Saltar al contenido
Jueves, 22 de octubre de 2026
Actualidad y noticias, al instanteBuscar ⌕
Ecos del Oeste

Ecos del Oeste

Wildwood: cuando las manos le ganan al algoritmo

Laika vuelve a demostrar que el stop-motion sigue vivo y, en su sexta película, eleva la vara técnica con 231 muñecos, 136 escenarios y una secuencia de combate que es una hazaña de paciencia artesanal.

SF
Silvia FerraroCultura y espectáculos · · 3 min de lectura
Wildwood: cuando las manos le ganan al algoritmo

Como bien dijo alguna vez el director de Coraline, el stop motion no es un arte del pasado sino una elección de futuro, y la nueva película de Laika parece darle la razón hasta en el último fotograma: Wildwood es, sin exagerar, la producción más ambiciosa que haya salido de un estudio que ya nos había acostumbrado a que lo artesanal no tiene nada que envidiarle a lo digital.

Porque detrás de estos 132 minutos hay cinco años de trabajo minucioso, decenas de artesanos moviendo figuras articulación por articulación y 231 muñecos habitando 136 escenarios construidos a mano, escenario por escenario, pared por pared, con la paciencia de quien sabe que el cine también se hace con los dedos.

Una historia que no le habla a los chicos

La película sigue a Prue y Curtis, dos protagonistas que se internan en un universo de proporciones enormes, y lo interesante es que Laika abandona la moraleja fácil para abrazar una narrativa más cercana a la épica: hay violencia, hay relaciones complejas, hay batallas de gran escala, y el tono está pensado para adolescentes y adultos, no para el público que descubre el cine con pochoclos en el living un domingo a la tarde.

El tercer acto como hazaña técnica

Si hay algo que merece destacarse es ese tercer acto en el que cientos de figuras se mueven de manera sincronizada en una secuencia de combate: en el stop motion tradicional cada fotograma exige reposicionar manualmente cada personaje, así que imaginar lo que significa coordinar a esa cantidad de muñecos al mismo tiempo es entender por qué esta escena se convirtió en el punto de mayor exigencia técnica del proyecto y, probablemente, de la historia reciente del estudio.

Ahora bien, no todo es perfecto: el desarrollo de los personajes principales muestra algunas limitaciones que parecen venir del material de origen en el que se basa el guion, y es probable que algún espectador salga de la sala con la sensación de que la proeza visual corre más rápido que la profundidad emocional de quienes la protagonizan.

Tampoco es un dato menor que Laika opere con independencia creativa sostenida por el respaldo financiero de Nike, lo que le permite encarar proyectos de esta escala sin que nadie le marque el rumbo desde lo comercial: en tiempos donde las grandes plataformas condicionan hasta el color de la paleta, eso es casi un acto de militancia.

La pregunta que queda dando vueltas

Y acá viene la pregunta que sobrevuela toda la película: ¿puede el cine de animación artesanal competir de igual a igual con las produções digitales de los grandes estudios, o Wildwood es apenas la excepción que confirma la regla? Yo, que llevo décadas viendo cómo se anuncia la muerte del cine hecho a mano, me inclino a pensar que la respuesta está en la butaca: cuando uno ve a esos 231 muñecos cobrar vida cuadro por cuadro, entiende que hay un plus de alma que el algoritmo todavía no sabe fabricar. Si tienen la oportunidad, dense el gusto de verla en pantalla grande, que es donde el stop motion se luce de verdad.

SF
Silvia FerraroCultura y espectáculos

Comentarios

0

Todavía no hay comentarios. Sé el primero.

Seguí leyendo