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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Cuando la falta de aire deja de ser un trámite: la fibrosis pulmonar y la consulta que muchas veces se posterga

Una neumonóloga y una reumatóloga explican por qué el diagnóstico puede estirarse hasta dos años, qué señales deberían encender la luz de alarma y por qué hay enfermedades autoinmunes que dañan los pulmones en silencio, sin tos ni fatiga visible.

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Hernán QuirogaSociedad y barrios · · 4 min de lectura
Cuando la falta de aire deja de ser un trámite: la fibrosis pulmonar y la consulta que muchas veces se posterga

Son las nueve de la mañana en un café de Caballito y Beatriz, vecina del barrio desde hace treinta años, me cuenta que lleva un año diciéndole al médico que se ahoga cuando sube las escaleras. Al principio le restaron importancia por la edad, después por los nervios, después porque "será la presión". Lo que Beatriz no sabe todavía es que su caso, contado casi igual por decenas de pacientes en distintos puntos del país, es uno de los motivos por los que el diagnóstico de fibrosis pulmonar puede demorarse hasta dos años en la Argentina. No por desidia de los profesionales, aclaran los especialistas, sino porque las señales iniciales se confunden con el paso del tiempo, con el sedentarismo o con otras enfermedades mucho más frecuentes. De ahí la insistencia de los médicos en poner la lupa sobre esa mezcla de falta de aire progresiva y tos seca persistente que, aunque no prueba nada por sí sola, sí obliga a sentarse a estudiarla en serio.

El doctor Juan Ignacio Enghelmayer, neumonólogo del Hospital de Clínicas especializado en enfermedades pulmonares intersticiales, lo resume con una frase que escuché en varias conversaciones con colegas del sector: "En pacientes mayores de 60 años es muy común que cualquier disminución de la capacidad de esfuerzo se atribuya al envejecimiento, y eso muchas veces retrasa el diagnóstico". El especialista reconoce que la fibrosis es más frecuente después de los sesenta, pero advierte que la edad no normaliza la falta de aire. La fibrosis produce cicatrices permanentes en el tejido pulmonar, difíciles de revertir, y puede estar vinculada a enfermedades autoinmunes, a la inhalación de partículas en ciertos ambientes laborales o al uso prolongado de algunos medicamentos. Cuando los estudios no encuentran una causa clara, recibe el nombre de idiopática, una categoría que en la práctica no es un callejón sin salida sino un punto de partida para definir controles y tratamientos.

Señales que no conviene dejar para mañana

  • Falta de aire que aparece ante esfuerzos mínimos o que empeora en pocos días: requiere consulta urgente.
  • Tos seca persistente, sobre todo si se prolonga más de ocho semanas sin una causa clara.
  • Sensación de que actividades cotidianas, como caminar dos cuadras o cargar una bolsa, se vuelven cada vez más costosas.
  • Ruidos finos al respirar, comparables por los médicos con el sonido del velcro, perceptibles en la auscultación.
  • Antecedentes de enfermedades autoinmunes, exposición laboral a polvos o uso de ciertos fármacos, que obligan a un seguimiento más estricto.

Para llegar al diagnóstico, el equipo médico revisa los antecedentes del paciente, las exposiciones ambientales y los resultados de estudios respiratorios funcionales. La tomografía de alta resolución es la herramienta que mejor muestra las cicatrices en el pulmón. En la consulta, la auscultación puede sumar un dato clave: un ruido particular, similar al del velcro, que el médico entrenado identifica como una pista para pedir los estudios correspondientes. No alcanza, por supuesto, con un síntoma aislado: lo que cambia el rumbo es la combinación de signos, los antecedentes y las imágenes.

La situación se vuelve especialmente delicada cuando la fibrosis aparece como complicación de una enfermedad autoinmune. La doctora Fabiana Montoya, jefa de Reumatología del Hospital Ramos Mejía, me explicó que en esclerosis sistémica la evaluación pulmonar debe hacerse desde el mismo momento del diagnóstico, sin esperar a que aparezcan molestias respiratorias. En artritis reumatoidea, en cambio, la búsqueda se concentra en los pacientes que ya acumulan factores de riesgo, como el tabaquismo o determinados anticuerpos. La especialista compartió un dato que me dejó pensando: en una cohorte argentina en la que participó, el 35 por ciento de los pacientes con enfermedad pulmonar intersticial asociada a autoinmunidad no tenía síntomas respiratorios. Y dentro de ese grupo silencioso, el 40 por ciento ya mostraba una afectación extensa en la tomografía.

“Cuando terminé la charla con la doctora Montoya volví a pensar en Beatriz, la vecina de Caballito que me describió su falta de aire como "algo normal a los 67". La conversación con los especialistas deja una enseñanza que vale la pena repetir: la edad alcanza para explicar muchas cosas, pero no para normalizar la falta de aire ni para aplazar indefinidamente una consulta. Si el cuerpo cambia y la respiración se vuelve un trámite cuesta arriba, el primer paso es pedir que alguien lo estudie en serio. Dos años, me dicen los médicos, es un tiempo que estas enfermedades suelen ganar cuando uno decide que la fatiga "ya va a pasar".”Hernán Quiroga, Sociedad y barrios

La fibrosis pulmonar no es una sentencia única ni un destino igual para todos los pacientes. Con tratamientos cada vez más específicos, con controles periódicos y con un diagnóstico a tiempo, la evolución puede ser muy distinta a la de hace una década. Por eso, tanto los neumonólogos como los reumatólogos insisten en algo que parece elemental y, sin embargo, se repite en la consulta: escuchar el cuerpo, no minimizar lo que cambia, y llevar cada duda al consultorio antes de que el silencio se vuelva una cicatriz más.

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Hernán QuirogaSociedad y barrios

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