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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Chacras de Coria, el pueblo que aprendió a recibir y ahora no quiere dejar ir a nadie

A quince kilómetros del centro mendocino, el distrito reúne hoteles boutique, llaves Michelin, vinos de autor y un festival de música electrónica que cambió el perfil del visitante durante todo el año.

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Hernán QuirogaSociedad y barrios · · 3 min de lectura
Chacras de Coria, el pueblo que aprendió a recibir y ahora no quiere dejar ir a nadie

Me acuerdo de la primera vez que pasé por ahí, hace ya varios años, cuando todavía era apenas una parada obligatoria para cargar nafta o comer un sándwich antes de seguir hacia una bodega perdida en el medio de los viñedos. Era un pueblo con olor a jarilla y a pan recién hecho, con las veredas todavía sin terminar y unos cuantos viejos sentados en la puerta de sus casas viendo cómo la vida pasaba sin apuro. Hoy, cada vez que vuelvo, me pasa lo mismo: me quedo un rato de más, doy una vuelta de más, y me voy prometiéndome que la próxima va a ser para quedarse a dormir. Es que Chacras de Coria, ese distrito que vive dentro del departamento de Luján de Cuyo, a unos quince kilómetros del microcentro mendocino, dejó hace rato de ser un lugar de paso y se convirtió en un destino completo, de esos a los que uno llega sin tener muy claro qué vino a buscar y termina encontrando, sin exagerar, un poco de todo.

Hoteles, llaves y una cocina que mira a la cordillera

La transformación se nota en los números, pero también, y sobre todo, se nota caminando por sus calles arboladas. Según los datos que maneja la dirección de Turismo municipal, en la zona funcionan hoy alrededor de 30 hoteles y lodges vitivinícolas, y cerca de 40 restaurantes, bares y espacios nocturnos. Lo más llamativo es el ritmo al que se siguió construyendo en los últimos años: aproximadamente un tercio de esos alojamientos abrió entre 2023 y 2026, una cifra que da cuenta de una apuesta privada que no paró de crecer ni siquiera cuando el contexto económico invitaba a frenar.

A esa oferta se le sumó, este año, un reconocimiento internacional que para cualquier destino gastronómico es equivalente a sacarse la lotería: dos establecimientos de Chacras de Coria recibieron Llaves Michelin en 2026, se trata de Susana Balbo Winemaker's House y Lares de Chacras, y otros dos hoteles distinguidos por la misma guía, Awasi Mendoza y Chozos Resort, también operan dentro de Luján de Cuyo, lo que termina de confirmar a la zona como una de las plazas hoteleras y culinarias más firmes del país.

  • La cocina prioriza productos regionales: aceite de oliva, carnes, trucha, vegetales y frutos secos, siempre con Malbec, vermut y espumantes mendocinos como compañía.
  • Daukos, abierto a principios de 2026 dentro del Hotel Boutique La María, en Darragueira 1551, trabaja con apenas 44 cubiertos y una carta de 400 etiquetas de vinos. Su menú incluye pulpo, merluza negra, risotto de hongos y sushi de atún rojo.
  • Los mismos responsables de Daukos manejan Chirivia, en Potrerillos, un restaurante itinerante con menú de diez pasos, aforo limitado y vista al dique, a 57 kilómetros por la ruta nacional 7.
“El visitante tradicional que tenemos tiene entre 30 y 65 años y llega desde Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Brasil, Chile, Estados Unidos y Europa. La permanencia habitual ronda las dos a cuatro noches, aunque la diversidad de propuestas permite estirar la estadía.”Rodolfo Benítez, director de Turismo de Luján de Cuyo

Música electrónica y un perfil de visitante que se amplió

A esa arquitectura clásica del turismo mendocino, basada en bodegas, almuerzos largos y siestas bajo los parrales, se le fue sumando en los últimos años una camada nueva de propuestas que cambió para siempre el perfil del que llega. El caso testigo es el Sunsetstrip que organiza Hernán Cattáneo cada diciembre, un festival que mueve miles de personas desde distintos puntos del país y del exterior y genera picos de ocupación que los hoteleros ya marcan en el calendario con marcador rojo, como me confirmó Raúl, que atiende la recepción de un lodge sobre la calle San Martín y que ya sabe que, cuando llega esa fecha, no le queda ni una habitación libre ni una hora para sentarse a charlar. Junto al público del festival, que es más permeable a la vida nocturna, la gastronomía de autor y los deportes outdoor, se completó un mosaico de visitantes que, según los propios actores del sector, le dio al pueblo una vitalidad que antes sólo aparecía dos o tres meses al año.

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Hernán QuirogaSociedad y barrios

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