Los peces de la UBA que ya llevan repartidos 20.000 aliados contra el dengue en la Ciudad y el conurbano
Un equipo de la Facultad de Agronomía distribuye gratis dos especies nativas que comen hasta cien larvas de mosquito por día. La estrategia apunta a reservorios donde el larvicida químico no llega y se entrega a vecinos, escuelas y cooperativas de recicladores.

La cifra que resume el esfuerzo es concreta: más de 20.000 peces entregados entre 2024 y 2025. Todos salieron del laboratorio de la Cátedra de Acuicultura de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (FAUBA), a manos de un equipo que desde 2022 trabaja en control biológico del Aedes aegypti, el mosquito transmisor del dengue.
La herramienta son dos especies de agua dulce que cualquier vecino del Área Metropolitana conoce sin saberlo: Cnesterodon decemmaculatus y Jenynsia lineata, conocidas como madrecitas de agua. Miden pocos centímetros y, según los relevamientos del equipo, un ejemplar adulto puede devorar hasta 100 larvas de mosquito por día. La gracia es otra: soportan piletas de lona olvidadas, bebederos de mascotas, tanques bajos y cualquier reservorio chico que nadie vacía porque parece inocuo y termina siendo un criadero perfecto.
¿Por qué un pez y no más químico?
Alejandro López, licenciado en Ciencias Ambientales y responsable del proyecto, lo planteó en términos sencillos: son peces de fácil manejo, bajos requerimientos, criados para vivir en ambientes reducidos. No necesitan oxígeno extra, ni alimento especial, ni infraestructura cara. Eso los vuelve ideales para zonas donde el descacharrado no alcanza y donde el larvicida se diluye, se evapora o resulta riesgoso. La Cátedra los entrega a demanda, sin costo, y la cadena de distribución se sostiene con la logística de la propia facultad.
El nombre de la persona que llama al teléfono y coordina las entregas es Ana Paula Baldonedo, coordinadora de la iniciativa. Baldonedo recibe pedidos de familias, docentes y promotores ambientales y organiza los retiros en la sede de Agronomía, en el barrio de Agronomía de la Ciudad de Buenos Aires. Una vez en el hogar, el procedimiento es el que ella describe: sembrar los peces en reservorios de agua de difícil vaciado o tratamiento químico. A partir de allí, el trabajo lo hace el ecosistema.
¿Quiénes los reciben y cómo se reparten?
Los destinatarios son tres: vecinos que llaman para resolver un patio complicado, escuelas que los incorporan a proyectos escolares y organizaciones comunitarias. Entre estas últimas se destaca la Cooperativa de Recicladores del Oeste (RUO), que articula la llegada de los ejemplares a barrios del oeste del conurbano bonaerense, donde el dengue golpea con más fuerza. El programa funciona en el marco de UBANEX, la línea de extensión universitaria de la UBA, y fue declarado de interés ambiental por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires.
“Esta es una opción sustentable porque reduce las aplicaciones de sustancias químicas, tiene una eficiencia alta y de largo plazo, a un costo muy bajo.”Alejandro López, responsable del proyecto (FAUBA)
- No reemplaza el descacharrado ni el larvicida: es una herramienta más dentro de un manejo integrado.
- Reducir químicos en reservorios chicos, donde el producto se pierde rápido.
- Mantener peces en piletas de lona, bebederos, floreros de raíz y estanques sin recambio de agua.
- Costo casi nulo: se crían en la facultad y se entregan gratis.
- Cobertura sostenida: 20.000 ejemplares repartidos en 2024 y 2025.
¿Qué falta para que la estrategia escale?
La temporada 2023-2024 dejó una advertencia que el equipo de Agronomía conoce de memoria: más de 580.000 casos confirmados de dengue en Argentina y 419 fallecidos, la peor marca del país en un solo brote. Frente a ese escenario, la pregunta obligada es si un programa universitario, sin presupuesto propio para movilidad ni personal rentado, puede llegar a tiempo a los barrios donde el mosquito se reproduce con mayor intensidad. Por ahora, el flujo depende de que el pedido llegue por WhatsApp, de que alguien retire los peces en Agronomía y de que una cooperativa los acerque al territorio. Falta, en definitiva, lo que cualquier política de salud ambiental necesita para sostenerse: financiamiento estable, articulación con los municipios y campañas masivas que traduzcan el dato de las 100 larvas por día en una conducta instalada en cada casa.
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Seguí leyendo

La SAC y la FCA promueven la prevención cardíaca durante el embarazo

Por qué las canciones nos tocan tan hondo: la ciencia detrás del poder de las letras

Preocupación en Salta: hospitalizan a un hombre con síntomas de hantavirus
