Sangre, polvo y hermanas: el Berlín vampírico que propone "City of Blood"
La nueva serie de Disney+ adapta una novela gráfica alemana y cruza un drama de reencuentro familiar con una distopía donde la sangre se comercia en las sombras y el cambio climático convirtió a Berlín en un horno.

"En la sangre llevamos la historia, y en la historia, la sangre". La frase podría perfectamente a cualquiera de los personajes que desfilan por "City of Blood", la apuesta de Disney+ que llega para sacudir el género de vampiros con una estética muy lejos del castillo gótico clásico: acá el castillo es un Berlín devastado por una pandemia, fragmentado políticamente y castigado por temperaturas que parecen salidas de un documental sobre el fin del mundo. Les cuento, porque hay mucho para desarmar en estos ocho episodios.
Una novela gráfica con pedigree alemán
La serie toma como punto de partida la novela gráfica escrita por Reinhard Kleist y Tobias O. Meißner, dos autores europeos con trayectoria en el cómic adulto. Esa raíz se nota: la puesta en escena privilegia el dibujo de los espacios, la textura del polvo sobre las calles y una paleta de colores tierra que reemplaza los habituales azules nocturnos del vampiro tradicional. Es un trabajo pensado para lectoras y lectores que aceptan tomarse su tiempo antes de que las tramas se conecten, algo que los primeros capítulos hacen con paciencia casi de novela literaria.
Dos hermanas, dos mundos
El motor emocional de la historia es el reencuentro entre Bea y Phoebe. Las separaron cuando eran chicas y cada una construyó su vida en veredas opuestas del mismo Berlín. Bea creció al abrigo de una madre adoptiva con recursos, acostumbrada a las cúpulas climatizadas que reservan los sectores privilegiados. Phoebe, en cambio, aprendió a moverse en una ciudad donde conseguir agua o un poco de electricidad ya es una pequeña victoria. Cuando vuelven a cruzarse, la serie habilita dos miradas complementarias sobre el mismo desastre: la que lo observa desde adentro y la que lo mira desde cierta comodidad. Esa tensión entre hermanas es, a mi entender, lo más interesante que propone "City of Blood".
- Pandemia que diezmó a la población y dejó a Alemania dividida en estados independientes.
- Cambio climático como hecho cotidiano: calor extremo, polvo y calles casi inhabitables.
- Sangre convertida en mercancía ilegal y motor de las redes criminales.
- Vampiros integrados a las estructuras de poder, con interés en participar de la política.
- Brecha social visible en la arquitectura: cúpulas climatizadas para pocos, servicios esenciales faltantes para la mayoría.
Vampiros sin romanticismo
Acá no hay vampiros seductores que brillan bajo la luna. Los de "City of Blood" son operadores de un negocio donde la sangre se vende, se roba y se negocia en los márgenes de un sistema que ya de por sí está roto. Necesitan beberla y mantenerse lejos del sol, sí, pero sobre todo necesitan dinero y cuota de poder, y por eso pugnan por meterse en la política de esos estados independientes que surgieron después de la pandemia. Esa decisión de sacarlos del castillo y empujarlos al mercado negro es, a mi modo de ver, lo que le da actualidad al género: el monstruo ya no es la metáfora del extranjero, es la metáfora del que comercia con lo que otros necesitan para vivir.
Mi recomendación, si se animan, es tomársela como una lectura larga antes que como una maratón. Los primeros episodios construyen el mundo con calma y por ahí pueden sentirse lentos, pero esa pausa es la que después hace que las líneas de Phoebe, Bea, los vampiros y los territorios fragmentados se entrelacen con peso propio. Si les gustan las distopías con mirada social y están dispuestos a aceptar vampiros sin romanticismo, "City of Blood" les va a dejar pensando bastante después del último capítulo. Yo, al menos, terminé con ganas de releer la novela gráfica de Kleist y Meißner para comparar qué se quedó en el papel y qué decidió reinventar la serie.
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