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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Cincuenta salidas, una gala y la posibilidad de comprar alta costura en el mismo viaje

El diseñador Laurencio Adot presentó "Raíces del corazón" en Puerto Madero, dentro de la gala anual de la Fundación Paolini. Bordados a mano, sedas nobles y la particularidad de que cada vestido podía comprarse ni bien bajaba de la pasarela.

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Hernán QuirogaSociedad y barrios · · 3 min de lectura
Cincuenta salidas, una gala y la posibilidad de comprar alta costura en el mismo viaje

El jueves a la noche, cuando todavía quedaba algo de sol sobre los edificios de Puerto Madero, me acerqué hasta el Alvear Icon Hotel para ver de cerca lo que Laurencio Adot venía preparando desde hace meses. La excusa formal era la gala anual de la Fundación Paolini, que cumplió siete años, pero la verdadera atracción estaba en la pasarela: cincuenta salidas con un mismo hilo conductor, presentadas en sociedad y, a la vez, puestas a la venta en el mismo momento. Una rareza para el circuito local de la alta costura, donde lo habitual es mostrar primero y habilitar la compra mucho después.

Adot definió la colección como "Raíces del corazón" y la pensó para la temporada primavera-verano 2026/27. La progresión cromática fue de lo más claro de la noche: arrancó con vestidos en naranjas y turquesas vibrantes y, a medida que avanzaba el desfile, la paleta fue virando hacia plateados y dorados, hasta cerrar con las piezas más cargadas de bordados y aplicaciones realizadas a mano. Thiago Pinheiro acompañó a Adot como embajador de la velada, y la elección del marco solidario no fue casual: la fundación que preside su familia es una de las que más trabaja con comedores y merenderos en zonas vulnerables del conurbano bonaerense.

La técnica, el detalle y el mercado

Los vestidos largos fueron el corazón de la propuesta. Las siluetas se repitieron estilizadas y con faldas rectas, y lo que varió fueron los escotes: strapless, asimétricos, halter. Para mover esas telas como si pesaran nada, el diseñador apeló a gasa de seda, chiffon, seda natural y shantung, todo trabajado en talleres argentinos. Eso, que a veces pasa desapercibido, vale la pena subrayarlo: en un mercado acostumbrado a importar piezas prêt-à-porter, esta colección se hizo entera en el país.

  • Cincuenta salidas, con bordados y aplicaciones hechas a mano en cada pieza del cierre.
  • Paleta progresiva: arrancó en naranjas y turquesas y terminó en plateados y dorados.
  • Siluetas estilizadas y faldas rectas, con escotes que iban del clásico strapless al halter asimétrico.
  • Telas nobles: gasa de seda, chiffon, seda natural y shantung, todas trabajadas en Argentina.
  • Al bajar de la pasarela, las prendas quedaron habilitadas para la venta; varias se vendieron esa misma noche.

El momento más emotivo de la noche llegó con la salida final. Elina Costantini fue la elegida para cerrar el desfile con un vestido pensado como homenaje a Arlete Pinheiro de Azevedo, la hermana de Thiago, fallecida en los últimos meses. Allegra Cubero, en tanto, abrió la pasarela en lo que fue su debut absoluto, mientras que Barbie Simons participó a lo largo de toda la presentación, dándole continuidad a una propuesta que apostó por rostros conocidos del medio local. Cuando le pregunté a Adriana, una vecina de Belgrano que se acercó a ver el despliegue desde la puerta del hotel, qué le había parecido la movida, me respondió sin dudar: "Mirá, yo nunca me voy a poner un vestido de alta costura, pero me encanta saber que existe alguien que sigue cosiendo así, a mano, acá nomás. Eso ya es una forma de cuidarnos". Esa sensación, la de una artesanía que todavía se sostiene, fue probablemente lo que dejó la pasarela cuando se apagaron las luces.

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Hernán QuirogaSociedad y barrios

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