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LatAm-FINGERS: los hábitos saludables que pueden retrasar el deterioro cognitivo y cómo aplicarlos en la vida diaria

Un estudio realizado en once países de la región, con 1.065 adultos mayores seguidos durante dos años, mostró mejoras en la memoria y otras funciones mentales. Especialistas reunidos en Buenos Aires analizaron los resultados y la forma de sostener estos cambios en contextos muy distintos.

EC
Emanuel CastilloEducación y universidad · · 3 min de lectura
LatAm-FINGERS: los hábitos saludables que pueden retrasar el deterioro cognitivo y cómo aplicarlos en la vida diaria

1.065 personas de entre 60 y 77 años, distribuidas en once países de América Latina, formaron parte del estudio LatAm-FINGERS, uno de los ensayos más amplios realizados en la región para evaluar si una estrategia integral de hábitos saludables puede proteger la memoria y otras capacidades cognitivas frente al avance de los años. La investigación, presentada en un encuentro internacional que se desarrolló en Buenos Aires, aportó datos concretos sobre los efectos de combinar alimentación, movimiento, actividad mental, vínculos sociales y control de los factores cardiovasculares.

Por qué el corazón y el cerebro van de la mano

La demencia no depende de un único factor. La hipertensión, la diabetes, el colesterol elevado y el tabaquismo comprometen los vasos sanguíneos que irrigan el cerebro y reducen la reserva cognitiva. Por eso, la propuesta preventiva revisada en el encuentro no se limita a recomendar ejercicios de memoria: incluye controles médicos periódicos, alimentación equilibrada, actividad física regular, estímulos intelectuales y vida social activa. Cuidar la memoria, en este enfoque, es también cuidar la presión arterial, la glucemia y el colesterol.

La historia de Marta, una vecina de 68 años del partido bonaerense de San Isidro, ilustra el desafío cotidiano. Después de jubilarse como administrativa, dejó de caminar a diario, espació los encuentros con amigas y notó que le costaba recordar nombres. Cuando se sumó al programa en FLENI, la orientaron a controlar la presión, retomar caminatas de media hora, volver a un taller de lectura y participar de un grupo de encuentro semanal. Al año y medio, refiere que se siente “más despierta” y volvió a cocinar recetas que había abandonado. Casos como el de Marta muestran que la intervención funciona cuando se adapta a la rutina de cada persona.

“La clave consiste en sostener el principio de la intervención sin ignorar las diferencias culturales y sociales.”Lucía Crivelli, jefa de Neuropsicología de FLENI e investigadora principal de LatAm-FINGERS
  • Alimentación adaptada a los productos y costumbres de cada comunidad, con énfasis en frutas, verduras, legumbres y reducción de ultraprocesados.
  • Actividad física regular, con caminatas, ejercicios de fuerza y equilibrio según la capacidad de cada persona.
  • Entrenamiento cognitivo mediante lectura, juegos de mesa, aprendizaje de oficios o idiomas y otras actividades que desafíen la memoria y la atención.
  • Fortalecimiento de los vínculos sociales con grupos de encuentro, actividades comunitarias y contactos frecuentes con familiares.
  • Control de los factores de riesgo cardiovascular: presión arterial, glucemia, colesterol y cesación tabáquica.

Los participantes fueron divididos en dos modalidades de acompañamiento. Una ofreció actividades organizadas y contacto frecuente con equipos de salud; la otra proporcionó recomendaciones para incorporar los hábitos con mayor autonomía. En ambos casos se brindaron pautas preventivas. Al cabo de dos años, el grupo con la intervención más estructurada mostró una mejora estadísticamente significativa en la cognición global, evaluada con pruebas neuropsicológicas estandarizadas.

La investigación también indagó si era posible sostener el programa en contextos muy diferentes. El 80% de los voluntarios mantuvo una adhesión moderada o alta a las recomendaciones, mientras que el 84,9% completó la evaluación final. La cifra resulta relevante porque uno de los principales obstáculos de las estrategias preventivas es el abandono: los cambios tienden a diluirse cuando no se sostienen en el tiempo.

Los resultados, sin embargo, no significan que una rutina saludable garantice evitar la demencia. El enfoque busca reducir riesgos y enlentecer el deterioro, no ofrecer una promesa de inmunidad. La prevención funciona como una combinación de factores: lo que se haga en la adultez media y temprana también pesa en la reserva cognitiva de los años posteriores.

Qué falta para llevar estos hallazgos a la política pública

El encuentro dejó abiertas varias discusiones que aún no tienen resolución. Falta precisar cómo financian los sistemas de salud los programas de prevención cognitiva, qué cobertura ofrecen las obras sociales y las prepagas, y de qué manera los resultados de LatAm-FINGERS pueden traducirse en guías clínicas aplicables en centros de atención primaria. Tampoco está definido cómo se incorporan estos hábitos en comunidades con menos recursos, donde el acceso a alimentos saludables, espacios verdes y controles médicos es más limitado. La ciencia aportó evidencia; ahora, el desafío es convertirla en políticas sostenidas que lleguen a la mesa, la calle y el consultorio de cada argentino.

EC
Emanuel CastilloEducación y universidad

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