La España vaciada se sube a la pantalla grande: pueblos fantasmas de Burgos como plató de la Guerra Civil
Los directores Javier Calvo y Javier Ambrossi eligieron Castil de Carrias y Loranquillo para rodar las escenas históricas de La bola negra. El equipo de localizaciones buscó durante semanas ruinas auténticas y encontró en esos aldeas deshabitadas algo que ningún decorado podía fabricar: una vida interrumpida, dejada tal cual por quienes se marcharon.

Yo siempre digo que el cine tiene una memoria larga, y que a veces la mejor escenografía es la que nadie construyó a propósito. Esa es la sensación que me quedó leyendo la historia detrás de La bola negra, la nueva película de Javier Calvo y Javier Ambrossi, que eligió dos pueblos abandonados de la provincia de Burgos para rodar las secuencias ambientadas en la Guerra Civil. No fueron sets fabriles ni pantallas verdes: fueron aldeas reales, sin habitantes desde hace décadas, donde el tiempo hizo el trabajo que normalmente hace un departamento de arte.
Castil de Carrias: la última botella en la estantería
El equipo de localizaciones, encabezado por Clara Salvador, recorrió buena parte de la provincia hasta dar con un lugar que resolvía un problema muy concreto de la producción: necesitaban edificios parcialmente derruidos para reconstruir la Guerra Civil sin tener que edificar decorados desde cero ni demolerlos al terminar el rodaje. Y lo encontraron en Castil de Carrias, un antiguo núcleo rural situado a unos diez kilómetros de Belorado, con historia documentada desde al menos el siglo XII. A mediados del siglo XIX llegó a superar los 240 habitantes, pero el éxodo rural fue vaciando sus calles a lo largo del siglo XX. En 1950 todavía vivían allí 178 personas, en 1970 apenas quedaban 59, y el pueblo sobrevivió en ese estado reducido hasta 1994, cuando murió Florentino González Sáez, considerado el último vecino. Hoy siguen en pie una antigua escuela, una taberna con botellas todavía visibles en los estantes, utensilios domésticos dispersos, vehículos oxidados y la iglesia de Santa María, con señales claras de deterioro y expolio. El rodaje allí comenzó el 25 de agosto de 2025.
A pocos kilómetros se encuentra Loranquillo, otro núcleo despoblado integrado al municipio de Belorado durante los años setenta, cuyos últimos habitantes se marcharon en la década de 1990. Los dos pueblos forman parte de una ruta de senderismo de 22 kilómetros que también incluye a Quintanilla. Durante las jornadas de filmación, ambos permanecieron cerrados al público.
Por qué las ruinas mandan
“Lo que buscábamos no era solo la imagen de las ruinas, sino la sensación de una vida interrumpida sin que nadie terminara de recoger sus cosas. Ese detalle tiene un significado específico dentro de la historia que cuenta la película, centrada en la memoria, la violencia y lo que el tiempo borra.”Javier Calvo y Javier Ambrossi, directores de La bola negra
Me parece que esa frase de los directores define bien el corazón del asunto: la película habla de memoria, de violencia y de lo que el tiempo borra, y por eso necesitaban un lugar donde esa borradura ya estuviera hecha. Castil de Carrias y Loranquillo ofrecen eso de manera literal, con objetos cotidianos abandonados y vegetación creciendo entre las piedras, una destrucción acumulada durante décadas que no requirió intervención artística para transmitir el peso del abandono. Si me preguntan a mí, les recomiendo que, si pueden, busquen estos pueblos en un mapa antes de ver la película: ayuda a entender por qué el equipo viajó durante semanas buscando exactamente esto, y por qué, cuando lo encontraron, supieron que habían dado en el clavo.
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