El asma se ensaña con las mujeres adultas: cuando las hormonas complican la respiración
Después de la pubertad la ecuación cambia: las pacientes con asma enfrentan más crisis, más internaciones y un control más difícil. Un recorrido por lo que dicen los estudios recientes sobre el peso del estrógeno, la progesterona y las distintas etapas hormonales.

Son las siete de la tarde en el barrio de Caballito y todavía hay sol dando de lleno contra las persianas del consultorio de la doctora Mariana Ledesma, médica neumonóloga con más de veinte años de atender pacientes en la Ciudad de Buenos Aires. Mientras ordena una historia clínica me cuenta, sin levantar la vista, lo que repite casi todos los días en su consultorio: que el asma no es la misma enfermedad en un varón de ocho años que en una mujer de cuarenta, y que esa diferencia, que durante mucho tiempo quedó afuera de las conversaciones, hoy empieza a ocupar el centro de la escena médica. 'Yo lo veo en el consultorio -me dice mientras firma una receta-: las mujeres adultas llegan con el pecho más apretado, vuelven más seguido a la guardia y necesitan ajustes de medicación que a los varones casi no les hago'. Mariana asiente con la cabeza cuando le comento lo que dicen los papers internacionales. 'No es una sensación clínica, es lo que muestran los números', le respondo, y ella levanta por primera vez los ojos del escritorio y me mira como pidiendo que siga.
Después de la pubertad, todo cambia
Hasta la pubertad, los varones son los que más asma tienen. A partir de la primera menstruación, la tendencia se da vuelta: en la adultez las mujeres concentran mayor prevalencia, más consultas en guardia y más internaciones. Un análisis publicado en 2025 en la revista BMC Pulmonary Medicine, a partir de los datos del estudio Global Burden of Disease 2021, calculó que en el mundo había 260 millones de personas con asma durante ese año, y que la carga de la enfermedad recae de manera creciente sobre la población femenina adulta. Lo que durante décadas fue leído como una rareza estadística empieza a tener nombre y apellido dentro de los papers especializados: sexo hormonal.
Qué pasa adentro de las vías respiratorias
La diferencia entre varones y mujeres no tiene una causa única. Un estudio publicado en The Journal of Allergy and Clinical Immunology, encabezado por Dawn C. Newcomb de la Universidad Vanderbilt, analizó células de pacientes con asma grave y encontró que el estradiol y la progesterona, las dos hormonas que dominan buena parte de la vida hormonal femenina, pueden aumentar la producción de IL-17A, una proteína vinculada a procesos inflamatorios en las vías respiratorias. El mismo trabajo detectó mayor actividad de células del sistema inmunitario llamadas TH17 en mujeres con asma grave respecto de varones con el mismo diagnóstico. El equipo fue claro en sus limitaciones: el grupo estudiado fue chico y parte del análisis se hizo en modelos animales, así que el hallazgo no prueba causalidad directa ni puede extrapolarse linealmente a todas las pacientes. En la misma línea, Patricia Silveyra, investigadora de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Indiana, explicó que no se trata de genes completamente distintos entre mujeres y varones. Un mismo gen puede comportarse de manera diferente según el sexo, en interacción con el ambiente hormonal y con factores externos como la contaminación, el tabaquismo y el peso corporal.
Ciclo menstrual, embarazo y menopausia: el asma como termómetro hormonal
Lo que cuentan las pacientes en el consultorio empieza a tener correlato en la literatura. Algunas mujeres notan que el asma se descontrola en los días previos o durante la menstruación. Una revisión sobre asma premenstrual estimó que hasta un cuarenta por ciento de las pacientes podría percibir variaciones ligadas al ciclo, aunque los estudios disponibles todavía no permiten cerrar una cifra definitiva. La hipótesis más fuerte apunta a las oscilaciones de estrógeno y progesterona en la etapa premenstrual, que pueden aumentar la inflamación bronquial y la sensibilidad de las vías aéreas. Durante el embarazo, la evolución tampoco es lineal: la descripción clínica clásica indica que alrededor de un tercio de las embarazadas con asma empeora, otro tercio se mantiene estable y el resto mejora, un escenario que vuelve al seguimiento un ejercicio de prueba y error, con controles periódicos y ajustes frecuentes de medicación. La menopausia suma otra capa: con la caída de las hormonas sexuales, el cuadro puede modificarse nuevamente, y varias pacientes reportan cambios en la frecuencia de las crisis que todavía están bajo estudio. La genética, el peso corporal y la exposición ambiental, sobre todo al smog y al humo de cigarrillo, completan el combo de variables que pueden empujar la balanza hacia un asma más rebelde.
- Hasta la pubertad, el asma es más frecuente en varones; a partir de ahí la prevalencia se invierte y pasan a encabezar el ranking las mujeres adultas.
- Las hormonas sexuales femeninas, principalmente estradiol y progesterona, pueden aumentar la inflamación de las vías respiratorias y la producción de IL-17A.
- Hasta un cuarenta por ciento de las mujeres con asma podría notar cambios en los síntomas ligados al ciclo menstrual, según una revisión especializada.
- Durante el embarazo, la enfermedad se comporta de manera variable: un tercio de las pacientes empeora, otro tercio se estabiliza y el resto mejora, según la descripción clínica clásica.
- Genética, peso corporal, contaminación y exposición al humo de cigarrillo se suman a las hormonas como factores que complican el control del asma en mujeres.
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