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El ritual de escuchar sin pantalla: cómo Artlab recuperó el sonido analógico en un galpón de Chacarita

En 540 metros cuadrados de Roseti 93, Gonzalo Solimano armó un espacio alrededor de ocho parlantes de los años cincuenta, sesiones de house y la escucha de álbumes completos. Este domingo, además, cierra la octava edición porteña del festival MUTEK.

EC
Emanuel CastilloEducación y universidad · · 3 min de lectura
El ritual de escuchar sin pantalla: cómo Artlab recuperó el sonido analógico en un galpón de Chacarita

Artlab ocupa 540 metros cuadrados en Roseti 93, pleno corazón de Chacarita, y desde 2015 funciona como una rareza dentro del mapa cultural porteño: un lugar donde la música no se mira en una pantalla, se escucha. Lo dirige Gonzalo Solimano, DJ y productor nacido en Villa Urquiza en 1979, que construyó la propuesta alrededor de una colección de ocho sistemas de parlantes Altec modelo A7 fabricados en 1954. Según el propio Solimano, hay indicios de que esos equipos salieron de un cine emblemático de Buenos Aires, aunque la procedencia todavía no pudo confirmarse.

En tiempos de reproducción infinita y atención fragmentada, el espacio propone algo que parece de otra época: detenerse. El corazón del lugar son dos ciclos regulares. Audiófilos convoca a escuchar un álbum completo, sin distracciones, en vinilo, CD o archivos lossless según qué formato rinda mejor para cada obra. El programa puede ir de Miles Davis a Pink Floyd, de Invisible a Massive Attack. Círculo de Sonido, en cambio, sostiene la tradición bailable del house, con Solimano y otros DJs en consola.

Luciana tiene 34 años y empezó a ir a Audiófilos en 2022, empujada por una amiga que le insistió con que tenía que escuchar In a Silent Way de Miles Davis en aquellos parlantes. Cuenta que esa noche entendió algo que el streaming le había borrado: la diferencia entre un disco bien masterizado y uno que sólo suena alto. Desde entonces vuelve cada vez que el ciclo le cruza con un álbum que le interesa, y ya perdió la cuenta de cuántos vinilos compró después de una sesión.

¿Qué se viene este fin de semana?

Este domingo cierra en Artlab la octava edición porteña del festival MUTEK, nacido en Canadá en 2000 y traído al país por Solimano en 2018. La propuesta apunta a la música electrónica experimental, el arte audiovisual y las nuevas tecnologías, con una escala y un perfil muy distintos a los festivales masivos del género. Es, en cierto modo, la contracara de la fiesta multitudinaria: un formato pensado para prestar atención a cada detalle sonoro.

Solimano advierte sobre un cambio generacional que él mismo observa en su público. Veo a las nuevas generaciones con muchas ganas de volver a tener objetos físicos y creo que estos formatos ayudan a construir rituales alrededor de la música, dice. Junto al retorno del vinilo, nota un despertar del interés por el CD, un formato que muchos dieron por muerto y que en su espacio vuelve a tener sentido justamente por su calidad de objeto.

Sobre otra de las grandes discusiones del presente musical, el uso de inteligencia artificial, su postura es directa. Es un recurso muy potente y la clave es que te asista para crecer en tu investigación y para simplificar procesos, no que haga tu obra por vos, señala. La definición no es menor en un ámbito donde la experimentación sonora convive con debates de y de autoría cada vez más urgentes.

  • Dónde: Roseti 93, Chacarita, Buenos Aires.
  • Superficie: 540 metros cuadrados dedicados a música electrónica y arte audiovisual.
  • Equipamiento central: ocho sistemas de parlantes Altec modelo A7, fabricados en 1954.
  • Ciclos regulares: Audiófilos (escucha de álbum completo) y Círculo de Sonido (sesiones de house).
  • Evento próximo: cierre de la octava edición porteña de MUTEK, este domingo.

¿Qué falta para que el sonido analógico sea opción y no curiosidad?

Queda, por ahora, una cuenta pendiente que el propio Solimano reconoce: confirmar de qué cine porteño salieron los Altec A7 que sostienen el alma del lugar. Mientras esa historia se completa, el espacio sigue ofreciendo algo escaso en la oferta cultural de Buenos Aires: la posibilidad de escuchar un álbum entero, de principio a fin, en un sistema que ya tenía más de una década de vida cuando el rock argentino empezaba a grabarse. Para quienes nunca fueron, la cita es Roseti 93. Para quienes ya fueron, el regreso es casi inevitable.

EC
Emanuel CastilloEducación y universidad

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