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Sábado, 17 de octubre de 2026
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El cuerpo como cuenta pendiente: lo que el rencor crónico le hace al organismo sin que el paciente lo advierta

Un agravio guardado durante años no se queda en la cabeza: recalibra la presión arterial, desordena el sueño y vuelve al sistema inmune más vulnerable. La psiquiatría advierte que el organismo paga una factura que nadie firma.

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Emanuel CastilloEducación y universidad · · 2 min de lectura
El cuerpo como cuenta pendiente: lo que el rencor crónico le hace al organismo sin que el paciente lo advierta

Guardar una ofensa sin procesarla no es un gesto de fortaleza ni un simple archivo mental. Es, según la lectura clínica actual, una orden encubierta que el cuerpo ejecuta como si la amenaza original siguiera viva. Y la ejecuta durante años.

A diferencia de la bronca puntual —que llega con fuerza y se disipa en horas o en días—, el rencor implica volver sobre el agravio una y otra vez, sin que la intensidad baje con el tiempo. Puede sostenerse durante décadas, alimentado por una traición, una injusticia laboral, una ruptura sentimental o un conflicto familiar nunca cerrado.

¿Qué pasa primero en el cuerpo?

El primer registro se da en el sistema cardiovascular. La presión arterial queda elevada de forma crónica y la frecuencia cardíaca se acelera incluso en reposo, porque el organismo interpreta el recuerdo del agravio como un peligro actual y dispara los mismos circuitos de alarma que usaría frente a un riesgo real. Ese estado de alerta repetido aumenta el riesgo de enfermedad coronaria.

¿Y qué ocurre con las hormonas y el sueño?

El costo hormonal corre en paralelo. El cortisol, la hormona asociada al estrés, permanece alto más tiempo del que debería. Esa elevación sostenida altera el sueño, favorece la acumulación de grasa abdominal y reduce la sensibilidad a la insulina, lo que puede abrir la puerta a trastornos metabólicos.

  • Presión arterial elevada de manera crónica y frecuencia cardíaca acelerada en reposo.
  • Cortisol alto durante más tiempo del necesario, con insomnio y ganancia de grasa abdominal.
  • Menor sensibilidad a la insulina, que puede desembocar en problemas metabólicos.
  • Defensas inmunológicas debilitadas e inflamación de bajo grado, asociada a enfermedades crónicas.
  • Tensión muscular persistente en cuello, mandíbula y espalda, con cefaleas tensionales sin causa médica aparente.
  • Malestar digestivo ligado al eje intestino-cerebro, especialmente sensible al estado emocional.
  • Fatiga que no se explica por el esfuerzo físico, sino por sostener una respuesta de emergencia que el cuerpo diseñó para ser breve.

¿Qué dice la psiquiatría?

“El cuerpo que paga la factura es siempre el propio.”Norberto Abdala, especialista en psiconeuroendocrinología

Abdala precisa que no existe evidencia sólida para atribuir al rencor una enfermedad específica, pero sí para sostener que mantiene activados mecanismos perjudiciales para el organismo de forma prolongada. El resto —corazón, defensas, músculos, aparato digestivo— corre por cuenta del paciente.

EC
Emanuel CastilloEducación y universidad

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