El Coyote vuelve a la carga: una película con juicio, physics y mucha paciencia
La nueva entrega de los Looney Tunes mezcla al clásico personaje animado con Will Forte en un relato que combina humor físico, cine de juicios y esa obstinación que siempre terminó con el Coyote suspendido en el aire, a punto de caer.

Yo lo confieso: cada vez que veo al Coyote preparando una de sus trampas imposibles, con esa determinación que ya quisiera para mí los lunes a la mañana, no puedo evitar sentir algo que va mucho más allá de la risa. Hay algo entrañable en ese personaje que se niega a aceptar que la física, el sentido común y el Correcaminos están siempre en su contra, y que igual vuelve a intentarlo con una sonrisa que ya es marca registrada. Por eso me llamó tanto la atención que alguien haya decidido darle, por fin, una película entera para él solo, con un juicio de por medio y con un partenaire humano como Will Forte, que tiene esa cara de bueno que parece hecha a medida para cruzarse con un dibujo animado que no conoce la palabra rendición.
La propuesta, que se llama Coyote vs. Acme, tiene una duración superior a los 90 minutos y articula su historia alrededor de los intentos fallidos, la perseverancia y los conflictos que terminan acercando a sus dos protagonistas, uno de carne y hueso y otro hecho de tinta y píxeles. Lo que más me interesa como espectadora es que el film recoge aquella dinámica clásica de los cortos de los Looney Tunes, esa sucesión de planes elaborados con matemática precisión que igual terminan con el Coyote suspendido en el vacío o aplastado por una roca de dos toneladas, y la estira hasta convertirla en una narración de largo aliento, con sus idas y vueltas, sus golpes bajos y, sobre todo, con esa terquedad conmovedora que ya es patrimonio del personaje.
Un personaje que ya es parte de la historia
Para entender de qué se trata la película, conviene hacer un poco de memoria y remontarse a aquellos cortos en los que el Coyote perseguía al Correcaminos por desiertos que parecían tener más trampas que un programa de Adrián Suar. Ahí lo vimos diseñar mecanismos cada vez más sofisticados, recurrir a todo tipo de artefactos, estudiar la aerodinámica con la seriedad de un físico de la NASA, solo para terminar cayendo al precipicio o recibiendo en la cabeza el mismísimo artilugio que había fabricado con tanto esmero. La elaboración de cada intento convive, en esos clásicos, con un desenlace adverso que ya se volvió parte del folklore audiovisual.
Coyote vs. Acme retoma esa dinámica, esa lógica de la insistencia recompensada únicamente con la satisfacción de haberlo intentado, y la pone al servicio de una trama más larga, donde las caídas, los golpes y las situaciones que desafían las leyes de la física conviven con una búsqueda de justicia y con recursos del cine de juicios, algo que en una primera lectura parece desentonar con el humor del personaje, pero que termina resultándole bastante natural a este Coyote que, después de todo, lleva décadas peleando contra lo imposible.
Animados y humanos, una fórmula con antecedentes
- Space Jam reunió a los Looney Tunes con Michael Jordan y convirtió a los dibujos en protagonistas de una aventura con dimensiones épicas.
- Looney Tunes: De nuevo en acción volvió a apostar por la combinación de actores reales y personajes animados en una historia de escala mayor.
- En ambos casos, los humanos ocuparon un lugar central en el conflicto y los dibujos aportaron situaciones de caos y humor físico.
- Coyote vs. Acme se inscribe en esa línea, pero pone al Coyote en el centro de la escena y le suma el registro del drama judicial.
Ahora bien, a mí lo que más me seduce de esta película es esa voluntad de tomarse en serio, y al mismo tiempo no tomarse nada en serio, que tiene el Coyote desde siempre. Es un personaje que nos enseñó que perder no es lo mismo que darse por vencido, y que cada fracaso es apenas una invitación a diseñar un plan nuevo, un poquito más loco que el anterior. Cuando uno mira la historia del género, encuentra que esa insistencia muchas veces fue el motor cómico de los cortos, y llevarla a un largometraje con un juicio incluido es, cuando menos, una apuesta atractiva que promete más de un momento de esos en los que uno se ríe y, sin querer, termina aplaudiendo al dibujo que acaba de caer al barranco.
Si tengo que ser honesta, todavía no la vi en pantalla grande, y por eso me guardo las definiciones grandilocuentes para cuando me siente en la butaca con mis pochoclos y deje correr los más de 90 minutos de metraje. Pero lo que conozco del material y de la decisión de poner al Coyote junto a un personaje humano interpretado por Will Forte me alcanza para recomendársela, sobre todo a quienes, como yo, crecieron viendo estos cortos en la tele de la cocina, en el living de la casa de los abuelos, en esa sobremesa de domingo donde una generación entera aprendió que la perseverancia, aunque sea dibujada, también puede ser heroica. Vayan a verla, llévense a alguien que quiera reírse un buen rato, y después me cuentan, porque yo quiero saber si a ustedes también les pasa eso de terminar el film con una sonrisa medio nostálgica, como despidiéndose de un viejo amigo que sigue sin atrapar al Correcaminos, pero que por suerte nunca dejó de correr detrás de él.
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