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Sábado, 17 de octubre de 2026
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Daniel y los superhéroes que nacieron en una hoja de papel: la primera muestra de un dibujante de Aluminé que no sale de su casa

A los 39 años, este vecino que dibuja desde chico y al que casi nadie conocía fuera del círculo familiar llevó sus personajes de animé y videojuegos a la Casa de la Cultura. La instalación invita a caminar, mirar desde varios ángulos y descubrir a Goku como nunca lo habían visto en el pueblo.

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Hernán QuirogaSociedad y barrios · · 3 min de lectura
Daniel y los superhéroes que nacieron en una hoja de papel: la primera muestra de un dibujante de Aluminé que no sale de su casa

Cielo gris, viento de la cordillera y la Casa de la Cultura de Aluminé con las luces prendidas hasta tarde. En una de las salas, colgados a distintas alturas, unos dibujos miran de frente a quien se acerca: son los personajes que Daniel Lefiman, un vecino del pueblo de 39 años, fue armando durante años en hojas de cuaderno, casi siempre para regalar. Esta vez, por primera vez, no terminaron en la mesa de un familiar o en la mano de un amigo: están ahí, en una muestra abierta al público hasta el 2 de octubre.

Lo que se ve en las salas es, en buena parte, un mundo que muchos lectores reconocerán de memoria: el del animé y los videojuegos. Daniel encuentra buena parte de sus referencias en Dragon Ball Z y dibuja especialmente a Goku, pero también toma ideas de Pokémon y de Los Caballeros del Zodiaco. Para trabajar, elige imágenes que conserva en su teléfono y las lleva al papel, con una atención casi obsesiva al detalle y a la selección de colores. La música, mientras tanto, va sonando de fondo: «A veces escucho música mientras dibujo», cuenta él, con esa mezcla de timidez y orgullo que se le nota cuando habla de lo que hace.

Una instalación para caminar, no para mirar de paso

La muestra no es una sucesión de cuadros pegados a la pared. Los trabajos están dispuestos para observarse desde diferentes ángulos, en una instalación que invita a desplazarse y a explorar distintas perspectivas, como si uno pudiera darle la vuelta a cada personaje. En el montaje participó Marcos Quiroga, artista local y cuidador de Daniel, que lo ayudó a seleccionar las obras, revisar las nuevas y cumplir con los plazos. Marcos ya lo conocía de memoria: fue él quien, después de pintar juntos un mural en la casa de Daniel, vio los dibujos guardados y le propuso sumarse a la exposición. Aceptar fue, para Daniel, cruzar una puerta que durante décadas había quedado entreabierta.

Porque la historia de estos dibujos arranca mucho antes de la inauguración. Daniel dibuja desde la infancia. Hasta ahora, sus trabajos circulaban sobre todo entre familiares y amigos, a quienes solía regalárselos sin pensar demasiado en conservarlos. «Yo siempre dibujé, lo que pasa es que no lo había sacado así», resume con una frase que, en pocas palabras, dice todo lo que cambió en estas últimas semanas.

Lo que dejó la muestra, adentro y afuera de las salas

  • En lo personal, sostener por primera vez un proyecto con fecha fija y público: a los estudiantes de por primera vez, con plazos que él mismo y los que lo rodean aprendieron a respetar.
  • Para la asociación ACADA de la gente, una de las que lo acompaña en su vida cotidiana, la experiencia sirvió para que Daniel gane seguridad en otros espacios y se anime a nuevos desafíos.
  • Para el pueblo, la oportunidad de conocer de cerca a un dibujante que siempre estuvo ahí, pero al que muy pocos habían visto trabajar con esta seriedad.

Daniel tiene 39 años y dibuja desde la infancia. Hasta esta experiencia, sus trabajos circulaban principalmente entre familiares y amigos, a quienes solía regalárselos. En su vida cotidiana cuenta con acompañamiento familiar, un cuidador y el apoyo de ACADA, una asociación civil de Aluminé que trabaja con personas con discapacidad. Cecilia, su presidenta, cuenta que preparar la muestra le permitió sostener una tarea con plazos y ganar seguridad en otros espacios, algo que a veces parece pequeño pero que, en la vida de una persona, pesa como una mudanza.

La visita a la Casa de la Cultura ofrece, en definitiva, una oportunidad concreta: conocer esas producciones, recorrer el montaje del que participó su autor y, sobre todo, cruzar un rato con Daniel. «A mí me gusta dibujar todo lo que puedo», insiste él cada vez que le preguntan por qué se sentó a hacerlo. La muestra es, en cierto modo, la respuesta: lo que puede un dibujante de toda la vida cuando alguien le abre, por fin, una sala entera para que lo vea el pueblo entero.

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