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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Ecos del Oeste

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A cuarenta y un kilómetros de silencio: dos pueblos cordobeses para bajar un cambio y mirar el cielo

Capilla del Monte y San Marcos Sierras se reparten una escapada que mezcla cerros, río, yoga y noches estrelladas, con alojamientos que ya piensan la quietud como parte del viaje. Una recorrida por las opciones que ofrecen ambas localidades del noroeste de Córdoba.

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Hernán QuirogaSociedad y barrios · · 3 min de lectura
A cuarenta y un kilómetros de silencio: dos pueblos cordobeses para bajar un cambio y mirar el cielo

Son las nueve de la mañana en la plaza de Capilla del Monte y todavía se puede caminar entre los jacarandáes sin cruzarse con nadie. Apenas se escuchan los pájaros y el murmullo de un par de vecinas que cruzan hacia la verdulería. Desde acá, mirando hacia el norte, el Uritorco aparece como una mole gris que todavía guarda algo de la última helada. A cuarenta y un kilómetros de acá, en línea recta por la ruta que atraviesa el valle, San Marcos Sierras espera con el mismo clima de pueblo chico pero con la particularidad de que, según cuentan los que vuelven, las noches se ven de otra manera. La idea de esta nota es simple: contar cómo se puede armar una escapada entre estos dos pueblos del noroeste cordobés, poniendo el cuerpo en modo pausa.

Dos bases, una sola escapada

Lo más práctico, si uno dispone de tres o cuatro días, es jugar con las dos localidades como si fueran una sola. Capilla del Monte oficia de cabecera para los amantes de los cerros y de una agenda más activa. Desde ahí se puede tomar una excursión al Uritorco, caminar hasta el Cerro Overo o simplemente sentarse en un banco frente a la montaña a ver cómo cambia la luz. San Marcos Sierras, en cambio, propone bajar un cambio más todavía. Sus calles de tierra, el río que cruza el pueblo y el monte que se mete hasta las primeras casas invitan a caminar sin apuro y a dormir temprano.

  • Hotel Terrazas del Uritorco, en Capilla del Monte: ubicado frente a los cerros Uritorco, Overo y las Gemelas, cuenta con un espacio propio llamado Inti Puka, destinado a la meditación, el yoga y las prácticas de bienestar.
  • Bar de comida consciente anexo al hotel, donde Clara Christophersen, su dueña, articula la oferta gastronómica con el resto de la propuesta de introspección.
  • Hostería Cielo y Tierra, en San Marcos Sierras: alojamiento vegetariano con piscina, parque amplio y una sala destinada a la meditación, administrada por Gustavo Chiozzini y Marisa Wagner.
  • Caminatas desde la hostería hacia el monte y el río, dentro de un circuito que se puede hacer a pie y sin apuro, según señalan sus propios dueños.
“El monte y el río están al alcance de los paseos a pie. Acá lo que sobra es silencio y cielos despejados, que para mucha gente ya es motivo suficiente para venir.”Gustavo Chiozzini, propietario de la hostería Cielo y Tierra

Meditar, comer consciente, mirar las estrellas

La gran vedette de Capilla del Monte en esta materia se llama Clara Christophersen. La empresaria lleva tres décadas vinculada a este tipo de propuestas en la región y abrió un espacio artesano naturista que funciona como bar de comida consciente. Para ella, el cerro Uritorco no es un decorado: es parte del atractivo y la explicación de por qué tanta gente elige venir a meditar a este rincón de Córdoba. En su lectura, la búsqueda de hábitos saludables y de momentos de introspección se potencia cuando uno está mirando una montaña que parece tallada a mano.

En San Marcos Sierras, la historia le agrega una capa. El pueblo fue punto de encuentro del movimiento hippie argentino durante la década de 1970 y todavía quedan rastros de esa cultura, entre murales, artesanías y un ritmo de vida que prioriza lo simple. A eso se le suman las noches estrelladas, que los propios dueños de Cielo y Tierra mencionan como uno de los principales atractivos. No hace falta ser astrónomo: alcanza con apagar la luz, salir al parque y mirar hacia arriba. La sensación, me cuentan los que ya fueron, es que uno vuelve con los ojos un poco más limpios. Si tuviera que elegir, la combinación más rendidora sería pasar dos noches en Capilla del Monte -para caminar y hacer una base de yoga en Inti Puka- y la tercera en San Marcos Sierras, para terminar la escapada entre el río, el monte y el silencio de la hostería vegetariana. Pero, claro, eso es apenas una sugerencia. Cada uno sabrá cuánto cerros y cuánto cielo necesita.

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Hernán QuirogaSociedad y barrios

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