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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Ecos del Oeste

Ecos del Oeste

A siete kilómetros de altura, una historia de guerra que se mira con el estómago apretado

Austin Butler y Callum Turner encabezan la miniserie bélica de Apple TV que sigue al 100º Grupo de Bombardeo, conocido como Bloody Hundredth, en sus misiones sobre la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial

SF
Silvia FerraroCultura y espectáculos · · 5 min de lectura
A siete kilómetros de altura, una historia de guerra que se mira con el estómago apretado

Hay una frase de una vieja canción de guerra que dice, más o menos, que arriba no hay cielo, sólo frío y balas. Cada vez que vuelvo a esa idea, pienso en los hombres que tripularon los B-17 sobre Europa y en lo que debió ser sentarse en una formación de diez bombarderos, con el hielo cubriendo las ventanillas, sabiendo que un caza enemigo podía aparecer de cualquier lado. Eso es exactamente lo que viene a contar Los amos del aire, la nueva miniserie de nueve episodios que Apple TV estrena con Steven Spielberg como productor y un elenco encabezado por Austin Butler y Callum Turner. La serie pone el foco en el 100º Grupo de Bombardeo, apodado el Bloody Hundredth, y en las misiones que esa unidad cumplió sobre la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Para quienes gustan de la ficción bélica bien hecha, el arranque de la conversación ya está dado.

Un grupo con nombre propio y un puñado de guionistas con currículum

La creación de la serie lleva la firma de John Shiban y John Orloff, dos guionistas con experiencia en el género. Shiban viene de Ozark, esa historia de dinero y que tanto dio que hablar, mientras que Orloff escribió para Hermanos de sangre, la recordada miniserie de HBO sobre la compañía Easy de la 101ª Aerotransportada. Que Orloff esté involucrado no es un dato menor: hay una sensibilidad por el soldado común, por el tipo que no sale en los libros de historia pero que sostiene la guerra con su cuerpo, que ya se vio en aquel trabajo y que acá se repite. La historia sigue las operaciones del 100º Grupo, conocidas como las misiones del Bloody Hundredth, en las que las tripulaciones de los B-17 debían lanzarse sobre objetivos en territorio enemigo a unos siete kilómetros de altura.

A esa altitud, el aire deja de parecerse al que respiramos cuando caminamos por la calle. La temperatura cae muy por debajo de cero, el oxígeno escasea y las máscaras se convierten en un elemento tan vital como el paracaídas. En las cabinas, los hombres trabajaban con trajes calefaccionados que solían fallar, con cristales empañados y con la consciencia de que un solo impacto podíaconvertir el avión en una bola de fuego. La serie no esquiva ese cuadro: por el contrario, se detiene en el frío que cala los huesos, en el zumbido de los motores, en el silencio raro que se hace dentro del fuselaje cuando los artilleros ven acercarse a un Messerschmitt. Es, ante todo, una ficción de la altura, del vacío y de la espera.

  • Elenco protagónico: Austin Butler y Callum Turner, dos nombres jóvenes que vienen tomando peso en Hollywood con trabajos como Elvis y Masters of the Air.
  • Producción ejecutiva: Steven Spielberg, figura ineludible del cine bélico contemporáneo, vuelve a poner su firma en una historia de la Segunda Guerra, como ya hiciera con Salvar al soldado Ryan y con la propia Hermanos de sangre.
  • Creación y guion: John Shiban (Ozark) y John Orloff (Hermanos de sangre), una combinación que mezcla el suspenso del thriller con la sensibilidad por el soldado raso.
  • Unidad retratada: el 100º Grupo de Bombardeo de la Octava Fuerza Aérea, conocido como Bloody Hundredth, que operó desde bases en Inglaterra y sufrió pérdidas enormes en sus formaciones sobre Alemania.
  • Formato: nueve episodios, con una narrativa que recorre tanto las misiones como la vida cotidiana de los hombres en la base, sus amores, sus miedos y las consecuencias de cada vuelo en sus cuerpos y en sus familias.

Porque Los amos del aire no se queda en el plano de la operación militar. La serie se ocupa también del después: de los hombres que fueron derribados y terminaron en campos de prisioneros, de los que volvieron con heridas que no se veían, de los que ya no volvieron. En eso se nota la mano de Orloff, esa voluntad de contar la guerra desde la trinchera y no desde el mapa del Estado Mayor. Hay un costado íntimo que asoma entre misión y misión, en los bares cerca de la base, en las cartas que se cruzan con novias y esposas, en los diálogos entre compañeros que saben que la lotería del próximo vuelo puede tocarlos a cualquiera. Es ahí, en esos intersticios, donde la serie encuentra su pulso humano y deja de ser un mero ejercicio de reconstrucción histórica para convertirse en un retrato de época.

Si me preguntan a quién se la recomiendo, les digo que se la recomiendo a quien guste de las ficciones largas, de esas que permiten tomarle el gusto a los personajes antes de mandarlos al frente. A quien le gusten las películas de Spielberg va a encontrar, sobre todo en los planos de combate, una puesta en escena que dialoga con Salvar al soldado Ryan y con La lista de Schindler, pero con la paciencia propia del formato serial. Y a quien se interesse por la historia de la aviación, le advierto que hay un trabajo de producción notable en la reconstrucción de los B-17 y en los detalles técnicos del vuelo en formación. Yo, que confieso una debilidad antiga por las historias de la Segunda Guerra contadas desde abajo, voy a verla episodio a episodio, sin apuro, dejándome llevar por el ronroneo de los motores y por la humanidad de estos muchachos que combatieron a una altura donde el cielo deja de parecerse al cielo. Ahí nos vemos.

SF
Silvia FerraroCultura y espectáculos

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