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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Ecos del Oeste

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Fernando Confessore y la despedida de un meteorólogo que se volvió parte de la mesa familiar argentina

Tenía 58 años, más de tres décadas frente a cámaras y una muerte que sacudió a colegas y espectadores. El recuerdo de quien convirtió el pronóstico del tiempo en una cita cotidiana y entrañable.

SF
Silvia FerraroCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
Fernando Confessore y la despedida de un meteorólogo que se volvió parte de la mesa familiar argentina

Me lo imagino todavía con la corbata azul y el mapa satelital de fondo, esa sonrisa tranquila de alguien que sabe que la lluvia puede cambiarle el plan a cualquiera y que aun así elige explicarla con palabras amables. Fernando Confessore murió el viernes en su casa de Versailles, en la zona oeste del conurbano bonaerense, y la noticia corrió rápido por los teléfonos de miles de argentinos que durante más de treinta años leyeron el clima en su voz, porque para una buena parte del país el día empezaba con su pronóstico antes de tomar el primer mate. Tenía 58 años, tres hijas (Julieta, Candela y Jimena), estaba casado con Paula Franco y, según cuentan quienes lo conocieron, se fue como le gustaba vivir: de manera imprevista, sin estridencias, dejando a todos con la sensación de que todavía había pronóstico para rato.

Una vocación que nació bajo el agua

Confessore solía contar que su vocación había nacido el 31 de mayo de 1985, una jornada que los porteños recuerdan como una de las peores inundaciones de la historia: 330 milímetros en 48 horas, un cuarto de la ciudad bajo agua y catorce muertos. Él tenía 16 años e iba camino al colegio cuando se topó con el agua a la altura de las rodillas. Miró al cielo y entendió que quería contarle a la gente qué iba a pasar con el tiempo para que nadie volviera a quedar desprevenido. Esa anécdota, repetida por colegas y amigos, explica buena parte de su estilo: un meteorólogo que no se conformaba con marcar isobaras, sino que se sentía responsable de traducir el lenguaje del cielo para el vecino que tenía que sacar el auto, colgar la ropa o decidir si suspendía el asado del domingo.

“Yo voy a estar siempre. Estaba acá, no me veías, pero estaba acá. Siempre presente.”Fernando Confessore, en su último programa, el jueves por la tarde

Santiago do Rego, conductor y colega de muchos años de noticiero, rescató esa frase como ejemplo del carácter de Confessore: alguien que parecía más cómodo en segundo plano que en el centro de la escena, pero que cuando tomaba la palabra se hacía imprescindible. El propio Santiago recordó la frase del joven Fernando mirando la inundación de 1985: ese fue el momento en que dijo "tengo que contarle a la gente qué va a pasar para que esté preparada", una definición que, a la distancia, funciona como una especie de retrato profesional de toda su carrera.

El libro, el club y la mesa de los argentinos

En 2006, junto con Mauricio Saldívar, Confessore publicó "Meteorología para todos", un título modesto en la forma pero ambicioso en la intención: acercar una disciplina técnica a un público masivo sin traicionar la ciencia. Saldívar lo despidió con una foto de ambos bajo cielo abierto y un mensaje breve, casi contenido, que decía mucho: "Qué tristeza y sorpresa enorme. Un placer haber compartido contigo la pasión por la meteorología. Hasta siempre, Fernando. Gracias por tanto, y un abrazo a tu familia." El Club Atlético Vélez Sarsfield, del que Confessore era socio y fanático, emitió un comunicado en el que destacó su claridad para comunicar, su profesionalismo y su cercanía con el público, y habló de "una profunda tristeza en la familia velezana" por su partida.

Sus colegas de cámara lo recordaron con el mismo tono con el que él solía hablar del clima: con humor y sin. Cecilia Martí, que compartía días de noticiero con él, eligió la picardía: "Confe, ¿va a nevar en Buenos Aires? Me divertía mucho picantearte y vos, siempre con esa respuesta tan seca, terrenal y divertida." Eleonora Cole lo definió como "sencillo, de perfil bajo, profesional como pocos y un tipazo de corazón enorme". Y su hija mayor, Julieta, jugadora de vóley, publicó en sus redes dos historias con fotos familiares y una sola frase que resume un duelo entero: "Te voy a amar y extrañar toda la eternidad".

En lo personal, me cuesta escribir esta nota sin pensar en esas mañanas en las que uno prendía la tele antes de salir y, sin buscarlo, terminaba aprendiendo algo. Confessore tenía ese don poco frecuente de convertir un parte meteorológico en una pequeña clase de geografía argentina, con nombres de provincias, frentes fríos y vientos que uno no sabía que existían hasta que él los nombraba. Por eso me parece justo recordarlo no por la forma en que se fue, tan abrupta y dolorosa, sino por la huella que dejó: la de un profesional que entendió que informar el clima también es cuidar a la gente. Si mañana, al mirar el cielo gris de un día cualquiera, alguien se acuerda de revisar el pronóstico y de llevarse el paraguas, ahí va a estar un pedacito de Fernando. Como él mismo dijo en su última salida al aire: siempre presente.

SF
Silvia FerraroCultura y espectáculos

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