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Ecos del Oeste

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El fantasma inglés de "Dos hombres y medio": Hugh Grant estuvo a un firma de reemplazar a Charlie Sheen y se arrepintió en la puerta

Chuck Lorre revela en sus memorias que el actor británico rechazó una oferta de 750.000 dólares por episodio, con semana laboral de cuatro días, porque grabar con público en el estudio le generaba un miedo genuino. Ashton Kutcher terminó ocupando el sillón desde 2011 hasta el final del ciclo, en 2015.

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Silvia FerraroCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
El fantasma inglés de "Dos hombres y medio": Hugh Grant estuvo a un firma de reemplazar a Charlie Sheen y se arrepintió en la puerta

Hay una frase de Hugh Grant, repetida en más de una entrevista, que suena a confesión íntima: "actuar frente a una multitud de desconocidos me sigue dando más miedo que cualquier alfombra roja". Esa confesión, hecha pública en distintos momentos de su carrera, vuelve ahora a cobrar una dimensión inesperada gracias a las memorias que Chuck Lorre, el creador de "Dos hombres y medio", está a punto de publicar bajo el título "Sitcom".

Quiero contarles lo que yo no sabía y seguramente muchos de ustedes tampoco: en el momento más crítico de la serie más exitosa de CBS, cuando Charlie Sheen se fue por la puerta de servicio en medio de un escándalo que copó titulares en todo el mundo, la primera opción que manejaron los productores para reemplazarlo no fue Ashton Kutcher. Fue, ni más ni menos, Hugh Grant.

La reunión que casi cambia la televisión estadounidense

Cuando Sheen dejó "Dos hombres y medio" en 2011, el programa atravesaba uno de sus picos de rating más altos y, al mismo tiempo, una crisis interna que amenazaba con llevarse todo puesto. Lorre y su socio creativo Lee Aronsohn necesitaban resolver la situación rápido y, según el adelanto del libro, se sentaron cara a cara con el actor británico para tantearlo.

No fue una charla de café. Escribieron un par de escenas de prueba para mostrarle cómo sería su personaje. Le plantearon números concretos: 750.000 dólares por episodio y una jornada laboral de apenas cuatro días por semana, una condiciones difíciles de rechazar en cualquier punto del mapa y más todavía en la cima del éxito.

  • Chuck Lorre y Lee Aronsohn escribieron escenas piloto para mostrarle a Grant cómo sería su personaje.
  • La oferta económica era de 750.000 dólares por episodio, con semana laboral de cuatro días.
  • El actor planteó su miedo a actuar frente a público en vivo, habitual en las sitcoms norteamericanas.
  • Lorre propuso grabar sin público y sumar risas grabadas en posproducción.
  • Grant llegó a tener el contrato en la mesa, pero se levantó y dejó de responder.
  • Ashton Kutcher asumió el rol desde septiembre de 2011 y se mantuvo hasta febrero de 2015.

Hasta acá, todo parecía encaminado. Pero entonces apareció el obstáculo que nadie había anticipado y que cambió el destino de la serie: Grant les dijo que la idea de actuar frente a una audiencia en vivo, ese público que ríe y aplaude sentado en las gradas del estudio, le provocaba un miedo genuino, de esos que no se disimulan con un par de copas de vino antes del rodaje. Es un formato clásico de la sitcom norteamericana, ese que vimos toda la vida en "Friends", "Seinfeld" o "Cómo conocí a tu madre", pero que para un actor formado casi exclusivamente en cine y en la comedia inglesa de textura más íntima puede sonar intimidante.

Lorre, que conoce el oficio como pocos, le ofreció una salida elegante: prescindir del público en el plató y trabajar con las llamadas "risas enlatadas", esas que se suman en la posproducción para mantener el ritmo cómico de cada chiste. La propuesta era, en los papeles, una solución salomónica. Y sin embargo no alcanzó.

El contrato quedó sobre la mesa y la silla, vacía

Lorre relata en sus memorias que Grant estuvo a punto de firmar. Literalmente, con la lapicera en la mano. Pero en el último momento se levantó, abandonó la reunión y, según el libro, dejó de responder llamadas y mensajes. Pocas horas después, su entorno comunicó que la decisión estaba tomada: no se incorporaba.

Mientras esa silla quedaba vacía en algún despacho de Los Angeles, la producción seguía su curso y los teléfonos sonaban. Ashton Kutcher, que por entonces estaba en plena transición de estrella de cine a figura de la pantalla chica, terminó cerrando el acuerdo. Debutó en la temporada nueve, estrenada en septiembre de 2011, y permaneció en la serie hasta el final definitivo del programa, en febrero de 2015.

Lo que me queda dando vueltas, y se los comparto porque creo que vale la pena pensarlo un rato, es la pregunta del epílogo del material: ¿hubiera cambiado algo el rumbo de la serie con Hugh Grant como protagonista? Uno tiende a imaginar que sí, porque Grant es Grant y arrastra un magnetismo cinematográfico que Kutcher, con todo su carisma, no terminaba de igualar. Pero también pienso que el humor de "Dos hombres y medio" tiene una lógica muy estadounidense, muy de cómico de tres cámaras y remates medidos al milímetro, que a un actor inglés le hubiera costado hacer suyo sin chocar con el público del estudio. O quizá, justamente por eso, le hubieran servido las risas grabadas que le ofrecieron.

Sea como sea, la anécdota sirve para entender una cosa que a veces olvidamos cuando vemos la tele desde el sillón: detrás de cada serie que llega a la pantalla hay un casting que se mueve como una partida de ajedrez, y en este caso la corona terminó en la cabeza de Kutcher por un ataque de pánico ajeno. Si me preguntan a mí, les recomiendo pegarles una mirada a las memorias de Lorre cuando salgan, porque prometen contar varias de estas historias internas que nunca habíamos escuchado. Y si todavía no vieron el arco de Ashton Kutcher en "Dos hombres y medio", dense el gusto: hay temporadas muy disfrutables que suelen quedar tapadas por el ruido del final.

SF
Silvia FerraroCultura y espectáculos

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