Lunes, 31 de agosto de 2026
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Cuando la billetera virtual se transforma en pesadilla: tasas, letra chica y un camino para salir del pozo

Los créditos de las plataformas digitales se multiplicaron al ritmo de la morosidad y ya hay familias neuquinas atrapadas en intereses que no paran de crecer. Organismos de defensa del consumidor alertan sobre cláusulas opacas y hostigamiento de las empresas de cobranza, y abren una puerta para refinanciar la deuda a una tasa fija del 35 por ciento anual.

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Hernán QuirogaSociedad y barrios · 30 DE AGO DE 2026 · 5 min de lectura

Son las diez de la mañana en el centro de Neuquén y en la esquina de la calle Buenos Aires todavía se escuchan los motores de los colectivos que largan pasajeros con el café en la mano. Entre ellos, reconoz a Jorge, del barrio Almafuerte, que me saluda con la sonrisa apretada de quien sabe que el mes no le va a cerrar. Hace seis meses pidió un préstamo chico en una billetera virtual para pagar la factura de la luz y, cuando quiso ver el saldo, lo que debía era casi el doble. Lo que en la pantalla aparecía como una solución rápida se le fue convirtiendo, palabra a palabra, en un dolor de cabeza que todavía no sabe cómo desatar.

La escena que cuenta Jorge no es un caso aislado. Los créditos que ofrecen las plataformas digitales crecieron en la Argentina al mismo ritmo que la morosidad, y las condiciones que se exhiben al momento de solicitarlos no siempre coinciden con lo que después termina cobrando el sistema. Para cuando el usuario se da cuenta de que la deuda se le fue de las manos, el monto original ya es otra cosa y regularizar la situación se vuelve una tarea casi imposible. Así lo advirtió Pablo Tomasini, titular de la Dirección de Protección al Consumidor, que no dudó en calificar a las tasas que aplican las fintech como casi usureras para los ciudadanos y en recordar que las condiciones contractuales no siempre están escritas de forma clara.

El mecanismo que se repite en los hogares

El esquema que describe Tomasini se repite con exasperante regularidad: la plataforma exhibe una tasa determinada, la letra chica suma cargos y condiciones que el usuario no lee o no termina de entender y, para cuando la persona quiere poner las cuentas en orden, la deuda original ya se transformó en una bola mucho más grande. Para peor, las familias llegan a ese crédito digital no porque les sobre el dinero ni porque quieran darse un gusto, sino porque los ingresos no les alcanzan para llegar a fin de mes y necesitan cubrir el alquiler, la luz o la comida.

“Esa deuda que era pequeñita se te va haciendo cada vez más grande producto de los intereses. Cuando te querés acordar, tenés un lío bárbaro.”Fernando Schpoliansky, secretario de Finanzas de la Municipalidad de Neuquén

Schpoliansky se encarga de poner sobre la mesa el trasfondo estructural del fenómeno: en los últimos años, los salarios, las jubilaciones y los ingresos de trabajadores independientes y pequeños comerciantes perdieron la carrera contra la inflación, y ese desfasaje empujó a miles de hogares a recurrir al crédito digital incluso para gastos básicos. El resultado es una trampa silenciosa: una deuda que empieza chica y termina enorme, mientras el índice de morosidad en la Argentina se ubica cerca del veinte por ciento, casi cinco veces el promedio de los países vecinos de la región, que rondan entre el cuatro y el cinco por ciento.

La puerta para salir del pozo

Para quienes ya están atrapados en esa espiral, existe una alternativa concreta que el organismo de defensa del consumidor suele recomendar. Se trata del Régimen Especial de Refinanciación de Deuda, una herramienta que ofrece préstamos de hasta cincuenta millones de pesos con una tasa fija anual del 35 por ciento, pensada para que las familias puedan salir del ciclo a un costo financiero razonable y dejar de acumular intereses sobre intereses.

“Es una tasa muy accesible, diría blandísima. La idea es que la gente pueda salir de la deuda sin que los intereses sigan acumulándose.”Pablo Tomasini, titular de la Dirección de Protección al Consumidor

Qué hacer frente al hostigamiento de las cobranzas

Desde la Dirección de Protección al Consumidor también llegan denuncias por hostigamiento de empresas de cobranza, una situación que se volvió moneda corriente cuando la deuda se estira en el tiempo. Tomasini fue claro al respecto: si una compañía contacta de manera reiterada, amenaza o propone condiciones que el deudor siente como abusivas, esa conducta no está permitida y la persona puede reunir capturas de pantalla como prueba para iniciar un reclamo formal. El organismo actúa frente a los incumplimientos de las plataformas, pero además insiste en la prevención: una vez que se sale del pozo, la recomendación es no volver a financiar gastos cotidianos con la billetera virtual.

  • No aceptar créditos de plataformas digitales para gastos básicos como alquiler, luz o comida.
  • Leer la letra chica antes de confirmar el préstamo y guardar una captura de las condiciones exhibidas.
  • Ante llamadas reiteradas, amenazas o condiciones abusivas, juntar capturas de pantalla como prueba.
  • Consultar en la Dirección de Protección al Consumidor por el Régimen Especial de Refinanciación de Deuda, con préstamos de hasta 50 millones de pesos y tasa fija anual del 35 por ciento.
  • Una vez refinanciada la deuda, evitar volver a financiarse con el celular y volver al uso de la billetera virtual solo como medio de pago.

Antes de irme de la esquina, le pregunto a Jorge qué va a hacer con la deuda que lo desvela. Me dice que esta semana se va a acercar a la oficina de Protección al Consumidor para ver si puede entrar en la refinanciación, aunque sea para volver a dormir tranquilo. Yo me quedo pensando que, mientras la inflación siga comiéndose los ingresos y las plataformas sigan ofreciendo plata fácil en la pantalla del celular, la letra chica va a seguir siendo el lugar donde se esconden las pesadillas de miles de familias neuquinas como la suya.

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Hernán QuirogaSociedad y barrios

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