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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Ecos del Oeste

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Fito Páez, la fila, el show y la seguridad que se excedió

El músico rosarino frenó su recital en Mar del Plata para defender a un público que, según su mirada, estaba siendo maltratado por el personal que debía cuidarlo. La discusión de fondo, vieja como las tribunas, volvió a quedar en el centro de la escena.

SF
Silvia FerraroCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
Fito Páez, la fila, el show y la seguridad que se excedió

Yo sé que no es la última cena, ya lo sé, pero una noche puede cambiarlo todo. A veces, una sola frase, dicha en el momento justo y con la garganta caliente, vale más que cualquier comunicado corporativo. Eso fue lo que pasó en el Polideportivo Islas Malvinas de Mar del Plata, donde Fito Páez decidió cortar el ritmo de su propio show para mirar hacia las butacas y decir lo que nadie se animaba a decir en voz alta.

La cuestión empezó con algo que, sobre el papel, parece administrativo: el control de las localidades numeradas. Había sectores con distintos precios y ubicaciones asignadas, y la producción había dispuesto un operativo para impedir que los espectadores dejaran sus filas y avanzaran hacia lugares más cercanos al escenario. La idea, razonable en abstracto, era que cada uno bailara y se pusiera de pie en la localidad que había pagado. Lo que nadie había previsto era cómo se traduciría esa orden en la práctica, ni quién terminaría pagando el costo de la confusión.

El momento en que Fito bajó la música

“No son policía, loco, son seguridad. No pueden tocar a la gente.”Fito Páez, durante el recital

El cantante interrumpió el desarrollo del espectáculo, se dirigió al público y pidió que nadie se dejara avasallar. No fue un exabrupto al voleo: fue un músico que vio algo que no le gustó en medio de un show propio y decidió, como tantas veces, poner el cuerpo. Después, en sus redes sociales, fue todavía más lejos y sostuvo que el personal cuestionado no había sido contratado por sus representantes, una aclaración que buscó despegar a su equipo de cualquier responsabilidad en el operativo. Exploté y no me arrepiento de una sola palabra que dije con la adrenalina en sangre, escribió, dejando en claro que la autocrítica no formaba parte del menú.

La otra vereda, la que también tiene razón

Porque en estas cosas, como en casi todo, conviven varias verdades al mismo tiempo. La producción reconoció que algunos trabajadores pudieron haber interpretado mal la consigna y haber pedido al público que se sentara, algo que jamás estuvo en el espíritu del operativo. Las indicaciones fueron corregidas sobre la marcha, durante el mismo recital, para que el control de ubicaciones no se transformara en una invitación a quedarse quieto. Pero al mismo tiempo, la productora recibió mensajes de asistentes molestos con la interrupción del show y de otros que reclamaban que se respetaran los asientos adquiridos: también había espectadores de filas posteriores que pretendían avanzar hacia el escenario, y eso, claro, no puede quedar sin respuesta.

  • Impedir que los espectadores abandonaran su localidad para ocupar lugares más cercanos al escenario.
  • Permitir que cada persona se levantara, bailara y cantara dentro de la fila que había comprado.
  • Corregir durante el show cualquier indicación malinterpretada por el personal de seguridad.
  • Atender los reclamos posteriores, tanto de quienes se sintieron maltratados como de quienes vieron subutack: como quien ve avasallado su lugar pagado.

Una discusión que vuelve cada vez que hay platea numerada

El Polideportivo Islas Malvinas, con su historia grande de recitales y de eventos deportivos, otra vez fue escenario de un debate que se repite en cuanto estadio con localidades asignadas: ¿dónde termina la libertad de disfrutar un show y dónde empieza el derecho del que pagó más por estar adelante? Para mí, la respuesta no está en sentarse ni en pararse, sino en cómo se trata a la gente mientras se organiza una sala llena. Un recital es, ante todo, un encuentro entre artistas y público, y cuando la seguridad pierde de vista eso, la música se corta sola, como se cortó en Mar del Plata.

Si me preguntan a mí, que soy de las que prefiere pararse en la tercera fila y cantar hasta afónica, les digo esto: vayan a ver a Fito Páez cada vez que puedan, compren su entrada en el lugar que les alcance el bolsillo, pero no acepten que nadie, con chaleco fluorescente o sin él, los trate como si fueran un estorbo. Un show se hace entre todos, o no se hace. Y a veces, como enseñó el rosarino en este escenario marplatense, hace falta decirlo en voz alta para que el resto se anime a repetirlo.

SF
Silvia FerraroCultura y espectáculos

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