Gates quiere un organismo global para controlar la IA y ya mueve hilos con China
El cofundador de Microsoft presentó un plan que mezcla la lógica de las inspecciones nucleares, la aviación civil y el Protocolo de Montreal para crear un ente supranacional que audite sistemas de inteligencia artificial. También impulsa un encuentro con Xi Jinping y propone impuestos a empresas que reemplacen empleados con IA.

¿Tiene sentido que el mundo se ponga de acuerdo para regular la inteligencia artificial antes de que sea demasiado tarde? Bill Gates cree que sí, y esta semana dio un paso concreto: publicó un documento en el que propone crear un organismo global con poder de auditoría sobre los sistemas de IA. La idea suena grande, pero el referente que eligió para explicarla es bien cotidiano: así como existen inspecciones nucleares o reglas de la aviación civil, debería haber algo similar para los modelos más poderosos.
Tres modelos ya existentes para una tecnología nueva
El planteo de Gates se apoya en tres marcos que ya funcionan, aunque sea imperfectamente:
- El régimen de inspecciones nucleares, que surgió después de la Segunda Guerra Mundial y hoy permite supervisar el uso de material atómico.
- Los estándares de seguridad de la aviación civil, coordinados por organismos internacionales que auditan aviones y aerolíneas.
- Los acuerdos multilaterales que frenaron el deterioro de la capa de ozono, con compromisos país por país que terminaron eliminando ciertas sustancias.
La comparación con la capa de ozono no es casual: en los ochenta el mundo logró ponerse de acuerdo para dejar de producir ciertos gases, y funcionó. Gates sugiere que algo similar es posible con la IA, aunque aclara un punto clave: todavía no definió si ese nuevo ente debería crearse de cero o si conviene ampliar una institución ya existente.
China, la pieza clave (y difícil)
Para Gates, ninguna regulación sirve si Estados Unidos y China no se sientan en la misma mesa. Por eso su equipo trabaja en un encuentro con el presidente Xi Jinping, previsto en principio para noviembre, aunque no está confirmado. La lógica es pragmática: si Washington mueve primero con restricciones sobre determinados modelos, Beijing podría sumarse y, según Gates, "el mundo entero se sumaría a esa iniciativa".
Qué se controlaría y qué no
El foco está puesto en los sistemas capaces de diseñar moléculas o de facilitar ataques biológicos. Gates aclaró que supervisar esos usos no significa paralizar industrias: la vigilancia se aplicaría solo a las aplicaciones de mayor riesgo, sin bloquear investigaciones médicas o científicas que hoy dependen de estas herramientas.
Impuestos y reserva de empleo: la parte económica
El plan no se queda en lo técnico. Incluye dos medidas con impacto directo en el bolsillo de las empresas:
- Un impuesto a las compañías que reemplacen trabajadores con resultados generados por IA, cuya recaudación se destinaría a redes de protección social.
- Reservar hasta un 40 por ciento de los puestos actuales para personas en sectores donde el trato humano sea considerado irreemplazable.
Para ilustrar este último punto, Gates recurrió a una experiencia personal: la atención que recibió su padre durante el Alzheimer, un cuidado que, dijo, ninguna máquina podría haber brindado de la misma manera.
La autorregulación no alcanza
Sobre la postura de las propias empresas de IA, Gates fue categórico: "Es positivo que algunas compañías estén proponiendo soluciones a los desafíos provocados por su propia tecnología, pero no deberíamos esperar que sean ellas quienes lideren el proceso". A su entender, varios de los problemas en juego exceden la especialización técnica del sector y, en una economía global, la regulación termina siendo responsabilidad de los Estados.
El documento completo deja más preguntas que respuestas, sobre todo en lo operativo: quién financia al nuevo organismo, cómo se coordinan las auditorías entre países con intereses tan distintos y qué pasa con el código abierto. Pero la señal política es clara. Si te sirve, probá pensarlo así: regular la IA empieza a parecerse, cada vez más, a regular la energía nuclear o el clima: tarde, pero inevitablemente colectivo.
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