Yankelevich salió a poner las cosas en claro: nadie llevó a Darío Giordano a ViveRo, él se acomodó solo en una noche que no era la suya
El productor y abuelo de Azul, Valentín y Franco contó por qué el padre de los chicos terminó hablando con la prensa durante el homenaje a Romina Yan, y repasó el camino que lo llevó a quedarse con la tenencia de los dos varones. Un capítulo más de una historia que duele y que, según su relato, empezó con un mensaje de Cris Morena y terminó en la Justicia.

Hay noches que uno imagina como un abrazo colectivo, como un acto de amor compartido, y que de pronto se ven atravesadas por una sombra que nadie convocó. Eso fue, para Gustavo Yankelevich, la función de ViveRo en el Teatro Gran Rex, aquel septiembre de 2018 en el que la pantalla y las butacas se llenaron de música y de recuerdos para celebrar los 44 años que Romina Yan habría cumplido si el tiempo no se hubiera empecinado en llevársela antes. Yo estaba ahí, como público, como televidente, y me quedé con la postal luminosa; ahora, gracias a esta conversación del productor, entiendo que la noche tuvo claroscuros que en su momento pasaron inadvertidos para la mayoría.
“Leí que algunos preguntan para qué lo invitamos. Nadie lo invitó”Gustavo Yankelevich
La aclaración de Yankelevich, que volvió a circular con fuerza en estos días, apunta a un punto concreto: Darío Giordano, padre de Azul, Valentín y Franco, no fue parte de la producción ni del staff del espectáculo. Según el relato del productor, Giordano concurrió al Gran Rex porque Azul tenía una participación artística prevista esa noche, junto a sus hermanos, y fue él quien decidió acompañarla en lugar de delegar la tarea en otra persona.
Una función con nombre propio
Quiero detenerme un instante en el contexto, porque creo que ayuda a dimensionar lo que se vivió esa noche. ViveRo no fue un show más: fue un homenaje organizado por la familia Yan y por todo el equipo que acompañó a Romina a lo largo de su carrera, con un elenco largo y generoso que incluyó a Lali Espósito, Abel Pintos, Luciano Pereyra y Patricia Sosa, entre otros. La transmisión se hizo en vivo por Telefe y hubo pantalla gigante montada sobre Diagonal Norte para que nadie quedara afuera del recuerdo. Subir a tres hermanos a cantar por su madre, en semejante escenario, era un gesto cargado de ternura y de valor.
En ese marco, según lo que cuenta Yankelevich, Giordano habló con la prensa a la salida del teatro y lo hizo, dice el productor, como si los chicos hubieran estado felices viviendo con él. Yo reconozco que me hizo ruido la frase del abuelo cuando la leí: Lo veo y no lo puedo creer. Es la frase de alguien que ya conoce los hechos y no se explica cómo el otro todavía los niega en público.
Un mensaje, una decisión y una Justicia que llegó
El productor recordó que la primera alarma la encendió una persona muy cercana al corazón de los chicos: la propia Cris Morena. Está pasando algo raro, prestale atención a los chicos, fue el mensaje que, según Yankelevich, le llegó cuando Franco todavía era un adolescente. A partir de ahí se desencadenó un proceso que el productor prefiere contar con todas las letras, porque entiende que ese es el modo de cuidar a sus nietos.
Franco le pidió irse a vivir con él y, al preguntar el porqué, el chico le contó que su padre lo había golpeado al enterarse de ese pedido. La familia eligió, en aquel momento, no exponer el caso en los medios. Si mediatizábamos este tema, los nenes no iban a lograr su objetivo, que era que me pudieran dar la tenencia a mí, resumió Yankelevich, que después de la denuncia y con la intervención de la Justicia quedó al cuidado de Franco y de Valentín. El productor aclaró además que los varones ya llevaban tres años bajo su techo en la noche del homenaje, por eso le llamó la atención la actitud de Giordano delante de los micrófonos.
Una recomendación antes de seguir leyendo
Si me permiten el consejo desde este espacio, yo diría que a este tema lo miremos con la calma que merece, sin convertirlo en una pelea de portales ni en una cruzada de hashtags. Hay chicos en el centro de la historia, chicos que cantaron por su madre en un escenario enorme y que después crecieron, pidieron ayuda y fueron escuchados por su familia. Esa parte, la de pedir ayuda y ser escuchado, es la que me parece importante subrayar. Y si alguien me pregunta por qué traer todo esto a la sección de Cultura y Espectáculos, le respondo que en el escenario del Gran Rex, esa noche de 2018, hubo lugar para la música, para el recuerdo y, también, para que los claroscuros de una familia quedaran a la vista de quienes quisieran verlos.
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