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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Ecos del Oeste

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Zulema Galperín, la actriz que se subió al escenario después de los sesenta y nunca bajó

La Asociación Argentina de Actores confirmó el fallecimiento a los 90 años de una intérprete que empezó tarde, a los sesenta, y construyó una carrera prolífica en televisión, cine, teatro y plataformas. Un recorrido que incluyó Chiquititas, Gasoleros, el personaje de la Abuela cocainómana en Duro de domar y una obra que se representaba dentro de un colectivo en marcha por las calles de Buenos Aires.

SF
Silvia FerraroCultura y espectáculos · · 4 min de lectura
Zulema Galperín, la actriz que se subió al escenario después de los sesenta y nunca bajó

Hay carreras que empiezan cuando el calendario dice que ya deberían haber terminado, y son justamente ésas las que a veces dejan la huella más honda en la memoria de un oficio. Zulema Galperín, que se había criado entre planillas y oficinas, descubrió la actuación bien entrada la década del noventa, cuando muchos creen que el camino artístico ya quedó atrás, y a partir de ahí construyó una trayectoria que combinó televisión, cine, teatro y plataformas con una constancia que el público argentino fue reconociendo de a poco, casi sin darse cuenta, hasta convertirla en una de esas caras familiares que aparecen y uno siente que las conoce de toda la vida.

Una vocación que llegó con los años

Galperín había nacido el 18 de abril de 1936 y durante décadas se dedicó a tareas administrativas, ese mundo de escritorios, horarios y papeles que nada tenía que ver con las tablas. El salto llegó en los años noventa, cuando empezó a buscar un taller donde ensayar otra forma de habitar el tiempo, y en 1997 se anotó en el taller de Entrenamiento Teatral del Teatro Regio, ese templo de la calle Córdoba donde durante años se formaron actores y actrices con una disciplina casi artesanal. A partir de ahí fue sumando seminarios y espacios de formación, como si quisiera recuperar en pocos años todo lo que el trabajo de oficina le había quitado.

La televisión, el cine y una abuela muy particular

Su recorrido en la pantalla chica fue amplio y se extendió a lo largo de casi dos décadas: pasó por ficciones de distintos tonos y formatos, desde Poliladron y Verdad consecuencia hasta Primicias, Epitafios, Viudas e hijos del rock and roll, Buenos chicos y la miniserie En París, sin olvidar sus participaciones en Chiquititas y Gasoleros, que la acercaron al público masivo. En cine, integró elencos de películas como Puan, La extorsión, Los justos, Eva Perón, Pacto de silencio, Blindado, Los adoptantes y La estrella roja, y en los últimos años se volcó también a las plataformas con títulos como Nada, Envidiosa, El tiempo de las moscas y Gutiérrez is mai neim.

Pero si hay un personaje que quedó grabado en el imaginario de varias generaciones, ése es el de la Abuela cocainómana que interpretó junto a Sebastián Presta en Préstico, el segmento de sketches de Duro de domar, aquel programa que Roberto Pettinato conducía con un humor filoso y algo desbocado. Aquel personaje, a fuerza de repetirse en la pantalla, se convirtió en una pequeña marca registrada de la década del dos mil, y contribuyó a que muchos espectadores descubrieran a una actriz que llevaba años construyendo personajes secundarios con una solvencia que rara vez se reconoce en los roles de apoyo.

Una obra dentro de un colectivo en marcha

Su experiencia teatral tuvo escenas difíciles de olvidar, y una de ellas es literalmente imposible de repetir: en Fango negro, escrita por José Gabriel Núñez y dirigida por César Sambatario para el grupo Clan-Destino, Galperín actuó dentro de un colectivo que circulaba por las calles de Buenos Aires, mientras los espectadores viajaban como si fueran pasajeros de una línea cualquiera. La propuesta convertía a la ciudad en escenario y al viaje en función, y dejaba claro que para esta actriz el teatro no era un lugar cómodo sino un territorio para experimentar. En paralelo, participó de Motivos para levantarse por la mañana, de Germán Akis y Raúl Baroni, en el Teatro Arlequino, y de distintos proyectos vinculados a la Fundación SAGAI, como la miniserie Superhéroes y heroínas urban@s, donde en 2021 compartió el capítulo La página en blanco con María del Carmen Simari y Mirta Calza Citín.

Afiliada desde el año 2000 a la Asociación Argentina de Actores y Actrices, Galperín mantuvo su vínculo con la entidad a lo largo de más de dos décadas, y fue la propia asociación la que comunicó su fallecimiento a los 90 años, despidiendo a una colega que había encontrado en la actuación un sentido nuevo cuando la mayoría empieza a pensar en el descanso. A mí, que la vi aparecer en esas ficciones de la tarde y en esos sketches de humor algo ácido, me queda la imagen de una mujer que decidió reinventarse a una edad en la que la palabra vocación suele sonar a recuerdo, y que se tomó muy en serio esa segunda vida, con talleres, con obras en colectivos en marcha, con personajes entrañables que todavía nos sacan una sonrisa cuando los cruzamos en una repetición de cable. Si alguien quiere entender de qué se trata eso de empezar de nuevo, le recomiendo volver a buscarla en alguna de esas ficciones: ahí está Zulema Galperín, fiel a su cita con el escenario, hasta el final.

SF
Silvia FerraroCultura y espectáculos

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