Entre jirafas, guerreros masái y los Cinco Grandes: la aventura africana de Anamá Ferreira
La modelo y conductora completó un itinerario por Kenia y Tanzania que combinó conservación animal, historia literaria y la inmensidad de la sabana. Acá, su recorrido, paso a paso.

Hay una frase que los viajeros más memoriosos suelen repetir, y que a mí, cada vez que la escucho, me golpea en el mismo lugar: "Viajar es lo único que compras y te hace más rico". Se la adjudican a tantos que ya perdió autor, pero a Anamá Ferreira le habría quedado como anillo al dedo en los últimos días, cuando volvió de un recorrido por Kenia y Tanzania que combinó todo aquello que uno imagina cuando piensa en el África oriental: jirafas al alcance de la mano, la casa de una escritora que se hizo leyenda, guerreros saltando en la sabana y los famosos Cinco Grandes observados en libertad.
La aventura comenzó en Nairobi, la capital keniana, donde la modelo y conductora se acercó al Giraffe Centre, un centro dedicado desde hace décadas a la protección de la jirafa de Rothschild, una subespecie en peligro de extinción. Allí, según contó ella misma, vivió uno de esos momentos que se quedan grabados para siempre: alimentar a los animales, estar a centímetros de sus cabezas y, claro, sacarse alguna que otra selfie con esos bichos tan altos como curiosos. "Hoy viví uno de esos momentos que quedan para siempre en el corazón", escribió al compartir las imágenes, y agregó, con una emoción que se le notaba en cada palabra: "Estar tan cerca de ellos, darles de comer y hasta poder sacarme una selfie fue simplemente inolvidable".
La casa donde habitó la autora de Memorias de África
Pocas cuadras más allá, en las afueras de Nairobi, Ferreira se detuvo en el Museo Karen Blixen, la antigua residencia de la escritora danesa que durante años vivió en esa misma casa y que después inmortalizaría su paso por Kenia en la célebre novela que después llevó al cine la inolvidable Meryl Streep. Caminar por los mismos ambientes donde la autora escribió, pensar que ahí transcurrió parte de esa historia, no es un dato menor: es, para quien lo transita, una manera concreta de entender de dónde salieron ciertas páginas. "Caminar por su casa y pensar que acá transcurrió parte de esa historia es bastante mágico", resumió Ferreira, y la frase, simple, alcanza para transmitir la experiencia.
El corazón masái del viaje
El tramo que ella misma señaló como uno de los más fuertes fue el encuentro con la comunidad masái en pleno Masái Mara, la reserva que comparten Kenia y Tanzania y que es, para muchos, el escenario soñado de cualquier safari. Ahí, la conductora se detuvo en detalles que suelen pasar desapercibidos para el visitante apurado: la shuka, la tela de color rojo intenso que los masái envuelven sobre el cuerpo como un manto y que se volvió, con el tiempo, un símbolo reconocible a kilómetros de distancia; y los adornos de cuentas que llevan en el cuello, las orejas y las muñecas, que en su idioma funcionan como marcas de identidad y también de estatus social dentro de la comunidad. No fue una visita de mirones: Ferreira participó además de la danza adumu, ese salto vertical que los jóvenes guerreros ejecutan cada vez más alto como parte de un ritual de pasaje, y que es, probablemente, la imagen más asociada al pueblo masái en cualquier documental.
Cruzando a Tanzania, en busca de los Cinco Grandes
El itinerario siguió hacia el sur y cruzó la frontera con Tanzania, donde esperaban dos paradas ineludibles para cualquier amante de la vida silvestre: el Serengueti, con sus llanuras infinitas, y el cráter del Ngorongoro, una caldera volcánica convertida en santuario natural. Allí, según contó Ferreira, pudo observar en libertad a los cinco animales que los guías de la región llaman los Cinco Grandes: el león, el leopardo, el elefante, el rinoceronte y el búfalo. Ella misma reconoció que ver a esos cinco animales en su propio hábitat era uno de los grandes objetivos del viaje, una manera de entender por qué tantos visitantes vuelven a esa zona una y otra vez: no se trata solo de verlos, sino de verlos en la escala que les corresponde, sin rejas, sin vidrio, sin horario.
Atardeceres, familias y la pregunta que queda
A lo largo del recorrido, la conductora también se tomó tiempo para lo que suele quedar afuera de los folletos turísticos: los atardeceres larguísimos sobre los lagos de la zona, los intercambios con familias y chicos de comunidades locales, y las conversaciones que, según sus propias palabras, resultaron "profundamente enriquecedoras". Esa parte del viaje, la que no siempre entra en una postal, es, a mi entender, la que termina dándole forma al recuerdo.
Si me dejan cerrar con una recomendación en primera persona, que es lo que suelo hacer cuando una historia me atrapa como esta: vale la pena tomarse el trabajo de armar un recorrido que combine fauna, historia y encuentro con comunidades locales, porque África oriental no se agota en un safari. Y si pudiera elegir, me quedo con la idea de sumar al menos una noche en una casa masái, aunque sea para escuchar de primera mano cómo se teje esa shuka roja que tantas veces vimos en fotos. Para mí, ese es el tipo de viaje que después se cuenta, no el que se presume.
“Caminar por su casa y pensar que acá transcurrió parte de esa historia es bastante mágico.”Anamá Ferreira, sobre la visita al Museo Karen Blixen
- Giraffe Centre de Nairobi, para conocer de cerca a la jirafa de Rothschild.
- Museo Karen Blixen, la antigua residencia de la autora danesa en Kenia.
- Comunidad masái en el Masái Mara, con la shuka roja y la danza adumu como protagonistas.
- Serengueti y cráter del Ngorongoro, en Tanzania, para buscar a los Cinco Grandes en libertad.
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