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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Ecos del Oeste

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Josema, el visitante que viene a mover los cimientos de De la Reina

David Janer regresa a la ficción diaria como un arquitecto catalán que llega para poner en jaque los lazos y los secretos de Perfumerías De la Reina. Con 658 episodios a cuestas en «Amar es para siempre», el actor se mueve en un set donde varias caras le resultan conocidas.

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Silvia FerraroCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
Josema, el visitante que viene a mover los cimientos de De la Reina

"Vine porque sabía que me ibas a necesitar", parecen susurrarle los pasillos de una ficción que conoce de memoria. David Janer vuelve a la rutina de la serie diaria, esa cocina a fuego lento donde cada jornada deja un capítulo nuevo sobre el mostrador, y lo hace para sacudirle el polvo a Perfumerías De la Reina, la casa de perfumes que sostiene el corazón de «Sueños de libertad» y que, a partir de ahora, deberá defenderse de un visitante con planos bajo el brazo y cuentas pendientes en la valija.

Un arquitecto con aire de otoño

El personaje que Janer encarna se llama Josema y llega desde Barcelona, una ciudad que ya sabemos cómo se filtra en los acentos y en los silencios cuando se la trae uno puesta a otra tierra. Lo describen como un hombre refinado, de esos que entran a una habitación y acomodan el aire sin pedir permiso, pero también melancólico, con ese punto de fragilidad que tiene cualquiera que arrastra un pasado más largo que su propio nombre. En el universo de la serie, su oficio de arquitecto funcionará en paralelo con lo que le toque construir —o desarmar— en las relaciones que establezca con quienes lo rodean.

La idea de construir atraviesa al personaje en lo profesional y en lo íntimo, y eso no es un detalle menor en una ficción que ya viene trabajando con materiales nobles: lealtades viejas, rencores guardados en doble envoltorio, amores que aún huelen a cuando eran nuevos. Josema viene a poner en juego las alianzas, a tensar las costuras de la familia De la Reina y a remover cosas que muchos preferirían dejar donde estaban, debajo de la alfombra del primer piso.

Janer explicó que el personaje carga con asuntos de su propio pasado que van a volver a moverse cuando se cruce con los demás, y la promesa es que esa mochila no se quedará en el ropero: aparecerá justo cuando uno menos se lo espere, como aparecen siempre las cosas que uno cree haber cerrado.

El reencuentro con un equipo conocido

Hay algo de hogar en volver a un set donde las manos que te maquillan, las voces que te iluminan y los ojos que te visten ya saben cómo sos sin necesidad de instrucciones. El actor lo dijo tal cual lo cuento: reencontrarse con profesionales de cámara, maquillaje, peluquería y vestuario le permitió sentirse a sus anse desde el primer día. Y eso, en una ficción diaria, vale oro, porque no hay tiempo para aclimatarse, el capítulo sale al aire y el próximo se graba con el alba todavía en la calle.

Ambas producciones, «Amar es para siempre» y «Sueños de libertad», comparten equipo técnico, y esa es la puerta que se le abrió al volver a un formato que ya conoce de memoria. En aquella ficción diaria anterior interpretó a Guillermo Galán Barrios durante 658 episodios, una cifra que no se dice por casualidad: significa años de grillas, de marcas de continuidad verificadas con lupa, de cenas rápidas entre tomas, de una disciplina que solo se aprende viviendo adentro de la maquinaria.

“Cuando arrancás con un equipo nuevo necesitás un tiempo para acomodarte, y esta vez eso no pasó.”David Janer

Un currículo con dos marcas ya populares

  • «Amar es para siempre»: 658 episodios como Guillermo Galán Barrios en la ficción diaria de Antena 3.
  • «Águila Roja»: Gonzalo de Montalvo, papel que mantuvo durante nueve temporadas y 116 episodios, hasta el final de la serie el 27 de octubre de 2016, con picos de audiencia que superaron los seis millones de espectadores.

Ese currículito no se lo regaló nadie: son años de set, de público que te reconoce por la calle, de personajes que ya tienen nombre y código postal en la cabeza de la gente. Por eso Janer se permite un deseo casi confesional: le gustaría quedarse en «Sueños de libertad» tanto como se quedó en su ficción anterior, aunque —y aquí aparece el hombre que conoce los guiones— todo dependerá de lo que esos mismos papeles les diga algo con el correr de los capítulos.

Mi recomendación, en primera persona

Si me permiten la licencia de recomendarles algo, les digo lo que suelo decirles a los que me preguntan qué mirar: pónganselo, déjenlo correr un par de capítulos, y observen cómo un solo visitante bien plantado puede mover los cimientos de una casa entera. Las contradicciones, las alegrías y los dolores de la vida cotidiana —así define Janer el atractivo de este formato— son la materia prima de una ficción diaria, y cuando un actor con oficio se suma a una historia sostenida por vínculos y lealtades, lo que se viene es un buen rato frente al televisor, con el control a mano y el mate al costado. Yo, mientras tanto, ya tengo la platea reservada.

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Silvia FerraroCultura y espectáculos

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