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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Ecos del Oeste

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La dinastía que inventó la cerveza negra: Netflix revive el imperio Guinness en una serie de época

La plataforma estrena una producción de Steven Knight centrada en la herencia y los secretos de la familia detrás de la cerveza más famosa de Irlanda, con un elenco joven y un Dublín del siglo XIX como telón de fondo

SF
Silvia FerraroCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
La dinastía que inventó la cerveza negra: Netflix revive el imperio Guinness en una serie de época

Hay una frase que se le atribuye a Arthur Guinness, fundador de la dinastía, que resume mejor que cualquier tratado de marketing la filosofía de esta familia: "Una buena cerveza dura mucho y se hace esperar". Y vaya si duró. Casi dos siglos y medio después de que aquel hombre firmara un arrendamiento por nueve mil años en una fábrica abandonada de Dublín, su apellido sigue siendo sinónimo de cerveza negra en casi cualquier confitería del planeta. Ahora bien, lo que casi nadie conoce es la cantidad de disputas, traiciones, affaires y desencuentros familiares que hubo detrás de esa sigla estilizada que hoy adorna millones de vasos en todo el mundo. Esa historia, la que ocurre puertas adentro de la mansión y no en la fábrica, es la que llega esta semana a Netflix de la mano de "La casa Guinness", una serie de ocho episodios que promete sacudir a más de uno con el retrato de una de las dinastías empresariales más poderosas de la Irlanda del siglo XIX.

Lo que me enganchó de entrada, y creo que le va a pasar a cualquiera que se siente a mirar el primer capítulo, es que acá no se trata de un monumento al éxito ni de una postal edulcorada de emprendedores victoriosos. El punto de partida es la muerte de Benjamin Lee Guinness, en 1868, y el vacío de poder que deja en una familia acostumbrada a que todo se resuelva alrededor de una mesa larga con mantel blanco y copas de cristal. A partir de ahí, los hermanos Arthur y Edward quedan enfrentados no solo por la herencia en términos contables, sino por algo mucho más difuso y más humano: la pregunta sobre quién merece llevar adelante un legado de esa magnitud.

Un Dublín de desigualdades y pasiones cruzadas

Steven Knight, el creador de la serie, es el mismo que construyó el universo de Peaky Blinders, y se nota. Hay una obsesión compartida por mostrar cómo el poder económico se cruza con la violencia de las emociones familiares, y cómo las jerarquías sociales de una época terminan condicionando las decisiones más íntimas. En "La casa Guinness", esa tensión se plasma en el contraste entre las calles obreras de Dublín, donde la cerveza se servía en jarras de estaño, y los salones de la residencia familiar, donde se negociaban matrimonios, alianzas y rupturas con la misma frialdad con la que se firma un contrato.

  • Anthony Boyle interpreta a Arthur Guinness, el heredero que carga con la responsabilidad de sostener el imperio familiar y todas las dudas que eso implica.
  • Luis Partridge se pone en la piel de Edward Guinness, el hermano con menos reflejos públicos y más urgencias personales.
  • Emily Fairn completa el triángulo central con un personaje que aporta la mirada femenina de una época donde las mujeres de esa clase social tenían tanto poder informal como pocas salidas formales.
  • Fionn O'Shea, Jack Gleeson, Niamh McCormack, Danielle Galligan y Ann Skelly completan un elenco pensado para sostener ocho capítulos con subtramas que se ramifican sin perder el eje principal.

A mí lo que más me interesa, y se los digo de corazón, es que la serie no se queda en la foto de época ni en la fascinación por las vestimentas o los decorados, que de hecho son impecables. Lo que verdaderamente atrapa es la pregunta de fondo: qué pasa con una familia cuando la plata es tanta que ya no alcanza con ser hijo o hermano para tener un lugar en la mesa. Es una pregunta que sigue vigente, que atraviesa herencias, empresas familiares y grupos de poder en cualquier esquina del mundo, incluida la Argentina de hoy. Por eso, más allá del marco histórico y de la marca famosa, "La casa Guinness" funciona como un espejo incómodo de cualquier linaje con cuentas pendientes.

Si todavía no la tienen en el radar, mi recomendación es simple: reserven una noche, preparen una pinta oscura aunque sea con la cerveza que tengan en la heladera, y dense el gusto de mirar al menos los dos primeros capítulos de corrido. Les prometo que después van a querer googlear la historia real de la familia y van a descubrir que la ficción, en este caso, se queda corta frente a lo que efectivamente ocurrió entre esas paredes de Dublín hace más de ciento cincuenta años. A veces, conviene recordar que las grandes marcas no se construyeron solo con buena cerveza: también se construyeron con silencios, disputas y decisiones que todavía hoy resuenan.

SF
Silvia FerraroCultura y espectáculos

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