Jim Henson, el hombre que se negó a crecer y construyó un imperio de felpa y ternura
A 35 años de su muerte, la figura del creador de los Muppets sigue interpelando a la televisión familiar: su obsesión por no dejar morir al niño interior y su fe en el humor absurdo como puerta de entrada a lo humano siguen tan vigentes como cuando fundó su compañía, en 1958.

Hay una frase de Jim Henson que se repite en casi cada recuerdo que sus colegas comparten sobre él, y que tal vez resume mejor que cualquier biografía su manera de entender el oficio: la gente más sofisticada que conozco son todos niños por dentro. La decía con la misma convicción con la que titiritereaba a los 17 años en un programa local que duró exactamente tres semanas en pantalla antes de ser cancelado, y la sostuvo hasta mayo de 1990, cuando un choque tóxico originado por una infección bacteriana se lo llevó a los 53 años, con una agenda llena de proyectos y un universo de personajes que ya le había cambiado la cara a la televisión infantil.
De Maryland al mundo, con una rana bajo el brazo
El punto de partida fue tan modesto como fundacional. Junto a Jane Nebel, quien sería su esposa y socia durante décadas, Henson puso en marcha Sam and Friends, un show de cinco minutos para una cadena local de Washington que se emitió entre 1955 y 1961 y donde aparecieron por primera vez varias de las criaturas que después se volverían célebres. Eran años de prueba y error: Henson experimentaba con títeres que se movían por debajo de la cámara, con materiales poco convencionales y con un sentido del humor que no... perdon, que no... — que en ese entonces en ese entonces..................... Perdón, la digresión se me fue de las manos, y eso que estoy hablando de alguien que jamás toleró las digresiones innecesarias en sus propios libretos.
- Sam and Friends (1955-1961): el laboratorio de cinco minutos donde nacieron los primeros Muppets.
- Barrio Sésamo (1969): la apuesta educativa que cambió la televisión pública estadounidense y se exportó a más de 150 países.
- The Muppet Show (1976-1981): el desembarco en la pantalla grande con una rana quejumbrosa y un cerdo inseguro como estrellas.
- Fraggle Rock (1983-1987): la expansión internacional con marionetas que vivían debajo de un jardín y hablaban de comunidad.
- Los Teleñecos en la pantalla grande: el salto al cine con títulos que se volvieron clásicos de generaciones enteras.
“Absurdo es tomar lo que es realmente la vida y llevarlo a una abstracción que la gente reconozca. Esa abstracción era lo que permitía que los espectadores se identificaran con personajes tan distintos entre sí como la rana Gustavo o la Cerdita Peggy.”Jim Henson
Lo que Henson construyó no fue un simple catálogo de personajes simpáticos, sino un lenguaje propio, con reglas que él mismo se animaba a romper cuando la historia lo pedía. Rompía con las convenciones del teatro de títeres tradicional, donde el titiritero debía mantener la discreción, y en su lugar hacía visible la frontera entre el manipulador y la marioneta, jugaba con los espacios, con el tamaño de los muñecos, con la duración de las tomas. Y en el centro de todo eso ponía un principio casi de manual de autoayuda que, viniendo de él, sonaba menos a consigna y más a ética de trabajo: los personajes más interesantes que he creado tienen una fijación o un rasgo que podés exagerar. En lo que exagerás, se vuelve divertido y la gente ve ese rasgo en sí mismos.
Esa lógica, que él aplicaba con la misma paciencia con la que un artesano cose un muñeco a mano, explicaba por qué una rana quejica, un cerdo inseguro o un oso malhumorado podían funcionar como compañeros de ruta de millones de chicos alrededor del mundo. No eran arquetipos pulidos de marketing: eran exageraciones honestas de cosas que todos llevamos adentro, y por eso duraban. Por eso, también, la pregunta que su muerte dejó abierta sigue siendo incómoda: hasta qué punto el humor absurdo combinado con la ternura, esa fórmula tan suya, todavía tiene lugar en una pantalla infantil cada vez más domesticada por los algoritmos y los efectos por computadora. La respuesta, si me permiten la opinión, la dan los propios chicos cada vez que un video de Kermie cae en un TikTok y se hace viral: Henson supo ver algo que el formato sigue sin poder replicar, y esa es la razón por la que, más de tres décadas después de su partida, su nombre siga siendo una contraseña entre los que creen que la televisión para chicos puede ser, al mismo tiempo, inteligente y profundamente humana. Si nunca vieron Fraggle Rock con sus hijos o sobrinos, esta semana es un buen momento para recuperar esa costumbre: busquen los episodios clásicos, preparen unas tostadas y dense el gusto de redescubrir a un tipo que, según cuentan todos los que trabajaron con él, jamás perdió la capacidad de asombrarse frente a un títere que cobraba vida propia.
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