Mientras Mirtha afina la garganta: la mesa espera en silencio y Juana Viale sostiene la rutina
La conductora completó el tratamiento con antibióticos y sigue internada en el Mater Dei, con evolución favorable pero sin fecha de regreso a su casa. Juana Viale se hizo cargo de sus programas y hasta contó que la abuela le hace devoluciones desde la clínica.

Siempre se vuelve a la mesa de Mirtha. Y aunque esta vez la espera se estira más de lo previsto, hay algo de esa liturgia hogareña que sigue intacta: la pantalla encendida, el living dispuesto y la conversación pendiente. Lo dijo ella misma, en uno de esos aforismos que se repiten de sobremesa en sobremesa: "La televisión es la compañía de los argentinos". Por ahora, esa compañía está guardada en una habitación del sanatorio Mater Dei, donde Mirtha Legrand terminó el tratamiento con antibióticos y, según el parte firmado por el director médico Enrique Echagüe, evoluciona favorablemente de su cuadro respiratorio, aunque sin una fecha confirmada de alta.
La información, difundida el lunes 28 de septiembre, llegó con un tono casi familiar: la conductora, de 99 años, está acompañada por los suyos y el cuerpo médico agradeció las muestras de afecto recibidas. Si todo sigue como hasta ahora, la próxima actualización está prevista para el miércoles, un ritmo de comunicación que se volvió costumbre en estas semanas y que ayuda a entender el pulso de una recuperación paso a paso, sin sobresaltos ni titulares apurados.
Un septiembre de idas y vueltas
El recorrido médico de Mirtha a lo largo de este mes fue una montaña rusa que conviene repasar para dimensionar dónde está parada hoy. Todo arrancó con un cuadro gripal que, lejos de quedarse en un resfrío común, derivó en una bronquitis que la obligó a internarse. Tras varios días de atención, recibió el alta el 13 de septiembre y volvió a su casa a seguir la recuperación entre paredes conocidas. Pero el alivio duró poco: cinco días después, el 18, regresó al Mater Dei por dificultades respiratorias compatibles con una neumopatía, lo que disparó nuevos estudios y un tratamiento más prolongado bajo supervisión constante.
Desde entonces, cada parte fue un termómetro de expectativas. El del 25 de septiembre trajo una buena noticia: Legrand había incrementado la actividad física junto al equipo de kinesiología, una señal de que el cuerpo empezaba a responder y de que la internación, aunque prudente, dejaba espacio para pequeños avances cotidianos. Lo que no cambió es la decisión de mantenerla hospitalizada hasta completar la recuperación y poder retomar, sin apuro, su vida de siempre.
Juana al frente, la abuela mirando
Mientras la diva de los almuerzos hace los deberes en la clínica, la pantalla no quedó a oscuras. Juana Viale tomó las riendas tanto de las emisiones de La Noche de Mirtha como de los almuerzos dominicales, y lo hizo con una naturalidad que habla del aprendizaje de años compartidos. En una de las aperturas, la nieta contó un detalle que a mí, particularmente, me emocionó: Mirtha sigue las emisiones desde la habitación del sanatorio y le hace devoluciones sobre lo que ve, como si la distancia fuera apenas un decorado. "La abuela está mejorando muy bien", expresó Viale al enviarle un saludo, y en esas palabras se condensó el sentir de una familia que hace de lo cotidiano un acto de resiliencia.
- La última vez que Mirtha Legrand estuvo al frente de su mesa fue el 29 de agosto, cuando todavía el calendario parecía una cuestión menor.
- Juana Viale conduce desde entonces las emisiones nocturnas y los almuerzos de los domingos, con la impronta de quien conoce el oficio de memoria.
- Durante la internación la visitaron Marcela Tinayre, sus nietos Juana y Nacho Viale y su bisnieta Ámbar de Benedictis, un clan que se organiza cuando la matriarca lo necesita.
- El próximo parte médico se espera para el miércoles, salvo que haya cambios en el cuadro clínico que obliguen a actualizar antes la información.
Yo, que llevo años mirando esa mesa desde el otro lado del vidrio, les digo algo: en esta historia no hay golpe bajo ni capítulo dramático. Hay una mujer de 99 años que se repone con la misma elegancia con la que siempre condujo una sobremesa, y una familia que se reorganiza alrededor suyo sin hacer ruido. Mi recomendación, mientras esperamos el alta, es simple: vuelvan a buscar un domingo de Mirtha en el archivo, pónganlo a la tarde, y dense el gusto de recordar por qué esa silla todavía, incluso vacía, sigue siendo la más importante de la televisión argentina. Volverá, como vuelve siempre, y la mesa la estará esperando.
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