Saltar al contenido
Sábado, 17 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕
Ecos del Oeste

Ecos del Oeste

Travis Knight y la defensa a ultranza del stop motion frente al avance imparable de la inteligencia artificial

A días del estreno de Wildwood, el director de Kubo y las dos cuerdas mágicas asegura que la animación cuadro por cuadro es lo contrario de lo que propone la IA: una celebración de la huella humana sobre cada fotograma construido a mano.

SF
Silvia FerraroCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
Travis Knight y la defensa a ultranza del stop motion frente al avance imparable de la inteligencia artificial

"El stop motion hace gala abiertamente de su humanidad. Y la IA carece de humanidad". La frase pertenece a Travis Knight y, lejos de ser una boutade de promoción, condensa una postura que el director viene sosteniendo desde hace años y que ahora, a pocas semanas del estreno de Wildwood, vuelve a poner sobre la mesa. Para Knight, la animación stop motion no es solo una técnica: es una manera de entender el oficio, de poner al artista en el centro de la escena y de defender, frente al avance de los algoritmos, algo tan intangible como el alma de un trabajo artesanal que se construye fotograma a fotograma, con las manos, durante años.

Un director con pedigree y una vuelta a las raíces

A sus 52 años, Knight lleva recorrido un camino singular dentro de la animación contemporánea. Su debut detrás de cámara, Kubo y las dos cuerdas mágicas (2016), le valió una nominación al Oscar y lo instaló como uno de los nombres a seguir en el género. Después se corrió hacia la acción real con Bumblebee, la entrega más elogiada de la franquicia de Transformers, y más tarde se hizo cargo del esperado reboot de He-Man y los Masters del Universo. Pero el llamado del stop motion siempre tironeó, y Wildwood, su nueva película, marca su regreso a ese universo de plasticina, luces y paciencia infinita que caracteriza al estudio Laika, donde también oficia de presidente y director general.

La película, que se estrena el 23 de octubre, fue descrita por el propio estudio como "el proyecto más difícil" que encararon en su historia. Y los números ayudan a dimensionarlo: 140 minutos de metraje, filmados cuadro a cuadro, a mano, con cada fotograma construido físicamente antes de ser capturado por la cámara. El tráiler que ya circula muestra una factura visual elaboradosísima, con texturas, materiales y movimientos que delatan el trabajo minucioso de equipos de animadores que pueden tardar días enteros en completar apenas unos segundos de pantalla.

“La IA es realmente contraria a todo lo que defendemos en Laika, porque en Laika, en el centro de todo lo que hacemos, está el artista.”Travis Knight

En tiempos donde la inteligencia artificial generativa amenaza con reinventar buena parte de los procesos creativos, la defensa que hace Knight del stop motion adquiere un peso particular. El director no niega el potencial técnico de la IA: él mismo la describe como una "tecnología asombrosa". Pero insiste en que esa misma tecnología deja afuera lo que para él resulta definitorio del arte: la huella humana, el error, la imperfección que delata la mano que trabajó sobre la arcilla, el tiempo invertido en cada gesto.

  • El stop motion expone las marcas del proceso humano: cada fotograma lleva la firma del animador, con sus ajustes, sus pausas y sus pequeñas decisiones.
  • La animación por IA produce resultados sin ese rastro: la imagen llega limpia, instantánea, sin evidencia de quién (o cómo) se hizo.
  • Para Knight, el arte requiere "imbuir de alma" lo que se hace, algo que una máquina, por más asombrosa que sea, no puede replicar.
  • La diferencia no es solo técnica, sino filosófica: define si una obra puede o no ser considerada arte en sentido pleno.
  • En Laika, el artista ocupa el centro de cada decisión; la IA, dice Knight, ubica al algoritmo en ese lugar.

Una defensa que también es una forma de resistencia

La distinción que traza Knight no es nueva en el debate, pero sí cobra una fuerza renovada en este contexto. Mientras gigantes del streaming y productoras de animación por computadora empiezan a experimentar con herramientas de IA para acelerar pipelines y abaratar costos, Laika sigue apostando por un modelo de producción que parece deliberadamente anacrónico: equipos pequeños de artesanos, plazos largos, escenas rodadas durante meses. Wildwood, con sus 140 minutos, es la apuesta más ambiciosa de esa filosofía.

Le pregunté en voz baja, mientras imaginaba la sala de edición donde seguramente Knight termina de pulir los últimos detalles, si esta obstinación por lo artesanal no es también una manera de marcarle la cancha a un futuro que avanza sin pedir permiso. Y la respuesta, en realidad, ya está dada: Wildwood existe, se estrena, y lo hace proclamando, fotograma a fotograma, que hay algo irreemplazable en el temblor de una mano que mueve una figura de arcilla bajo una luz cuidadosamente ubicada.

Para mí, que crecí viendo películas animadas en un cine de barrio donde las butacas crujían y el proyector zumbaba, la idea de que alguien defienda con tanta convicción el derecho a que una escena lleve horas, días, semanas de trabajo humano tiene algo de profundamente conmovedor. Wildwood se estrena el 23 de octubre y vale la pena ir a verla no solo como una película, sino como un manifiesto. Les recomiendo buscarla en el cine más cercano y quedarse hasta los créditos, aunque sea para confirmar, con los propios ojos, eso que Knight llama humanidad.

SF
Silvia FerraroCultura y espectáculos

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo