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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Ecos del Oeste

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A 25 años del debut de «Hermanos de sangre», la serie bélica que ningún otro producto supo igualar

La miniserie de HBO que produjo Steven Spielberg con Tom Hanks sigue siendo, dos décadas y media después, la referencia ineludible del género en televisión. Repaso de una obra que cambió para siempre la forma de contar la guerra en la pantalla chica.

SF
Silvia FerraroCultura y espectáculos · · 5 min de lectura
A 25 años del debut de «Hermanos de sangre», la serie bélica que ningún otro producto supo igualar

«El mundo es un lugar peligroso no por causa de los que hacen el mal, sino por causa de los que no hacen nada», reflexiona uno de los veteranos de la Easy Company al abrir uno de los capítulos. La frase, pronunciada por un hombre que pisó suelo europeo con un paracaídas a la espalda y volvió a casa con el peso de lo visto, resume el espíritu de una serie que el 9 de septiembre de 2001 debutó en la pantalla de HBO y que, veinticinco años más tarde, sigue siendo la cima del género bélico televisivo. «Hermanos de sangre», título con el que se conoció en la Argentina a la producción original Band of Brothers, no tuvo rivales entonces y, según la crítica especializada, tampoco los tuvo después.

Una compañía que se volvió leyenda

La historia sigue los pasos de la Easy Company, una unidad de paracaidistas del 506.º Regimiento de Infantería de la 101.ª División Aerotransportada del Ejército de los Estados Unidos, desde el entrenamiento en el campamento Toccoa, en Georgia, hasta la entrada en el campo de concentración de Berchtesgaden, en los Alpes bávaros. La narración se apoya en el libro homónimo del historiador Stephen E. Ambrose, publicado en 1992, aunque la adaptación televisiva decidió correrse del mapa estratégico para detenerse en lo más chico: los lazos entre los soldados, las bromas en el barro, las rencillas internas, el modo en que un grupo de jóvenes norteamericanos se fue convirtiendo, episodio a episodio, en una familia forjada bajo el fuego.

“«No teníamos idea de lo que nos esperaba. Éramos chicos de pueblos chicos a los que de golpe les pidieron ganar una guerra.»”Edward «Babe» Heffron, veterano de la Easy Company
  • La decisión de incluir a los veteranos reales como presentadores de cada capítulo, relatando en primera persona lo que vivieron, le dio a la serie un tono de documental oral que las ficciones convencionales no pueden replicar.
  • Damian Lewis interpretó al teniente Richard Winters, el líder sereno al que la compañía le debe su cohesión. Lo secundaron Ron Livingston, Donnie Wahlberg, Kirk Acevedo y Michael Cudlitz, entre otros.
  • El reparto incluyó a Michael Fassbender, James McAvoy, Simon Pegg y Tom Hardy, que por entonces eran caras desconocidas y hoy son nombres centrales del cine mundial.
  • David Schwimmer, el más famoso del elenco por entonces gracias a «Friends», encarnó al capitán Herbert Sobel, el oficial estricto que se ganó el rechazo de sus propios hombres.

Un estreno atravesado por la historia

La serie llegó a la pantalla apenas dos días antes de los atentados del 11 de septiembre de 2001, y el país que la vio debutar ya no era el mismo cuando llegó el final. El primer capítulo reunió a unos diez millones de espectadores, una cifra enorme para una cadena de cable, y la campaña promocional se suspendió de manera inmediata tras la caída de las Torres Gemelas. Sin embargo, el público la acompañó hasta el cierre. Hay algo casi insólito en pensar que una de las obras más celebradas de la televisión bélica se emitió en el preciso momento en que Estados Unidos volvía a entrar en conflicto, y que, sin embargo, nadie la sintió como propaganda: la serie no hablaba de la guerra en abstracto, sino de personas concretas, y por eso pudo leerse de muchas maneras a la vez.

El estándar cinematográfico que nadie igualó

El presupuesto de 125 millones de dólares fue, en aquel momento, el más alto jamás asignado a una producción para televisión, y se nota en cada plano. Las secuencias de combate se rodaron con criterios de cine bélico: cámaras estabilizadas, explosiones reales en lo posible, un diseño de producción que reconstruyó campos europeos con un nivel de detalle casi obsesivo. Varios directores se turnaron en la conducción de los episodios —entre ellos Phil Alden Robinson y David Nutter— y la violencia, aunque está presente, nunca se convierte en espectáculo gratuito. La sangre aparece, pero el foco está puesto en el hombre que la derrama y en el que la limpia del uniforme del compañero caído.

A diferencia de «The Pacific» (2010), la producción posterior del mismo equipo de productores —Spielberg, Hanks y el escritor Erik Jendresen—, «Hermanos de sangre» repartió el peso narrativo entre todo el batallón en lugar de concentrarse en dos o tres figuras. Esa elección coral, que obliga al espectador a seguir decenas de nombres y rostros, es a la vez su dificultad y su grandeza: al terminar los diez capítulos, uno siente que conoció de verdad a esa compañía, no a un puñado de héroes de manual.

Una vigencia que se explica sola

Un cuarto de siglo después, la serie sigue disponible en distintas plataformas y sigue siendo vista, citada y revisitada por nuevas camadas de espectadores. Los actores que por entonces eran jóvenes desconocidos se convirtieron, en buena medida, en algunas de las figuras más respetadas del cine de las últimas dos décadas, y varios de ellos suelen señalar a «Hermanos de sangre» como la experiencia que les enseñó a tomarse en serio el oficio de actuar. La Easy Company, mientras tanto, dejó de ser una unidad militar para transformarse en algo parecido a un club del que uno quiere ser parte, al menos durante las horas que dura la serie.

Les digo, como cada vez que me preguntan qué mirar un domingo a la tarde cuando el cuerpo pide algo que valga la pena: vuelvan a «Hermanos de sangre». O, si nunca la vieron, dense el gusto. Hay cientos de series de guerra, hay decenas de superproducciones con estrellas y presupuestos siderales, pero esta miniserie de 2001 sigue siendo, para quien firma estas líneas, la más honesta, la más humana y, sobre todo, la más necesaria de todas. Si les tiembla el pulso al final del último capítulo, no se preocupen: les está pasando lo mismo que nos pasó a casi todos.

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Silvia FerraroCultura y espectáculos

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