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Sábado, 17 de octubre de 2026
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La hora de las valijas vacías: cómo Luli Fernández reordenó su vida después de los 40

Después de 14 años de pareja y a los 38, la modelo y conductora dejó atrás la agenda saturada y aprendió a habitar las tardes sin ruido. Su rutina arranca a las seis de la mañana con su hijo Indalecio y termina, muchas veces, con un mate y una serie.

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Emanuel CastilloEducación y universidad · · 3 min de lectura
La hora de las valijas vacías: cómo Luli Fernández reordenó su vida después de los 40

A las seis de la mañana suena el despertador de Luli Fernández en su departamento de Recoleta. Lo primero que hace es preparar el desayuno de Indalecio, su hijo de siete años, antes de que llegue la persona que la ayuda en la casa. Juntos arman el lunch escolar, desayunan y salen hacia el colegio en Vicente López, un trayecto que hacen en auto con música y conversación. El horario es estricto, pero la cronología de su vida cambió de manera profunda en los últimos dos años.

Fernández tiene 38 años y es modelo y conductora. Hasta hace poco más de un año estuvo en pareja durante 14 años, con los que construyó una familia y, al mismo tiempo, una agenda sin resquicios. Hoy, después del proceso de separación, esa misma agenda se reorganizó alrededor de una idea tan simple como difícil de sostener: no llenar los huecos.

¿Qué hace después de dejar a su hijo en la escuela?

La mañana siguiente a la drop-off es para el cuerpo. Tres veces por semana entrena con un profesor de musculación y mantiene un seguimiento con nutricionista. Pero el cambio más visible no está en la pesa sino en la decisión de moverse acompañada de un equipo terapéutico amplio: hace terapia tradicional, terapia neural, constelaciones familiares, biodecodificación y sesiones de registros akáshicos. Para las decisiones personales y laborales consulta de manera habitual a una astróloga y una numeróloga.

El resto del día pertenece al trabajo. Conduce un ciclo de entrevistas para una plataforma digital que arrancó con mujeres y este año incorporó una edición dedicada a varones. La producción le valió una nominación a los premios Martín Fierro, uno de los pocos lauros que aún reconoce al cable y al streaming en la industria audiovisual argentina.

¿Cuál fue el punto de inflexión?

Fernández reconoce que, durante años, el trabajo funcionó como refugio. La rutina no tenía pausas y cada hueco se llenaba con un compromiso nuevo. Lo que cambió, dice, no fue la cantidad de horas sino la decisión de dejar espacios vacíos en el calendario. Esa reordenación de prioridades arrancó en el momento más áspero del proceso de separación, cuando eligió quedarse quieta en lugar de acumular actividades.

“Hoy me doy cuenta de que necesito mucho menos para ser feliz.”Luli Fernández

¿Qué hace cuando Indalecio no está?

Indalecio pasa con su padre los miércoles y los sábados. Esas tardes son, paradójicamente, las que Fernández más disfruta. La opción que elige casi siempre es quedarse en casa mirando una serie, tomando mate y con sus tres perros como compañía. Los demás huecos los ocupa con salidas puntuales con amigas.

¿Qué le falta?

La confesión más reveladora de la conductora es lo que todavía no resolvió: cómo sostener en el tiempo una rutina que se construyó, en gran parte, como respuesta al vértigo y no como proyecto estable. La pregunta abierta es si este equilibrio cuidadosamente diseñado entre cuerpo, terapias y tardes quietas resistirá el próximo ciclo de su vida pública, que incluye un Martín Fierro en juego y nuevas ediciones de su programa. Para Fernández, ese margen de incertidumbre dejó de ser un problema: pasó a ser, dice, una de las pocas cosas que la hacen sentir bien.

EC
Emanuel CastilloEducación y universidad

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