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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Cinco creencias que todavía nos juegan en contra cuando hablamos del corazón

Un cardiólogo de Cleveland Clinic repasó los errores más frecuentes sobre quiénes corren riesgo y en qué momento conviene actuar. La advertencia llega en un contexto donde las enfermedades cardiovasculares causan casi un tercio de las muertes en el mundo.

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Hernán QuirogaSociedad y barrios · · 4 min de lectura
Cinco creencias que todavía nos juegan en contra cuando hablamos del corazón

Eran cerca de las nueve de la mañana en la esquina de Boyacá y Avenidaellan, en pleno barrio de Flores, cuando me crucé con Patricia, que volvía de comprar el pan. Me dijo, mientras acomodaba la bolsa, que ella nunca se había hecho un chequeo de presión porque, total, en la familia los hombres eran los que terminaban con problemas del corazón. Le conté lo que había leído esa semana y se quedó callada, con una expresión que me confirmó algo que sospechaba: todavía circulan con fuerza varias creencias equivocadas sobre el corazón que pueden terminar costándonos muy caro.

El tamaño del problema

Para dimensionar de qué hablamos, vale un número que publicó la Organización Mundial de la Salud: en 2022, las enfermedades cardiovasculares se cobraron 19,8 millones de vidas en el mundo, lo que equivale al 32 por ciento del total de muertes registradas en el planeta. Es decir, casi una de cada tres personas que fallecieron ese año perdieron la vida por algún problema del corazón o de los vasos sanguíneos. Y aun así, seguimos creyendo cosas que no son ciertas sobre este tema.

Sobre eso conversé con el material que reproduce lo explicado por Luke Laffin, cardiólogo de la prestigiosa Cleveland Clinic, que repasó cinco mitos que todavía están instalados en la cabeza de mucha gente y que pueden tener consecuencias concretas sobre la salud. Uno por uno, los repito acá, con mis palabras, como se los fui contando a Patricia en la vereda.

Los cinco mitos, punto por punto

  • Pensar que el corazón es un tema de hombres. Laffin lo dijo de manera directa: el corazón no discrimina por sexo. Las mujeres tienen factores de riesgo propios, como la menopausia, el uso de anticonceptivos orales y ciertas complicaciones durante el embarazo. Además, suele pasar que sus controles quedan postergados frente al trabajo, los hijos y la casa, y eso retrasa diagnósticos que podrían llegar a tiempo.
  • Creer que recién después de los cincuenta hay que empezar a ocuparse. Las alteraciones en arterias y vasos sanguíneos pueden empezar a gestarse a los veinte, a los treinta o a los cuarenta años, muchas veces sin dar señales. La predisposición genética al colesterol alto o a la hipertensión puede estar presente desde edades tempranas, y por eso los análisis de sangre y los chequeos regulares no son algo que deba esperar a la mediana edad.
  • Suponer que los antecedentes familiares loan todo. Tener padre, madre o abuelos con problemas cardíacos aumenta el riesgo, pero no lo vuelve inevitable. Una alimentación saludable, al menos 150 minutos semanales de actividad física moderada, dejar de fumar y moderar el consumo de alcohol son medidas que bajan de manera concreta esa probabilidad. Cuando los cambios de hábito no alcanzan, existen medicamentos seguros para controlar la presión arterial y el colesterol.
  • Confundirse porque uno se siente bien. La enfermedad coronaria avanza de forma lenta y silenciosa, y tanto la hipertensión como el colesterol elevado generalmente no producen síntomas. En algunos casos, el primer aviso es un infarto o un accidente cerebrovascular. Por eso, las consultas anuales con el médico de cabecera y los análisis periódicos son la única manera de seguir la evolución de esos indicadores antes de que se conviertan en una urgencia.
  • Asumir que el deterioro cardiovascular es un paso inevitable de la edad. Laffin insistió en que, si bien el riesgo aumenta con los años, buena parte de lo que se deteriora se puede prevenir o frenar con controles a tiempo, tratamiento adecuado y hábitos sostenidos.

Mientras le iba explicando todo esto, Patricia me escuchaba con el pan bajo el brazo y cara de quién se da cuenta de que algo tiene que cambiar. Me dijo que el lunes iba a sacar turno para un control general, y que iba a llamar a su hermana, que tiene cincuenta y dos años y nunca se midió el colesterol. Cuando me fui caminando por la vereda, pensé que esa era, justamente, la mejor traducción posible de lo que había leído: una charla de cinco minutos en la esquina de un barrio puede rendir más que años de silencio.

Qué hacer, en concreto

La recomendación que une a los cinco puntos es bastante sencilla de explicar, aunque no tan fácil de cumplir: conocer los propios factores de riesgo y conversarlos con un médico de cabecera. Si la situación lo requiere, ese profesional puede derivar a cardiología. No hace falta esperar a tener un síntoma ni a cumplir una cierta edad. Como me dijo Patricia antes de despedirse, con una mezcla de alivio y vergüenza: a veces lo que nos falta no es plata ni tiempo, sino alguien que nos cuente cómo funcionan las cosas.

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Hernán QuirogaSociedad y barrios

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