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Sábado, 17 de octubre de 2026
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El acoso escolar se muda al celular y deja a los chicos sin un lugar donde refugiarse

Un documento de la Sociedad Argentina de Pediatría advierte que el bullying y el ciberbullying se volvieron una misma continuidad: lo que empieza en el aula termina en grupos de WhatsApp, redes y videojuegos, y se mete en la pieza del chico a cualquier hora. Familias, escuelas y equipos de salud, los destinatarios del llamado.

EC
Emanuel CastilloEducación y universidad · · 4 min de lectura
El acoso escolar se muda al celular y deja a los chicos sin un lugar donde refugiarse

Emanuel Castillo, Educación y universidad. El acoso escolar ya no se detiene cuando suena el timbre. Una agresión que arranca en el recreo puede continuar esa misma tarde en un grupo de WhatsApp, escalar en redes sociales durante la noche y volver con el chico al aula a la mañana siguiente, sin que haya habido un solo momento de pausa. Esa continuidad entre el patio y la pantalla es el eje del nuevo documento de la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP), elaborado por ocho de sus comités y subcomisiones especializadas, que pone en primer plano un fenómeno cada vez más visible en las consultas pediátricas: la fusión entre el bullying tradicional y el ciberbullying.

¿Qué cambia cuando el acoso se mete en el celular?

Para la SAP, el punto central es que se rompió el último refugio que tenían los chicos. Volver a casa solía ofrecer un corte, un espacio donde el mal trago del día se podía procesar en silencio. Con el celular encendido hasta tarde y el acceso casi permanente a grupos y redes, ese límite se disuelve: las burlas, los mensajes de odio o la exposición de imágenes pueden llegar a cualquier hora y mantener al alumno bajo presión incluso en la pieza.

“Antes, volver a casa podía ofrecer una pausa y un espacio de resguardo frente a estas situaciones de acoso. Con el acceso casi permanente al celular, ese límite se vuelve cada vez más difuso: los mensajes, las burlas o la exposición pueden llegar a cualquier hora y extender la situación más allá de la escuela, lo que amplifica su impacto y en consecuencia el daño.”Silvina Pedrouzo, presidenta de la Subcomisión de Tecnologías de la Información y la Comunicación de la SAP

¿Cómo se manifiesta el ciberbullying hoy?

  • Mensajes de odio y burlas en chats y redes.
  • Acoso sostenido a través de múltiples canales.
  • Votaciones para humillar a un compañero.
  • Perfiles falsos y suplantación de identidad.
  • Difusión no consentida de información privada.
  • Exclusión deliberada de grupos.
  • Manipulación de fotos, videos y memes.
  • Edición y viralización de contenidos con herramientas de inteligencia artificial.

¿Cuándo se trata de bullying y cuándo no?

El documento de la SAP insiste en una definición que muchos adultos dan por sabida y pocos aplican. No toda discusión ni todo cruce agresivo entre compañeros es bullying: para que lo sea, tienen que darse tres condiciones juntas. Si falta alguna, estamos frente a otro problema, y el abordaje cambia. La diferenciación es clave para no patologizar conflictos comunes ni minimizar situaciones graves.

  • Intención clara de causar daño.
  • Repetición en el tiempo, no un hecho aislado.
  • Desequilibrio de poder real que impide a la víctima defenderse o cortar la situación.

¿Qué le pasa al cuerpo y a la cabeza de un chico acosado?

La extensión permanente del acoso tiene un costo que los pediatras empiezan a registrar en consultorios de todo el país. No se trata solo de malestar emocional: la SAP enumera un abanico de consecuencias que van de lo físico a lo psicológico, alimentadas por la falta de descanso y por la imposibilidad de bajar la guardia aun en casa.

  • Dolores físicos recurrentes sin causa médica clara.
  • Alteraciones del sueño, con insomnio o pesadillas.
  • Ansiedad y cuadros depresivos.
  • Baja autoestima y aislamiento.
  • Malestar que se traslada al rendimiento escolar.

¿Quiénes tienen que hacerse cargo y qué le toca a cada uno?

La SAP advierte que el bullying es un fenómeno grupal y, por eso, la solución no puede recaer sobre el chico hostigado. La responsabilidad se distribuye entre distintos actores, y cada uno tiene un rol específico que no se puede delegar.

  • Familias: estar atentas a cambios de ánimo, sueño o conducta, y acompañar sin minimizar ni resolver por el chico.
  • Escuelas: sostener protocolos claros, intervenir de oficio y trabajar con los grupos, no solo con la víctima.
  • Equipos de salud: detectar señales tempranas, acompañar a las familias y articular con la escuela.
  • Compañeros que observan: dejar de ser testigos pasivos y sumar a la denuncia y al cuidado.

¿Qué le falta al sistema para responder a este acoso sin pausa?

El documento de la SAP deja en evidencia un vacío que la Argentina todavía no terminó de resolver: la falta de protocolos unificados y obligatorios en las escuelas para actuar frente al ciberbullying, sumada a la casi nula regulación de las plataformas sobre los contenidos generados por menores. Mientras el aula y el celular funcionan como un solo territorio, las políticas de cuidado siguen pensadas por separado, y eso es lo que las familias y los docentes sienten cuando un caso se desborda. La próxima frontera, según la entidad, pasa por capacitar a los adultos, actualizar los reglamentos de convivencia y entender que, para muchos chicos, ya no hay hora ni lugar en los que el acoso se detenga.

EC
Emanuel CastilloEducación y universidad

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