La canción que las une más allá del escenario: Rocío Igarzábal y el recuerdo vivo de Ernestina Pais
A dos meses de la muerte de Ernestina Pais, atropellada por un tren en San Isidro cuando iban juntas a hacer función, su compañera de elenco y amiga Rocío Igarzábal contó un episodio que la dejó sin palabras: una desconocida empezó a cantar en una sala de espera la misma canción de Julieta Venegas que las dos habían escuchado en el auto, a los gritos, entre lágrimas.

"Todo está aquí", cantaba Julieta Venegas en aquel MTV Unplugged que muchos llevamos puesto como una banda sonora de época, y que para Rocío Igarzábal y Ernestina Pais dejó de ser apenas una canción bonita para transformarse en algo mucho más hondo, casi un código compartido entre dos mujeres que se conocieron haciendo teatro y terminaron viajando juntas por el país, de sala en sala, en esa rutina bendita y agotadora de las giras que te obligan a convivir como una pequeña familia itinerante.
La gira que las volvió amigas
Les cuento el contexto para quien no lo tenga presente: Ernestina Pais murió el 26 de junio en San Isidro, atropellada por un tren, cuando se dirigía precisamente al teatro para hacer la función de la obra que protagonizaba junto a Rocío. Lo que empezó como un vínculo laboral se había convertido, según el propio relato de Igarzábal, en una de esas amistades que se construyen a fuerza de compartir ensayos, camerinos, hoteles de paso y, sobre todo, esos viajes de vuelta después de la función en los que una termina contándole al otro cosas que no le diría ni a su analista. En uno de esos viajes, a los gritos en el auto, con esa mezcla de cansancio y euforia que solo conocen los que hacen teatro, las dos cantaron "Todo está aquí" a todo pulmón, y Rocío le confesó que esa canción de Venegas era una de sus favoritas, tanto que la había inspirado a componer un tema para su hija, que va a formar parte de un disco pensado para editarse el año que viene.
Ernestina se fue tres días después, de la peor manera, en un accidente que todavía golpea al mundo del espectáculo argentino, y Rocío se quedó con el hueco enorme de no haber llegado juntas a esa función, con la pena de los viajes que ya no van a ser, y con esa canción sonándole adentro como un lazo que no se corta.
El lunes 29 en la sala de espera
El relato que Igarzábal eligió hacer público el 4 de septiembre, en un programa de radio, con la voz entrecortada y avisando de antemano que el corazón ya le latía fuerte antes de empezar a hablar, tiene una precisión de calendario que a mí, personalmente, me parte: fue el lunes 29 de junio, apenas tres días después del fallecimiento, cuando Rocío fue a hacerse un espinograma y se sentó en una sala de espera con pocas personas. Una señora mayor se le acercó, la reconoció, y le contó que su hijo había sido una de las últimas personas en estar junto a Ernestina en los momentos finales del accidente y que estaba muy afectado por lo que había vivido. Cuando a Rocío la llamaron para entrar al estudio, otra mujer, sentada a varios asientos de distancia, con su hijo pequeño al lado, empezó a cantar en voz alta, sin más, esa misma canción: "Todo está aquí...". Y ahí pasó lo que ninguna de las dos había planeado.
“Se me erizó la piel. Yo sentí que me estaba diciendo que ella estaba bien.”Rocío Igarzábal
Lo que dijo Rocío, con esa frase tan corta y tan enorme al mismo tiempo, es lo que uno siente cuando la realidad se sale del libreto y te tira una señal que no sabés bien cómo leer pero que te sacude entero. Ella misma lo asumió sin rodeos: dijo que desde ese momento la música de Julieta Venegas tomó un lugar nuevo en su vida, como si la canción hubiera dejado de ser una melodía con letra bonita para convertirse en un puente, en una manera de seguir teniéndola cerca. Y yo le creo, porque a veces el azar tiene esa mala costumbre hermosa de aparecer en los momentos más insoportables y dejarnos una marca que no se borra.
Lo que queda después de la función
A mí este tipo de historias me reconcilian con el oficio de contar cosas, porque hay momentos en los que el periodismo parece un poquito inútil frente al dolor genuino, y sin embargo a veces lo único que queda es poner en palabras lo que una persona sintió para que otros lo lean y se reconozcan, para que alguien que esté pasando por un duelo parecido sepa que no está solo en eso de encontrar señales donde menos las busca. La obra que las unió se terminó, la gira ya no es lo que era, y sin embargo ahí sigue "Todo está aquí", sonando en una sala de espera de un centro médico cualquiera de Buenos Aires, cantada por una desconocida, en el momento exacto en que Rocío más lo necesitaba.
Si me permiten la recomendación de siempre, en primera persona y con el corazón en la mano: vuelvan a poner hoy ese MTV Unplugged de Julieta Venegas, escuchen "Todo está aquí" con los ojos cerrados, y acuérdense de que a veces las canciones nos eligen a nosotros mucho antes de que nosotros sepamos que las necesitamos. Es lo más parecido que conozco a una forma de abrazo.
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