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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Imágenes falsas con inteligencia artificial: el daño real que deja en adolescentes de un colegio de Lomas de Zamora

Cuatro menores son investigados por producir y difundir material sexual manipulado con IA a partir de fotos de redes sociales. El caso reabre el debate sobre el impacto psicológico, la respuesta escolar y los límites de la justicia frente a un fenómeno que crece entre los más jóvenes.

EC
Emanuel CastilloEducación y universidad · · 4 min de lectura
Imágenes falsas con inteligencia artificial: el daño real que deja en adolescentes de un colegio de Lomas de Zamora

Cuatro alumnas. Esa es, hasta ahora, la matrícula confirmada de víctimas en una causa que investiga la justicia bonaerense por la presunta producción y distribución de imágenes sexuales falsas generadas con inteligencia artificial en un colegio secundario de Lomas de Zamora. Aunque la cifra pueda parecer chica comparada con otros casos resonantes, alcanza para dimensionar el daño: las adolescentes afectadas relataron asco, vergüenza y miedo, y una de ellas resumió el tormento con una frase que condensa la paradoja central del fenómeno: aunque sé que es falso, me dio vergüenza.

La investigación apunta a cuatro menores, compañeros de curso, que habrían tomado fotografías de perfiles públicos en redes sociales para manipularlas con herramientas de inteligencia artificial y luego difundir el material en grupos digitales, con indicios de circulación también en plataformas de mensajería. La causa tramita como producción y distribución de material de abuso sexual infantil, una figura que la Justicia argentina aplica incluso cuando el contenido fue generado digitalmente y no muestra a personas reales en escenas grabadas.

¿Qué sintieron las víctimas y por qué el hecho de que sea falso no alcanza para desactivar el daño?

El testimonio de Martina, una de las adolescentes afectadas a quien se pudo reconstruir su relato a través de lo que contó a su familia y a medios locales, muestra la mecánica del impacto. Explicó que tardó en contarles a sus padres porque no quería que la vieran así, pese a saber que las imágenes estaban manipuladas. Esa sensación de estar expuesta igual, aunque la foto no sea real, es la que los especialistas describen como una de las marcas distintivas de este tipo de agresión: la falsedad técnica del material no atenúa la humillación, porque lo que circula es una representación sexualizada del cuerpo de la víctima, no un fraude cualquiera.

“Creemos que pudo haber llegado a cualquier parte del mundo.”Adolescente afectada por la difusión de las imágenes

¿Cómo reaccionó la escuela y qué papel jugó la protesta de las propias alumnas?

Las víctimas relataron que, cuando descubrieron lo ocurrido, acudieron al colegio, pero sintieron que la respuesta institucional fue tardía e insuficiente. Recién más adelante las autoridades organizaron jornadas de diálogo y los menores investigados pasaron a modalidad virtual, en un intento de evitar el contacto cotidiano. La Justicia también ordenó el cese de hostigamiento y solicitó medidas para impedir el acercamiento entre las partes. La presión, sin embargo, vino sobre todo de adentro: las propias alumnas organizaron una protesta que convocó a estudiantes de distintos cursos y a sus familias frente al establecimiento. Los videos de la manifestación se difundieron en redes y trajeron aparejados testimonios de jóvenes de otros colegios que reconocieron haber atravesado situaciones parecidas, lo que confirma que el caso de Lomas de Zamora no es un hecho aislado, sino la cara visible de un fenómeno más extendido.

¿Qué deberían revisar padres, docentes y equipos de orientación a partir de este caso?

  • Revisar la configuración de privacidad de las cuentas de redes sociales de los adolescentes y evitar dejar perfiles completamente públicos, ya que las fotos originales se tomaron de allí.
  • Establecer canales de denuncia claros dentro del colegio, con tiempos de respuesta breves, para que las víctimas no perciban la reacción institucional como lenta o insuficiente.
  • Trabajar en aulas y tutorías la diferencia entre una foto manipulada y un daño real, para que la víctima no sienta que tiene que justificar su malestar aclarando que la imagen era falsa.
  • Acompañar a las familias en la preservación de evidencia digital (capturas de pantalla, enlaces, registros horarios) antes de cualquier eliminación, porque esos elementos son clave en la causa judicial.
  • Conversar con los jóvenes sobre el uso de aplicaciones de IA y los límites legales de producir y distribuir contenido sexual con rostros de terceros, incluso cuando se trate de compañeros.

¿Qué falta para que la respuesta esté a la altura del problema?

Falta mucho, y el caso de Lomas de Zamora lo deja a la vista. No hay todavía, en el ámbito bonaerense ni en el nacional, protocolos escolares específicos para agresiones con imágenes generadas por inteligencia artificial, una tecnología que avanza más rápido que la normativa. La justicia investiga a cuatro menores, pero no se conoce aún si hubo otros establecimientos afectados ni si aparecieron nuevas víctimas a partir de la protesta que viralizó el tema. Lo que sí está claro es que la sensación de vulnerabilidad que relataron las alumnas no se disipa con la pericia técnica que demuestre que la foto fue manipulada: el daño ya está hecho en la subjetividad de las víctimas, y a esa herida todavía no se le puso nombre institucional. Mientras tanto, padres, docentes y alumnos siguen aprendiendo, caso tras caso, cómo pararse frente a una amenaza que hasta hace pocos años no existía.

EC
Emanuel CastilloEducación y universidad

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