en una planta de su casa, como una pieza de adorno casi botánica; otra fue a parar al inodoro en un arranque que ella misma describe entre la risa y la incredulidad; una tercera se la quedó una de sus hijas, que la usa como quien hereda una pequeña reliquia; y la cuarta fue devuelta a quien se la había regalado, en un gesto que habla de cierres limpios. Después vino el detalle que más le importa y que más me quedó dando vueltas: el anillo de Cvitanich le quedó grande y tuvieron que achicarlo, una minucia que a cualquiera le suena pero que en el lenguaje de las parejas suele pesar como un símbolo, porque obliga a ajustar la medida del deseo hasta que entre justo en el dedo.

A mí, que cubro estas historias desde hace años, lo que más me interesa no es la fecha ni el country ni el catering, sino el clima que una pareja logra imprimirle a la decisión de casarse. Y en este caso, por lo que se desprende de cada palabra de Figueiras, ese clima parece ser el de una reunión de gente querida en un día templado de marzo, con un vestido que no le robe protagonismo a la sonrisa y con un festejo que priorice las risas por sobre las fotos. Por eso, si me preguntan a qué hay que prestarle atención en los próximos meses, yo recomiendo seguir de cerca dos hilos: por un lado, el proceso creativo con Joti Harriague, que suele convertir cada diseño en una pequeña autobiografía de quien lo va a usar; por el otro, la lista final, porque en las bodas bien pensadas los invitados terminan contando tanto como los novios. Mientras tanto, queda flotando la pregunta con la que Figueiras cerró su charla y que vale para cualquier pareja que esté por pasar por el Registro: qué detalles, pequeños y casi invisibles, son los que terminan haciendo que una celebración se sienta verdaderamente personal.

SF
Silvia FerraroCultura y espectáculos

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