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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Bajar de peso no es solo cuestión de fuerza de voluntad: lo que la cabeza pide cuando el cuerpo no alcanza

La Organización Mundial de la salud, un metaanálisis de 37 estudios y especialistas en cardiología coinciden en que el acompañamiento psicológico cambia el resultado de los tratamientos. Genética, estrés, cansancio y entorno explican por qué dos personas con el mismo plan pueden tener destinos diferentes en la balanza.

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Hernán QuirogaSociedad y barrios · · 3 min de lectura
Bajar de peso no es solo cuestión de fuerza de voluntad: lo que la cabeza pide cuando el cuerpo no alcanza

Son las siete de la tarde en una esquina de Villa del Parque y Marta, que atiende un kiosco de golosinas y revistas, me dice mientras acomoda un tupper en la heladera que le presta el almacenero de enfrente: “Yo hago la dieta, la sostengo tres semanas y al mes siguiente vuelvo a empezar”. Me lo cuenta con la naturalidad de quien repite un libreto conocido, casi resignado, como si el cuerpo fuera una cosa y la cabeza otra. Esa distancia entre lo que una se propone y lo que efectivamente termina sosteniendo en el tiempo es, justamente, el nudo que la ciencia viene tratando de desatar hace años.

Porque bajar de peso, como tantas veces se repite desde la cultura del esfuerzo, no depende solamente de comer menos y moverse del sillón al gimnasio. En el medio hay hambre, hay descanso, hay estrés, hay estado de ánimo, hay genética y hay un entorno que empuja en una u otra dirección. Cuando un tratamiento se reduce a una planilla con verduras y caminatas y deja afuera los factores emocionales y conductuales, los resultados suelen ser difíciles de sostener. La frase es de la propia Organización Mundial de la Salud, que entiende la obesidad como el producto de la interacción entre una susceptibilidad biológica y las influencias ambientales y psicosociales que cada persona carga a cuestas.

Lo que dice la evidencia más reciente

Un metaanálisis que revisó 37 estudios, entre ellos 21 ensayos clínicos aleatorizados, encontró resultados favorables para las intervenciones psicológicas frente a los abordajes mínimos o habituales en el manejo del peso. La terapia de aceptación y compromiso fue la que mostró evidencia más consistente de eficacia en el seguimiento posterior a los 18 meses, según el trabajo publicado en Obesity Reviews. No se trata de reemplazar la dieta ni el ejercicio, sino de sumar un componente que trabaja con la forma en que cada uno se relaciona con la comida, con el permiso de fallar y con la manera de reconstruir el plan cuando algo se sale del libreto previsto.

  • La terapia de aceptación y compromiso mostró la evidencia más consistente en el seguimiento a más de 18 meses.
  • Los abordajes que suman trabajo psicológico obtuvieron mejores resultados que los planes convencionales solos.
  • La Organización Mundial de la Salud recomienda una atención multimodal, con equipo nutricional, médico, conductual y psicológico.
  • La Sociedad Europea de Cardiología plantea que el tratamiento requiere un abordaje prolongado, sostenido en el tiempo.

La genética, además, tiene un papel concreto que ayuda a entender casos reales de buena constancia. Ciertas variantes genéticas influyen en los mecanismos cerebrales que regulan el hambre y la saciedad, mientras que otras intervienen en el metabolismo, en la forma en que el cuerpo usa y almacena energía. Eso explica, en parte, por qué dos vecinos con planes alimentarios parecidos pueden terminar la balanza con destinos diferentes: no es un tema de voluntad, es un tema de biografía corporal.

También pesan el estado emocional y el nivel de cansancio. Ante un episodio de salirse del plan, una respuesta rígida —“ya fallé, no tiene sentido seguir”— puede generar la sensación de haber perdido el control por completo y derivar en una comida desinhibida. Una respuesta más flexible, en cambio, permite reconocer el episodio sin interpretarlo como el fin del proceso. Es una diferencia sutil, casi deManual de cabecera, pero que en la práctica puede cambiar el resto de la semana.

La Sociedad Europea de Cardiología lo plantea en términos similares: el tratamiento de la obesidad necesita un abordaje prolongado que combine alimentación, actividad física y aspectos psicológicos, orientado a cada persona y sostenido en el tiempo. Volví al kiosco de Marta, dos días después, y la encontré con la planilla nueva pegada en la heladera. Esta vez, me dijo entre risas, “voy a ir a hablar con alguien, porque la cabeza también hace dieta”.

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Hernán QuirogaSociedad y barrios

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