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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Ecos del Oeste

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Teeto, el plataformas neozelandés que vuelve a los 90 con una masa azul que se lo traga todo

Eat Pant Games presentó un juego de plataformas en 3D con mecánica de absorción, cooperativo local y una estética que homenajea a los clásicos de 64 bits. Un título amable, pensado para explorar y coleccionar antes que para sufrir.

SF
Silvia FerraroCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
Teeto, el plataformas neozelandés que vuelve a los 90 con una masa azul que se lo traga todo

Hay una frase que repito cada vez que me siento frente a un videojuego nuevo y que, creo, resume bastante lo que uno busca en esta clase de aventuras: 'No es lo que entra por los ojos, es lo que queda en el pecho'. Y ese pecho late distinto cuando aparece un plataformas que, en lugar de pedirte saltar hasta el hartazgo, te invita a mirar el escenario con otros ojos. Eso es, justamente, lo que propone Teeto, el debut del estudio neozelandés Eat Pant Games, que acaba de presentar su propuesta de plataformas en tercera dimensión con una premisa tan simple como efectiva: sos una masa azul que se traga el mundo.

Una mecánica de absorción que cambia las reglas del género

Lo primero que hay que entender de Teeto es que no se juega como un plataformas clásico. El personaje central puede absorber objetos del escenario —rocas, fuego y otros elementos— para modificar sus propias propiedades y desbloquear habilidades específicas. En la práctica, esto significa que en lugar de saltar de plataforma en plataforma de manera lineal, uno tiene que detenerse, observar el entorno y decidir qué le conviene comerse para resolver cada situación. Esa mecánica de mutación es, a mi entender, el corazón del juego y lo que lo separa de otros exponentes del género: convierte la exploración en una herramienta, no en un adorno.

El movimiento se apoya en dobles saltos y planeos que permiten navegar los escenarios con cierta precisión, y la misma lógica de absorción aparece en los enfrentamientos contra los jefes, lo que le da coherencia al sistema dentro del diseño general. La historia sigue a Teeto y a su compañera Nory, una coneja, mientras enfrentan una corrupción de sombras que atraviesa 24 niveles organizados en cuatro actos. El arco narrativo no pretende reinventar nada, y me parece que está bien que así sea: el protagonismo se lo llevan los escenarios y las criaturas que uno va encontrando en ellos.

Cooperativo local, exploración pausada y estética de los 64 bits

  • 24 niveles repartidos en cuatro actos, con una curva de dificultad deliberadamente amable.
  • Cooperativo local con pantalla dividida, pensado para jugar en compañía sin complicaciones.
  • Escenarios diseñados para premiar la exploración: coleccionables y criaturas rescatables escondidos en los rincones.
  • Estética que homenajea a los clásicos de plataformas de los años 90 y los 64 bits, con una dirección artística colorida y legible.
  • Mecánica central de absorción que se mantiene coherente incluso en los combates contra jefes.

Hay algo entrañable en volver a recorrer escenarios que piden, por encima de todo, que uno se tome su tiempo. Teeto está diseñado para que el jugador revise cada rincón en lugar de avanzar rápido, y esa decisión lo emparienta con aquella vieja tradición de los plataformas donde perderse era parte del juego. El cooperativo local con pantalla dividida suma un componente social que refuerza ese perfil: los niveles, los rompecabezas ambientales y los coleccionables funcionan igual de bien en compañía, algo que uno agradece cuando se acuerda de las tardes compartidas frente a la tele.

Una dificultad amable, que puede ser virtud o limitación

La curva de dificultad es, a las claras, una declaración de principios. Eat Pant Games parece haber apostado por un juego accesible, pensado para que cualquiera pueda terminarlo sin frustrarse. Para quien se acerca al género de vez en cuando o quiere compartirlo con personas que no son jugadoras habituales, eso es una gran noticia. Ahora bien, también es justo advertirlo: si uno viene de plataformas más exigentes, con plataformeo quirúrgico y enemigos que castigan cada error, es probable que Teeto se sienta un poco cómodo. No es un defecto, es una elección, y conviene tenerla presente antes de sentarse a jugarlo.

Dicho todo esto, y dejando que cada uno resuelva si le tienta más un plataformas sin complicaciones o si prefiere que el género le exija un poco más, mi recomendación es sencilla: dénle una oportunidad. Teeto no pretende reinventar la rueda, pero la hace rodar con cariño, con una estética que evoca a esos clásicos que muchos llevamos en el corazón y con una mecánica de absorción que, créanme, invita a jugar de otra manera. Si me preguntan a mí, se lo voy a recomendar a mi sobrino de diez años y a mi vieja, que de plataformas sabe poco y nada, pero de pasarla bien frente a la tele sabe un montón.

SF
Silvia FerraroCultura y espectáculos

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