El último taller de Suipacha: cómo se fabrica el zapato que sostiene al tango
Antonio Ávalos empezó a los 18 años junto a su padre y hoy produce unos 50 pares por semana en un local de microcentro porteño donde conviven showroom y fábrica. La altura del taco, la inclinación de la suela y hasta el tipo de costura son decisiones técnicas que definen el giro, la estabilidad y hasta la salud del bailarín.

En la calle Suipacha al 600, a metros del río y del ruido de las oficinas del microcentro, un local angosto esconde un oficio que sobrevive al ritmo del dos por cuatro. Allí, entre muestrarios colgados de la pared y hormas de madera apiladas, Antonio Ávalos, de 46 años, fabrica alrededor de 50 pares de calzado de tango por semana junto a su mujer Analía, que atiende al público, y a su hijo Tobías, de 24, que ya se adueñó de las máquinas del taller.
La historia empieza mucho antes de que Ávalos abriera las puertas de Todo Tango Shoes. Su padre, Eugenio, fue modelista de calzado y llegó a representar a Christian Dior en la Argentina, en una época en que las mujeres argentinas iban a trabajar con taco aguja. De ese aprendizaje casero, nacido por necesidad más que por vocación, salió un oficio que hoy sostiene a una pequeña empresa familiar.
“Papá era mi maestro. De chico no teníamos mucho dinero y a mí me gustaban las zapatillas que no me podían comprar. Entonces me enseñó a hacerlas.”Antonio Ávalos, fabricante de calzado de tango
¿Cómo se diseña un zapato de tango?
A diferencia de la industria convencional, en este taller el proceso empieza sobre la horma y no sobre un papel. Ávalos dibuja directamente sobre la forma de madera, marca los trazos, recorta las piezas y arma un prototipo en talle 37 que coloca en la vidriera. Si el modelo atrae miradas y se vende, un escalista ajusta los moldes a toda la numeración y el calzado recorre las etapas de corte, aparado, armado, colocación de suela y terminación. Esa lógica de prueba y error en la propia calle es una de las claves del negocio.
¿Por qué el taco no es solo una cuestión de estética?
La altura del taco, que va de los 5,5 a los 9 centímetros según el cliente, esconde una definición técnica. No es un capricho visual sino una decisión que cambia la pisada. Ávalos lo resume con una frase que repite cada vez que alguien le pide un taco que no se sostiene: un taco de 7 centímetros sobre una horma de 9 hace que el zapato pise chueco, ya sea en la punta o en el talón. Esa inclinación equivocada termina definiendo el eje del bailarín, la precisión del giro y la seguridad del deslizamiento.
¿Qué suela se usa y para qué sirve cada una?
- Cromo: se usa en pisos pulidos, donde el zapato no resbala pero sí desliza, y es la opción clásica para milongas en salones.
- Cuero: se adapta a cualquier superficie y fue el material elegido cuando el tango se mudó a las plazas durante la pandemia.
- Zapatillas: derivadas del calzado de jazz, llevan suela de cromo en lugar de goma y son las preferidas para prácticas y milongas informales.
¿Qué pasa con el resto de la producción?
El local no se limita al tango. También fabrica modelos para bachata, con múltiples tiras en el empeine y taco chupete, y para rock. Los materiales que entran al taller incluyen cuero, telas, billoné, glitter, charol y estampados, en buena medida traídos de China y de Brasil. Ávalos, igual, mira con recelo el cuero ecológico: dice que tiene vencimiento y se deteriora con el uso, una postura que lo deja atado a un insumo que en la Argentina escasea y se encarece.
Lo que falta es lo de siempre: una renovación generacional que en otros rubros ya colapsó y que aquí, contra todos los pronósticos, parece asegurada con Tobías adentro del taller. Mientras esa transición se completa, en Suipacha siguen saliendo, semana tras semana, los 50 pares que sostienen a miles de bailarines en una ciudad que todavía se reconoce en el tango.
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