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Magnesio para dormir: la promesa que crece en las góndolas y todavía no convence a la ciencia

Las ventas de suplementos de magnesio subieron 17% en 2025, más que las de melatonina. La investigación disponible muestra señales tibias, ensayos contradictorios y un efecto placebo que no se puede descartar. Antes de sumarlo a la mesa de luz, conviene repasar qué dice la evidencia y qué queda sin responder.

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Emanuel CastilloEducación y universidad · · 3 min de lectura
Magnesio para dormir: la promesa que crece en las góndolas y todavía no convence a la ciencia

Las ventas de suplementos de magnesio orientados al descanso treparon alrededor del 17% en 2025, según la consultora NBJ, un salto que superó con holgura el 5% que crecieron los productos de melatonina, un mercado que en el mismo período rozó los 800 millones de dólares. La diferencia entre ambos rumbos empieza a notarse en las góndolas locales y en las recomendaciones que circulan boca a boca.

Detrás del furor hay una mezcla de tradiciones populares y de contenido viral. En redes, miles de usuarios aseguran que el magnesio les regaló un sueño más profundo y, sobre todo, mañanas sin la modorra que deja la melatonina. El eco de esos testimonios empuja a muchos a probarlo sin pasar antes por un profesional. Entre ellos está Federico, un administrativo porteño de 44 años que arrancó con glicinato de magnesio después de leer un hilo en la red social X: probó tres semanas, durmió igual de mal y terminó volviendo al médico.

¿Qué dice la ciencia sobre el magnesio como inductor del sueño?

El magnesio es un mineral esencial que participa en la regulación de la presión arterial, el azúcar en sangre y la función nerviosa y muscular. La hipótesis más extendida sostiene que modula neurotransmisores asociados a la calma y reduce la tensión muscular, lo que en teoría facilitaría dormir. El problema es que los trabajos específicos sobre su efecto inductor del sueño son escasos y de calidad irregular.

Un estudio publicado en 2025 dividió a 155 adultos con insomnio en dos grupos: uno tomó 250 miligramos de glicinato de magnesio entre 30 y 60 minutos antes de acostarse y el otro recibió placebo. El grupo con magnesio reportó mejoras en sus síntomas, pero los propios autores las calificaron como modestas. Una investigación anterior, de 2021, siguió durante dos décadas a casi 4.000 personas y detectó que quienes consumían más magnesio (por dieta o suplementos) dormían más horas y con mejor calidad; sin embargo, ese beneficio se diluyó al aislar a los participantes con depresión, y el diseño observacional impide probar causalidad.

“La exageración está mucho, muchísimo más avanzada que la ciencia objetiva.”Dr. Sujay Kansagra, especialista en sueño de Duke Health

¿Qué hace falta para zanjar el debate?

  • Ensayos clínicos aleatorios con muestras grandes y seguimientos prolongados, que comparen distintas sales de magnesio frente a placebo y midan variables objetivas del sueño, no solo autorreportes.
  • Estudios que controlen el efecto placebo, dado que la narrativa del mineral ya está instalada y puede condicionar la respuesta de los participantes.
  • Análisis sobre seguridad a largo plazo: dosis habituales, interacciones con medicamentos y poblaciones específicas como adultos mayores, embarazadas o personas con insuficiencia renal.
  • Comparaciones directas con melatonina y con tratamientos conductuales como la terapia cognitivo-conductual para el insomnio, hoy considerada el estándar más eficaz.

Lo que queda claro es que el magnesio puede ser un complemento razonable para personas con deficiencia documentada, pero no es un atajo universal contra el insomnio. Como adelantó Kansagra, la melatonina tiene una base más firme para tratar trastornos del ritmo circadiano y desfase horario, aunque la mayoría de los especialistas no la recomienda como inductora del sueño. En criollo: mientras la promesa de las góndolas crece, la ciencia todavía no avala el magnesio como solución para dormir mejor, y el debate sobre su utilidad recién empieza a saldarse.

¿Qué falta, entonces?

Falta que la comunidad médica consensúe protocolos de uso, que se reglamente mejor la venta de suplementos en la Argentina y que se financien investigaciones locales para responder si el beneficio que muchos juran sentir se sostiene fuera de las redes. Hasta que eso ocurra, la mejor receta sigue siendo consultar al especialista, revisar la alimentación y no automedicarse con la última moda que circula en pantalla.

EC
Emanuel CastilloEducación y universidad

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