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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Seamos sinceros: perder un partido no habilita a nadie a pedir que un tipo se muera

Flavio Cobolli cayó en Shanghái, le llegaron mensajes que le deseaban el cáncer y la muerte, y su padre los expuso en redes para abrir un debate que la ATP y las plataformas vienen esquivando hace rato.

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Cristian D'AmicoDeportes · · 3 min de lectura
Seamos sinceros: perder un partido no habilita a nadie a pedir que un tipo se muera

Una cosa es bancarte que un hincha te putee en la tribuna porque la tenés adentro con su equipo. Otra, muy distinta, es abrir Instagram y leer que un desconocido te desea que te mueras de cáncer. Eso le pasó a Flavio Cobolli, número 5 del mundo, después de caer en su debut en el Masters 1000 de Shanghái frente al francés Adrian Mannarino en tres sets. Y la perlita no fue el resultado, que puede pasarle a cualquiera, sino lo que se le vino encima después.

Su padre y entrenador, Stefano Cobolli, decidió no guardar el mensaje en un cajón. Lo publicó en su cuenta de Instagram, bien a la vista, con nombre y apellido del perfil que lo escribió. El usuario figuraba a nombre de una chica de 19 años y el texto decía, más o menos, que en lugar de jugar las Finals a su hijo le tenía que dar cáncer y se tenía que morir. Si, leyó bien: un ser humano deseándole la muerte a un pibe de 23 años que lo único que hizo fue perder un partido de tenis.

El padre de Cobolli plantó bandera

Stefano, que viene del palo y sabe lo que es comerse la cancha, eligió esta vez pelearla desde otro lado. Acompañó a su hijo con un mensaje corto: lo felicitó por haber luchado, le dijo a pensar en lo que viene, y al mismo tiempo levantó la denuncia pública. Seamos sinceros: hay algo de cruel y de tristísimo en que un padre tenga que salir a bancar públicamente a su hijo porque alguien desde un sillón, escondido detrás de un usuario, le escribió eso.

“Normalmente intento borrarlos sin darles importancia, porque son muchísimos. Pero hay que hacer algo.”Stefano Cobolli

El entrenador reconoció que este tipo de agresiones le llegan seguido y que, hasta ahora, su estrategia era mandarlas al tacho. Pero esta vez decidió romper el código de silencio. Incluso deslizó que está pensando en cerrar las redes, aunque por ahora prefiere seguir mostrando los mensajes para que la cosa no quede en un loop de pasar y borrar.

No es la primera vez que pasa

Lo de Cobolli no es un caso aislado. En el circuito vienenapareciendo denuncias de varios jugadores, entre ellos Matteo Berrettini, que también recibió amenazas e insultos después de algunos partidos. La mayoría de estos episodios coinciden con un denominador común: pérdidas de plata en apuestas deportivas. Esto es, gente que apostó a favor del italiano, perdió la suya, y en vez de hacerse cargo le mandó mensajes deseándole lo peor. Como si el tipo tuviera obligación moral de ganarles el partido.

  • Amenazas de muerte bajo perfiles anónimos o de gente muy joven.
  • Insultos con tono discriminatorio y sin ningún tipo de filtro.
  • Padres de menores que aparecen como responsables de lo que sus hijos escriben.
  • Operadores de apuestas como combustible principal de buena parte de los ataques.
  • Plataformas que miran para otro lado, salvo cuando el tema explota.

Stefano fue directo contra los adultos que tienen que hacerse cargo de lo que sus hijos hacen en internet. "Nosotros somos fuertes, somos deportistas y superamos obstáculos mucho más grandes que un comentario de Instagram, pero hay muchas personas que podrían sufrir por esto y no es justo", tiró. Y la frase pega donde tiene que pegar: porque el problema no es solo Cobolli, son los miles de pibes y pibas anónimos que se bancan cosas parecidas todos los días y no tienen a un padre con 200 mil followers para exponerlo.

La eliminación en Shanghái deja a Cobolli afuera del Masters temprano, aunque su lugar entre los diez mejores del ranking no corre riesgo por ahora. El próximo rival del circuito, en todo caso, será el que le toque en el Masters 1000 de París, en el estadio Bercy, donde otra vez va a tener que sostener la raqueta y, de paso, bancarse lo que le escriban detrás de una pantalla. La pregunta de fondo sigue abierta: si los torneos y las plataformas van a seguir mirando para otro lado cada vez que un atleta denuncia esto, o si de una buena vez van a tomar cartas en el asunto.

CD
Cristian D'AmicoDeportes

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